El contexto de la elección a gobernador está marcada por hechos indiscutibles: una crisis de los partidos políticos y sus coaliciones que los volvieron altamente competitivos y ganadores en los procesos electorales recientes; tendencia favorable hacia MORENA para erigirse como partido triunfador y; procesos internos desgastantes de los partidos políticos para definir alianzas y posibles candidatos.
En esta tesitura MORENA se ve inmersa en una lucha intestina por definir el candidato que tendrá las mejores condiciones político electorales para ganar, si bien es cierto que mediáticamente se ha señalado que los aspirantes principales tienen un pasado vinculado al PRI, ello no los imposibilita para contender.
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No existe estatutariamente articulado alguno que defina a MORENA como un partido de izquierda o más precisamente con algún adjetivo como el ser de la “izquierda marxista o de la izquierda histórica” en México. Señala muy puntualmente que MORENA es un partido político de hombres y mujeres libres de México que luchan por la transformación pacífica y democrática de nuestro país.
Analistas del partido MORENA han puesto atención a su definición ideológica para señalar inconsistencias o incongruencias en relación a su vida interna fundada en sus Estatutos, contrastando los perfiles o desempeño y prácticas políticas con el prototipo de militante definido en sus estatutos donde se puede resaltar que MORENA se organizara teniendo como objetivo, entre otros, “la búsqueda de la erradicación de la corrupción y los privilegios a que se han asociado de manera dominante los cargos públicos y la representación política; que no los mueva la ambición al dinero, ni el poder para beneficio propio; que busquen siempre causas más elevadas que sus propios intereses, y que llegar al poder sólo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás.
Por tanto estatutariamente se puntualiza que no se puede permitir “ninguno de los vicios de la política actual: el influyentismo, el amiguismo, el nepotismo, el patrimonialismo, el clientelismo, la perpetuación en los cargos, el uso de recursos para imponer o manipular la voluntad de otras y otros, la corrupción y el entreguismo”.
Es conocido que al seno de MORENA, coexisten militantes formados en las filas de la izquierda marxista ortodoxa y radical, también de quienes se autodefinen como demócratas progresistas, líderes de movimientos sociales, también de quienes defienden los valores de la democracia liberal, socialdemócratas, liberales sociales, neomarxistas, laicos y aquellos que profesan la libertad de creencias religiosas. Nutren también sus filas los considerados “arribistas, oportunistas, tránsfugas” que abandonaron el PRI, PAN, PRD y demás franquicias remedos de verdaderos partidos políticos.
En esta heterogeneidad de militantes con orígenes ideológicos contrapuestos en momentos históricos y hoy convergentes, lo más probable es que la izquierda o militante ideológicamente formado en la izquierda NO gobierne puebla. Con el triunfo de MORENA, se impondrá el realismo y pragmatismo político “se hace política con lo que se tiene, no con lo que se quiere”.
Valgan estos comentarios para reflexionar sobre las diversas posturas respecto de los antecedentes históricos del uso de la palabra izquierda.
En una entrevista realizada al historiador de la Universidad de Harvard John Womack, subestimó el triunfo del presidente Andrés Manuel López Obrador porque dijo que era un político que había emanado del PRI y que no representaba a la izquierda histórica y quienes votaron por él, son una “mezcla de elementos idealistas y seguidores devotos…de un líder carismático”, que los únicos que merecen la etiqueta de izquierda son los comunistas mexicanos, poseedores de una izquierda marxista, pues los partidos de oposición en nuestro país que se dicen de izquierda, sólo son partidos que han sido hechos a semejanza del PRI, de ahí que la victoria del AMLO, se debiera a que ni el PRI ni el PAN pudieron enfrentarlo y porque la gente tuvo y tiene la esperanza que el gobierno actual realice reformas sólidas y adecuadas, obviamente en beneficio de la población. En suma, para John Womack, con AMLO gano la izquierda del PRI y no la izquierda histórica, morena se convertirá en un nuevo PRI, para este historiador no hay izquierda fuera del marxismo, la izquierda no es izquierda a menos que sea marxista.
Sobre la opinión de este investigador de Harvard, podríamos decir que la izquierda en México efectivamente ha tenido un problema de conceptualización e identidad, pues quienes se concibieron como de izquierda a partir de la década de los 80´s fue para referirse a su inconformidad porque dentro del PRI no encontraron los respaldos necesarios para ser candidatos presidenciales como por ejemplo Cuauhtémoc Cárdenas quien se veía como el heredero real del nacionalismo revolucionario pero que simplemente para la cúpula priista, no poseía las cualidades necesarias para continuar con su desarrollo político, por lo que junto con Porfirio Muñoz Ledo, intentaran fundar una izquierda no tanto ideológicamente fundada en el marxismo u cualquier otra doctrina ideológica, sino más bien una postura de rechazo al régimen imperante priista que los marginó.
Hoy dado el nuevo contexto político en donde la primera fuerza política en el país es MORENA, se ha puesto en duda la capacidad del gobierno de AMLO para poder trastocar el régimen político construido por los priístas y apoyado en su mantenimiento por los panistas, dada la corta vida institucional de este partido así como su incipiente formación de cuadros, lo que ha provocado que mercenarios de la política de diversas fuerzas políticas, encontraran en este partido la oportunidad de transitar en esta reconfiguración de fuerzas, debido a la pobre rentabilidad política que hoy representan para ellos, el PRI o el PAN y ni pensar en el PRD.
Sin duda alguna, es que MORENA, pueda convertirse realmente en una izquierda moderna con identidad, unidad y significado, pues no puede seguir adoptando los estilos pragmáticos y mañosos de quienes ya han estado en otros partidos y que fueron excluidos o expulsados por sus malos desempeños, quienes han sido parásitos en un cuerpo nuevo que pretende oxigenar los excesos del ejercicio de poder del antiguo régimen.
Este proceso es tardado, pero necesita sacudirse de los vivales, sátrapas de la política, de lo contrario, correrá el riesgo del desencanto social, el desprestigio y desconfianza de los ciudadanos, ante su promesa de un cambio verdadero.
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