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Opinión



Desarmar el Morenovallismo

Domingo, Enero 6, 2019 - 12:37
 
 
   

Los medios en Puebla estaban férreamente controlados.

El morenovallismo recién es descubierto estos días en los medios nacionales. Se han publicado dos o tres análisis muy acordes con la realidad. En Puebla el modus operandi del ex gobernador era muy bien conocido, demasiado bien. Por la mayoría, temido.

Los medios en Puebla estaban férreamente controlados. Con abundante dinero y con el beneplácito de dueños o beneficiarios. Las excepciones  son honrosas y se mantuvieron enhiestos todo el tiempo. Mi respeto para estos casos.

 La censura  para negociantes del periodismo era  una bienvenida censura. Fuente de fortuna por callar y también por  denostar a sus enemigos. Usted los conoce perfectamente.

Los poderes controlados, los partidos, todos,  controlados también. Los cañonazos en el Congreso local eran de millones.  Simulación en los organismos ciudadanos. El instituto electoral al servicio del señor. El dinero doblegaba y corrompía. Si había resistencia se usaban otros caminos menos ortodoxos. Hubo muertos y presos políticos.

El sector empresarial controlado como marca la tradición: concesiones aquí, contratitos allá, regalitos acullá.

Figuras emblemáticas de la delincuencia huachicolera estaban controladas. Varios eran alcaldes protegidos, alentados, cercanos. Sus cuentas jamás se revisaron.

El jefe del grupo tomó por asalto al estado. Cubrió apenas las formas legales. Aplastó a la resistencia panista o la sedujo con cargos y oro. Sólo Ana Teresa Aranda y de algún modo Rafael Micalco sacaron la casta y con dignidad se salieron del control. Caro lo pagaron.

Unos  sedicentes panistas usurparon lugares, cargos y funciones. Otros escogieron un dogal a su medida.  Tal sería el  caso de Paco Fraile y Eduardo Rivera. Este último, alcalde ninguneado y casi corrido en pleno palacio municipal, terminó rendido al poderoso. Cambió  la dignidad por un plato de lentejas y, finalmente, también mordió el polvo. Perdió nada más con cien mil votos.

Se necesitaba un trampolín para operar la desmedida ambición de poder. Y ese fue el PAN. Los que llegaron al asalto no tenían la menor idea de la ideología o estatutos de ese partido. Menos conocían  la historia. Nada sabían de un Castillo Peraza o Conchello. El pragmatismo extremo; el poder,  máximo objetivo. Pasando por encima de quien fuere.

Emulando el sueño hitleriano de “un imperio que habrá de durar mil años”, apenas cubrió ocho. Con idénticos modos impuso un gobernador y un alcalde. Siervos ungidos por la mano de dios. Las elecciones eran un  incómodo requisito, pero los órganos electorales estaban perfectamente aceitados. Trabajo a la medida no admite reclamación. Hasta que brincó la fraudulenta elección de la señora esposa.

La rampante ambición saltó a los estados del país. Engulló gobernadores, partidos, legisladores, campañas. La fórmula era sólo una: el dinero. Jamás hubo principios, ideología, propuestas, compromiso con el estado o el país, menos con la gente.

Nunca hubo cohesión en torno a un proyecto, un cambio, mucho menos un sueño.

Era simplemente el afán de poder por el poder.

Auténticamente, el fin justificaba los medios.

Hacia abajo del poderoso todo era obedecer. Sumisión absoluta. Víctimas bien pagadas de las descargas  de ira. También negocios. El egoísmo patológico tejió una red dorada a su servicio.

Por eso ahora, suena a ruido de cascarón la demanda de un gobernador interino panista.

El PAN jamás estuvo en el poder. Lo tuvo un grupo que secuestró y devoró a ese partido.

Desde palacio nacional se concesionó el estado. Hubo acuerdos y arreglos jugosos. Beneficios recíprocos. Este orden sacrosanto mezcla de funcionarios y empresarios hoy cruje. Canta discretamente un Te Deum. Pero finalmente busca acomodarse. Dicen en voz queda, “el dinero no tiene color”.

El estado transita liberado de un poder avasallador. Procede reformarlo todo. Desarticular un orden impuesto con métodos caciquiles.

A muchos en Puebla les  cuesta llamarle a las cosas por su nombre. El peso de la voluntad impositiva era total y temible. Evocó los tiempos de Maximino Ávila Camacho.

Hace falta liberar la energía social de los poblanos. Respetar los valores, saberes y aptitudes de la gente de Puebla. Acoger los talentos de otras latitudes desligados de la mafia que concebía el gobierno como un negocio patrimonial. Romper las redes de control burocrático y de parentelas que han  creado cotos de privilegio en casi todo el aparato burocrático estatal.

Proceder a fondo y transparentarlo.

Ofrecer el marco para una elección de gobernador respetuosa del derecho, libre y transparente.

En este proceso, no falta quien asuma un ridículo tono piadoso demandando un pretendido e hipócrita respeto a los fallecidos.

Es muy respetable la vida de un ser anónimo. Pero la vida de un hombre público siempre será objeto de escrutinio público. Por una sencilla y elemental razón: esa persona motu proprio decidió ser hombre público. Dejó la vida privada por voluntad propia. Incursionó a la vida pública con todas las consecuencias que esto implica. Manejó vidas y haciendas públicas, recursos públicos.

Finalmente, uno encuentra en los poetas seres iluminados que reflejan a la perfección a la vida y a la figura humana. Lo hacen con la sencilla herramienta de la palabra.

En un viejo libro de hace ochenta y ocho años encontré esta poesía.

LA LUZ.

¡Qué ufana y con qué alegría, una luz resplandecía, en lámpara hermosa de oro!

¡Con qué altivez y decoro sus tibios rayos vertía!

¡Nadie como yo!, exclamaba, cuando airosa se elevaba, en tranquilo movimiento, en el instante en que el viento con su soplo la apagaba.

Así es la fortuna, igual: cuando más de sí se paga, y cuando el mundo más la halaga, cualquier viento glacial llega, la toca…y apaga.

 

xgt49@yahoo.com.mx

 

 

 


Semblanza

Xavier Gutiérrez

Es periodista desde 1967. Ha sido reportero y director de medios impresos y conductor de programas de radio y televisión. En su trayectoria periodística ha sido articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Es autor del libro “Ideas Para la Vida” y ha desempeñado cargos públicos en áreas de comunicación. Desde hace diez años conduce el programa de televisión “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

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