Renunciar a nuestra libertad es renunciar a nuestra calidad de hombres, y con esto a todos los deberes de la humanidad.
-Jean Jacques Rousseau-
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En mi anterior entrega hacía un honesto llamado y advertía de la inmejorable oportunidad que tenemos ahora en Puebla para reconciliarnos como sociedad.
Estamos en el mejor momento para que, todos los actores y sectores de la Sociedad, el Mercado y el Gobierno, nos pongamos de acuerdo y le devolvamos a nuestro estado su viabilidad, a fin que todas las personas y familias podamos vivir en paz y con bienestar.
En este orden de ideas, para nadie entre quienes conocemos la realidad poblana, nos es ajeno el hecho que, por acciones y omisiones del pasado reciente, existe una polarización social cualitativa y cuantitativamente más grande que la que se reporta en el país entero. Tal es la erosión del tejido social y el deterioro de nuestra normalidad cívica.
La visión del conmigo o contra mi, así como la cooptación y desnaturalización de los medios, la academia; los partidos, los sindicatos y las cámaras empresariales, así como los poderes del estado, convirtieron a Puebla en un lamentable laboratorio de las peores prácticas de la función y el intercambio público, convirtiendo a los liderazgos naturales en meras gerencias con perfil de comparsa.
El penoso resultado es una situación en que casi ninguna cúpula es autónoma, legítima ni representativa, mientras que los canales de comunicación del poder con los ciudadanos y el sector productivo se encuentran profundamente contaminados y desactivados.
Lo anterior representa todas aquellas condiciones de descomposición que deben erradicarse y que no podemos seguir sosteniendo; hacia la permanencia de tal estado de cosas no debemos ni podemos apuntar como sociedad, ni dirigir nuestros esfuerzos de reconciliación.
La mejor manera que tenemos, aquí y ahora, para regresar y revalorar el papel de cada actor y cada sector social, es a través del rediseño, consensuado, de las reglas de convivencia personal, comunitaria, social, política y económica: de la suscripción de un nuevo contrato social para el bienestar de Puebla, lo que requiere, principalmente, conocimiento de la entidad, óptica de largo plazo, altura de miras, visión de Estado y generosidad.
El nuevo contrato social debe ser el primer y definitivo paso que ha de servir de adhesivo al maltrecho entramado social e institucional, a fin de estar en las mejores condiciones para su replanteamiento y materialización fundacional.
Dicho acuerdo, para perdurar, así como para ser pertinente y útil, deberá responder a las necesidades de un sano diálogo entre mercado, estado y sociedad, por lo que tendrá que abarcar las dimensiones jurídica y de seguridad, económica; política y social.
Nos debemos la vigencia del respeto por la ley y las instituciones, lo que exige castigos ejemplares para quien se aparta del orden legal; es indispensable favorecer la libre empresa para generar riqueza y bienestar, combatiendo la desigualdad desde el emprendimiento, para crear una red de bienestar para todas las personas y regiones del Estado.
Finalmente, pero no menos importante, tenemos que consolidar y defender la división de poderes, la independencia de los órganos autónomos y el respeto por los Derechos Humanos con transparencia y honestidad.
Es mucho lo que cada uno de los firmantes del nuevo contrato social tendríamos que ceder, pero seguramente alcanzaremos, entre todos, la paz positiva, la que es condición necesaria y natural para la prosperidad y felicidad que Puebla y sus habitantes nos merecemos.