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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Cultura en Puebla: proyecto y programa

El vastísimo universo cultural de Puebla obliga a la precisión

Patricio Eufracio Solano

Es licenciado en Lenguas y Literaturas Hispánicas y maestro en Letras, ambos por la UNAM; así como doctor en Historia por la BUAP. Estancias de investigación en la Universidad de Georgia, y en la Universidad Complutense, donde se benefició de la beca para Hispanistas extranjeros del Ministerio de Cultura del Gobierno de España.

Martes, Febrero 5, 2019

A pregunta expresa, hace unos días, Guillermo Pacheco Pulido respondió que la Secretaría de Cultura en Puebla: “es necesaria”. Todos de acuerdo; pero el vastísimo universo cultural de Puebla obliga a la precisión en los alcances que tendrá dicha dependencia en la realidad, porque los campos de su injerencia son inconmensurables y no se limitan a la creación –como pretenden acotarlo algunos de los manifestantes que acudieron al Congreso, con mariachi y mantas-, sino, también, a la conservación, restauración, catalogación y difusión tanto del patrimonio material, como del inmaterial; de las artesanías y procesos culturales; arte nacional y universal, contemporáneo y ancestral; prehispánico y virreinal, laico y sacro; de la Independencia, Reforma, Revolución y Constitucionalista; inmuebles, muebles, libros, documentos, textiles, instrumentos –musicales y laborales-; monumentos, estatuas; trazas urbanas y paisajes; etcétera, etcétera, etcétera, ¡en la totalidad del estado –los 217 municipios- y no solo para, y en, su ciudad capital!

Y para atender todo esto y más, creo que se necesita, para empezar, un proyecto y varios programas; y, al día de hoy, ninguna autoridad cultural ha hecho público algo sobre ello: los por qué, cómo, para qué y hacia dónde llevar la cultura poblana en los próximos años, y, si es posible, decenios. Más aún,  bien a bien no sabemos el “dónde estamos real” y hacia “cuál estado verdadero” queremos y podemos llegar. De tal suerte y por mucho que nos incomode, hay que aceptar que, en materia cultural, en las últimas administraciones Puebla se ha desempeñado más por instinto que por método.

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Por ello, considero que antes de que en Puebla se replique la trompicada, desconcertante y alienada actuación de la Secretaría de Cultura Federal (en la cual, antes de tener claro lo que harían, se eligió a la titular), se definan proyecto, programas y derroteros mínimos que habría de cumplir la dependencia poblana que ha renacer.

De tal suerte, y con el afán de contribuir a la existencia de una mínima hoja de ruta cultural para Puebla, destaco esta ocasión tres temas que, a mi entender, resultan indispensables.

1. Estructura organizacional: Cuando hace 8 años dejó de existir la Secretaría de Cultura, la mayoría de los afectados lo sentimos como una afrenta injusta y vergonzante. Más de uno nos cuestionamos: ¿nos portamos tan mal que merecemos la pena de la degradación institucional pública? La duda persistió porque nadie explicó las razones del castigo. Solo argumentos aislados y rumores de sobrepoblación laboral, aparato burocrático fatigoso y excesivo, derroche de recursos, inconsistencia de resultados, metas difusas, corrupción, etc. ¿Los responsables?: los trabajadores y la estructura. ¿El remedio?: el cese de empleados y la implosión de la dependencia cultural estatal. ¿Los resultados?: la mediocridad, el abandono y desarticulación del proyecto y programas que existían en la SC, pero sin la franca sustitución benéfica y provechosa de los mismos.

¿Un ejemplo para sustentar?: el Festival Internacional de Puebla –después llamado Palafoxiano- desapareció y en su lugar se sobrealimentó el Festival Internacional 5 de mayo. Ninguna estadística sustenta la mejoría cultural poblana entre uno y otro. Sin embargo, se alaba una mayor afluencia al último que al primero, pero esto no deja de ser subjetivo, pues aquél duraba poco más de una semana y era en noviembre; este duraba el doble y se efectuaba en mayo. Los presupuestos asignados a uno y otro tampoco tienen parangón, que recuerde –pues por instrucción de Saúl Juárez asesoré en materia histórica a la empresa encargada del desfile del 5 de mayo- el presupuesto para dicho desfile rondaba la cifra de varios cientos de millones de pesos. Y, al final, los resultados de mejora cultural e involucramiento poblacional identitario entre ambos festivales no resultó sustancial; culturalmente hablando quedamos igual después que antes del derroche de esos millones. Y ¿en quién recaería la responsabilidad de esta insustancialidad cultural de esos años? Primordialmente (aunque no únicamente) en el proyecto y los programas culturales inconexos y desbalagados, producto de la absurda estructura organizacional del CECAP. De tal suerte, considero que lo primero para revivir a la Secretaría de Cultura es la definición de su estructura, acorde y sustentada en un proyecto y programas culturales posibles y probables de realizar.

La estructura ideal, creo, sería aquella que tuviera una oficina principal: la del secretario/a, destinada a la efectiva coordinación, seguimiento, retroalimentación y rectificación de los principios, metas y derroteros de un Proyecto Cultural poblano de largo aliento –transexenal si es posible-, y la puntual ejecución de los programas destinados a desarrollar dicho proyecto. Y, debido a la humana falibilidad de cualquier hombre o mujer nombrada como titular de la cultura, considero indispensable que, en el mismo nivel organizacional del Secretario, haya un órgano evaluador, revisor e informador a la opinión pública del avance del proyecto y programas culturales del estado. Una suerte de “ombudsman de la cultura”, ajeno a la administración estatal y de reconocida solvencia moral y cultural, que actué de parte de los ciudadanos y a favor de la cultura. Y ¿por qué considero indispensable al ombudsman cultural?, porque la Cultura de una sociedad no es asunto exclusivo del Gobierno, sino más bien del Estado y a este lo forman: las autoridades, el territorio y los pobladores. Y estos últimos, en su condición de ciudadanos, tienen el derecho de mandantes de las autoridades y, por ello, deben ser informados del derrotero de su mandamiento.

El complemento estructural de la organización cultural estatal debiera tener una subsecretaría operativa por cada una de las ramas principales de su quehacer: 1) Desarrollo de Acciones y Actividades Culturales, y 2) Apoyo y Sustento a los Programas Culturales. A su vez, dependerían de cada una de ellas los Ejecutores directos de las distintas Acciones y Actividades: Creación, Catalogación, Restauración, Promoción, etcétera; y, lo mismo para el Apoyo y Sustento: Recursos humanos, Financieros, Legislación, etcétera. Cabe destacar que los recursos destinados a cada rama, sin duda indispensables, deben ser los mínimos suficientes para su funcionamiento estructural, con el consecuente destino de la mayor parte de los dineros a los programas culturales.

2. Personal de carrera. ¿Estamos conscientes del valor (y costo) real de los distintos acervos patrimoniales poblanos que el gobierno estatal tiene en custodia? ¿Sabes que algunos objetos, obras e inmuebles culturales de Puebla valen millones de dólares? ¿Estás consciente que son nuestros y no del gobierno? Bien, entonces, ¿si nadie en su sano juicio iría con un médico improvisado y sin conocimientos, por qué aceptamos que en las actividades culturales financiadas con dinero público puede estar cualquiera que no tenga, ni los conocimientos ni la experiencia suficientes para desarrollarlas y llevarlas a buen puerto? Y en este asunto, como en todos los organizacionales, saber cantar, si bien ayuda, no es suficiente sustento para que puedas crear cantantes o fomentar el aprecio y gusto por el canto; y esto es válido no solo para cantar, sino también para bailar, escribir, restaurar una obra o inmueble, o dirigir un museo. Por ello, las administraciones gubernamentales exitosas colocan en los puestos públicos a aquellos/as que, mediante un método imparcial, demuestran ser los más idóneos para desempeñarlo. Siendo así, y estando la mayoría de acuerdo en que nuestro Sistema Educativo nacional no podía seguir en manos de maestros mal preparados y mediocres solo por pertenecer a un facción sindical corrupta, en materia de administración cultural debiéramos exigir que se actué de igual manera y, en base a ello, solicitar un mínimo comprobable de habilidades y destrezas organizacionales, administrativas y promocionales en aquellos que pretendemos desarrollen, fomenten, promocionen y perpetúen nuestra cultura. Y no se trata de que todos sean doctores o maestros, pero sí que sepan y lleguen a desarrollar exitosamente su encomienda desde el primer día de su designación; y no, como ha sucedido en casos recientes, provengan de disciplinas o ámbitos no culturales y que en su aprendizaje y comprensión del mundo en el cual se han metido –o los han metido porque no había otra plaza para ellos-, empleen meses o años en hacerlo suyo y procurar su florecimiento. Siempre será mejor contratar a alguien que ya sabe, que derrochar los dineros públicos esperando que aprenda… si es que realmente lo hace o le importa hacerlo.

Ahora bien en este campo del “saber hacer comprobable”, el curriculum vitae, al fin un documento personal, puede contener dislates y mentirillas o, peor aún, verdades y pruebas de ineptitudes y fracasos, de ahí que no sea suficiente para contratar, si bien resulte indispensable para concursar. De esa manera, concursarían los posibles adecuados, pero se contrarían a los idóneos irrefutables. Pareciera obvio, pero no está de más insistir que la evaluación de un Sistema Profesional de Carrera debe tener como primera condición el anonimato de los concursantes, tanto para los evaluadores, como para el público, de esa forma se garantiza la imparcialidad de la elección, sin el riesgo de los mitotes a favor de un/a candidato/a, ni la predisposición a ensalzarlos o demeritarlos a priori. Un punto toral del proceso de evaluación del Personal de carrera es la presentación de un proyecto y programas que detallen: qué va hacer, con cuáles recursos y hasta dónde va a desarrollar las actividades y responsabilidades del puesto laboral que pretende obtener.

3. Identificación cultural permanente. El factor primordial de la Cultura –su ADN-, es su condición identitaria. En los rasgos, prácticas, devenir, formas y maneras de explicar, transmitir, entender y vivir en el mundo se asienta su cohesión, convivencia, fortaleza y trascendencia. Continuar siendo lo que somos y la manera en cómo lo somos, es la única posibilidad de preservar y trasmitir una identidad. Y, por supuesto, que no se trata de permanecer estático e inamovible en el tiempo, sino que, sustentado en nuestras propias raíces y maneras culturales, convertir y reconvertir el presente en un futuro a “nuestro modo y conveniencia”.

De ahí que un proyecto cultural debe, indefectiblemente, tener como columna vertebral lo nuestro, lo propio, lo que nos ha funcionado para ser lo que somos. Por ello, el proyecto cultural de nuestro estado debe ser, y partir, de lo poblano intemporal, sí, pero orientándolo hacia lo poblano trascendental. Hechos y circunstancias históricas y culturales nos sobran para sustentarlo.

Más de una ocasión he sostenido y, hoy lo refrendo, que buena parte de la Historia e Identidad mexicana, es Historia e Identidad poblana. Desde su fundación, Puebla ha sido, y continúa siendo: multicultural, cosmopolita, vanguardista (aún en su tradicionalismo), culta, innovadora (aún en su conservadurismo), leal a su manera y quehacer, y orgullosa de su trayectoria identitaria. Y esto debe constituirse el entramado desde el cual su ser cultural permanezca y se enriquezca en la trascendencia.

De tal suerte, considero que la renaciente Secretaría de Cultura debe privilegiar como proyecto a Puebla y los poblanos, sin menosprecio de los otros mundos culturales, pero con especial énfasis en lo nuestro, lo tuyo y lo mío que nos singulariza. Y esto no significa que solo hagamos exposiciones o festivales de cosas poblanas, sino que la cultura nacional y universal, sea entendible y aprehensible a través de nuestra idiosincrasia. De esa manera comprenderemos –y nos sentiremos orgullosos por ello-, que la edificación de un estadio de futbol norteamericano o europeo, no es, ni con mucho, más grandioso o espectacular que los templos virreinales o las edificaciones prehispánicas; que las hamburguesas no son más que carne molida frita y no son rival gastronómico, ya no diga para un chile en nogada, ni siquiera para unas humildes chanclas o cemitas; que ser poblano es ser heredero de una historia y tradición que está  por cumplir 5 siglos de existencia y que nuestro bagaje cultural, artístico, artesanal y humano ha sido consecuencia de la fusión evolutiva de dos reinos magníficos en el momento de su encuentro.

Siendo así, la dependencia que ha de custodiar y procurar la trascendencia de la cultura poblana, no debe surgir mediante un parto prematuro y bajo el cuidado de un mal obstetra, sino, más bien, cual una resurrección, como se cuenta que era la del Ave Fénix: radiante y victoriosa sobre la muerte, que le fue decretada hace ya 8 años; “necesaria y en su momento” como señaló, oportunamente, el Gobernador actual; sí, pero con una estructura, proyecto y programas ya existentes al momento del alumbramiento.

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