Frente a los claros problemas de corrupción que nos heredaron los anteriores gobiernos emanados del PRI, PAN y PRD, a través de sus prácticas políticas corruptas y corruptibles, las cuales deterioraron al Estado Mexicano y sus Instituciones y un ejemplo bien palpable de esto, es como devoraron a PEMEX al grado de institucionalizar el robo de combustibles y otros hidrocarburos, denigrando de esta manera la función pública e incitando al crimen y la violencia. Cabe decir que la corrupción de los anteriores gobiernos se fue petrificando en una sólida representación del natural modo de hacer política y lo que resulto inadmisible es que se fue compactado como una práctica aceptada y legitimada en el escenario público. Lo anterior logro evidenciar una práctica habitual en el comportamiento del político de turno, donde el funcionario público entra en una esfera que no diferencia lo público y lo privado. Más que un representante de la sociedad para administrar los recursos públicos, el funcionario elegido o designado, se ve expuesto al fenómeno de la corrupción asociado a redes de clientelas y a estimar los dineros públicos como recursos privados. El binomio político-corrupto y la imagen del político como devorador de los recursos colectivos han estado presentes como variables estructurales de la vida política nacional, al grado de instaurar una alianza con el crimen organizado como forma de pervertir el quehacer político. Al ser un problema estructural e histórico, la corrupción es legitimada en la práctica cotidiana.
Con la llegada de MORENA al gobierno federal le quedo claro que para un problema estructural, solo cabe una solución estructural. No hace falta establecer leyes o estatutos anticorrupción con el propósito de buscar un cambio en la dinámica social y cultural. De esta manera se ha decidido trastocar las estructuras de poder que se crearon en el pasado y que de alguna manera representan las causas de la violencia e inseguridad que estamos padeciendo y que se ha convertido en un fenómeno estructural y sistémico. De ahí que los actos de gobierno de AMLO, enmarcados por la necesidad del cambio verdadero y la exigencia de colectivizar en la conciencia de los mexicanos de que la cuarta trasformación de la Republica es una tarea de todos, y que para lograrlo se requiere de una nueva ética social, de ahí la importancia de que se difunda y distribuya la “Cartilla Moral” escrita por Alfonso Reyes en 1944, y que se considera como un hecho anticipado en los preparativos para la elaboración de la Constitución Moral. Documento que guiara los actos éticos, políticos y jurídicos de este nuevo gobierno. En este sentido, las grandes preguntas que surgen son, ¿Qué tipo de País?, ¿Qué tipo de sociedad?, ¿Qué tipo de ser humano se requiere formar para un país en crisis de valores? Las respuestas serán dadas en función de los logros que durante el proceso democrático y plural se vayan dando tanto a nivel federal, estatal y municipal, y de los cuales MORENA es responsable por lo que a su parte le corresponde y no debe fallarles a quienes vemos con esperanza el regreso de la paz social, tan necesaria para todos. Cabe destacar lo dicho por el presidente López Obrador al anunciar la distribución de la “Cartilla Moral”, el cual expreso que es un primer paso para iniciar la reflexión nacional sobre los principios y valores que pueden contribuir a que en nuestras comunidades, nuestro país, haya una convivencia armónica y de respeto a la pluralidad y la diversidad. La ruta de una ética social, con valores y principios ha iniciado y nos corresponde contribuir en su divulgación para construir una patria nueva.