Por Samuel T. Ruiz
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El reciente proceso de designación o nombramiento de gobernador interino de Puebla, por una parte, no deja de ser efecto mediato del conflicto electoral del 1º de Julio del 2018; pero por otra parte, es más bien, efecto del trágico accidente en que perdió la vida la ex gobernadora Martha Érica Alonzo y su esposo Rafael Moreno Valle. Dadas los acontecimientos así suscitados, el proceso en mención no ha sido regido por parámetros exactamente democráticos, aun cuando los mecanismos intervinientes, algunos de ellos, formalmente, poseen ese carácter (órgano legislativo, ejecutivo federal, etc.). Pero lo que predominó en ese proceso de nombramiento fue un “intenso cabildeo” no sólo de los distintos partidos políticos actuantes en el escenario político de Puebla y del País, sino de los grupos, fracciones y personajes, y esto, al interior de cada partido o espacio de poder, en que actuaron igualmente cúpulas de organismos empresariales, comerciantes, banqueros, poseedores de enormes extensiones de tierra (latifundistas), banqueros, etc.; es decir, el susodicho nombramiento convocó a todos los que en una u otra forma mostraron interés sobre ese tema.
Luego el resultado o el nombramiento del nuevo gobernador interino fue efecto predominantemente de esos acuerdos de “minorías cerradas”, auto-denominadas, de modo muy desabrido, “clase política”, siendo el gran ausente en esas decisiones, la mayoría ciudadana; es decir, el <<elemento fundamental>> de toda democracia en Puebla o en México o en cualquier parte del Mundo. Tal exclusión ha generado, de nuevo, como en el pasado político reciente, la sensación de que de nuevo hemos vuelto o han vuelto los hombres extraordinarios, los superhombres, esos que “creen” que poseen cualidades extraordinarias, sobrenaturales, mientras los otros, los hombre sencillos, los hombres ordinarios; es decir, la mayoría, es puesta en otro lugar, “al margen ” de esas “grandes decisiones” de minorías selectas . Más aún, es puesta en una lamentable situación, en espera de “milagros”, de “bendiciones”, en espera de “actos piadosos, bondadosos”, del nuevo tlatoani, ya que, de nuevo, aquellos ¡no pueden decidir nada por sí mismos! ¿Tal es la situación que se pretende imponer una vez creado el interinato? Ante el todo poderoso, ¿se espera sólo servidumbre, lealtad? Así, ni “tardos” ni “perezosos”, ya, ha habido casos de “actores” de la vida política poblana, que han dado muestras inequívocas de ese “servilismo” a destiempo. Se les “cuecen las habas” por mostrar que “han perdido piso democrático”, mientras al parecer se hunden en tal bálsamo de ese “carisma acrítico”.
Pero ¿Se trata de un “restauracionismo” de los “métodos antidemocráticos” del pasado? Eso lo veremos enseguida, por lo pronto parece ser tal la fuente del interinato. Parece ser no otra sino una surgida de las “cenizas mismas” del pasado. Desde hace mucho se sabe que las cosas o los seres mientras moran en el “mundo de las abstracciones” como ideas, no se puede decir mucho acerca de ellas, por lo que hay que esperar a que se desplieguen como realidad, a que se concreticen en hechos, siendo entonces cuando el cerebro humano, o su poder reflexivo tiene una excelente materia para poder discernir la médula, “la significación políticamente exacta” de lo que es un hecho político en las coordenadas que sean. He aquí el punto en que nos encontramos, sobre el actual gobernador interino. ¿Es un intento “restauracionista” del pasado? O ¿es una jugada maestra de MORENA que da dos pasos atrás para dar uno adelante? Eso lo veremos muy pronto
Las organizaciones sociales, las otras grandes ausentes de la reciente decisión, el otro gran universo de <<los sin voz>> en los actuales “centros de decisión” del partido MORENA; es decir el otro “gran marginado” de esos espacios sellados por la “subrepticia exclusividad” de quienes se adjudican así mismos esas facultades decisorias, “ejecutivas”, no puede quedarse en la pasividad, debe tornarse de inmediato en un gran observatorio y organizador de propuesta crítica ante el nuevo gobierno. No se olvide que <<sin crítica y sobre todo sin autocrítica no hay posibilidad de cambio democrático>>. No se puede permanecer expectante, mucho menos ante los errores o posibilidad de errores irreparables, se debe propender a la crítica justa, objetiva, y en su caso a la autocrítica, si es que realmente <<hay un compromiso>> con la construcción de la democracia en nuestro país y en Puebla. No debemos dejarnos obnubilar por los puestos, mientras olvidamos nuestros principios y convicciones íntimas. Tales puestos o cargos debiéramos esperar que se asignen por lo menos a personalidades con prestigio y reconocimiento social, mucho menos que sean arrancados por “acuerdos en lo oscurito”. Ya en la composición del gabinete del nuevo gobierno esperamos ver personalidades de gran cuño y fuelle democrático, de gran reconocimiento social. He aquí una señal que marcará al nuevo gobierno y <<su estilo de gobernar>>.
Más allá de los puestos, lo que verdaderamente se espera del nuevo gobierno interino, no es otra cosa que la puesta en marcha de <<un conjunto de condiciones política e institucionalmente correctas>> para la celebración próxima de nuevas elecciones de gobernador legal, constitucional y legítimo de Puebla. La entidad, más aun, los ciudadanos de Puebla merecen por fin un gobernador cargado de reconocimiento ciudadano y popular. Ese es el gran cometido, la gran apuesta, el gran encargo, la gran responsabilidad del nuevo gobierno interino. En ello estriba ¿qué duda cabe? <<la felicidad y la gran esperanza>> del Pueblo de la entidad Poblana. Todo ésta por hacerse, principalmente la regeneración del tejido social y político, el combate decidido a la inseguridad y la corrupción, pero también a la injusticia, a la injusta distribución de la riqueza socialmente producida, el analfabetismo lacerante, el desempleo y la pobreza extrema que hace muy vulnerables a mujeres y hombres, a sus familias, a los más jóvenes, el combate decidido a la discriminación y marginación social, la reivindicación absoluta sin cortapisas de la causa indígena, el llevar la cultura y la educación a los lugares más apartados, la verdadera universalización de esos derechos, el dar un “trato digno” a las organizaciones sociales y de los trabajadores, el no permitir que se enquisten nuevas y antiguas mafias que traicionan la instituciones y su presupuesto, el profundizar la democracia en el propio MORENA y demás espacios sociales, universidades, sindicatos, oficinas, etc. En materia de un gobierno realmente democrático, en nuestro estado y país, todo está por hacerse. Las “anteriores prácticas” de políticas oligárquicas no sirven para tales efectos. <<Dar participación a la gente es la clave>>, democratizar los espacios de poder es una demanda ineludible. No más influyentísmos, ni más exclusiones, ni más marginación, es la demanda social más general. La Cuarta Transformación ésta en juego, todos lo sabemos. Requiere del concurso de los mejores hombres, del mejor de los talentos, pero sobre todo de un verdadero espíritu democrático. Así pues, la suerte está echada.