El ritmo acelerado con el que arrancó el nuevo sexenio federal congestiona el volumen de información. Fluye esta como nunca. No bien se digiere un asunto cuando ya esta otro en escena.
Y las reacciones van paralelas. Por eso, es saludable detenerse, hacer pausas para ver las cosas desde una mejor perspectiva.
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De otro modo brotan anuncios, proyectos, afirmaciones, réplicas y esto se presta a la confusión y manipulación.
Algunos ejemplos. Anuncia el gobierno super delegados en los estados. Brotan críticas y hasta oposición de algunos gobernadores. ¿Qué había antes? Un mar de delegaciones, burocracia enorme, sueldazos, derroche, negocios y tráfico de operaciones ilícitas entre los gobiernos estales y esta casta burocrática. ¿Esto era perfecto, funcional, transparente, eficiente? No. En la mayoría de los casos no.
Era un aparato robusto, caro y las más de las veces corrupto. Esto, que se está desarmando lentamente, es un entramado parte de la herencia de todos los gobiernos. Ahí cabían recomendados, parientes, políticos premiados o castigados y un manantial de recursos económicos sin transparencia.
Otro ejemplo: Los puestos de confianza. En la burocracia es perfectamente claro que este personal es temporal. Puede durar unos meses o años, y al final del sexenio, si bien le va, se acaba el contrato. Punto. Esa regla es de oro en la burocracia. Quienes entran lo saben, no hay engaño. Hoy hay gritos, protestas, escándalos y desgarramiento de vestiduras.
Claro que tienen derecho a todas las prestaciones de ley al concluir el trabajo, pero a nadie le aseguraron una ocupación eterna. Ver al gobierno como beneficencia, un seguro social grandote o un vagón de privilegio es un error de los burócratas que así piensan. Aferrarse a un empleo imaginándolo perpetuo es un absurdo.
Si así fuera, todos los mexicanos exigirían gozar de este derecho. Duele siempre la pérdida de empleos, pero ni la ley ni la ética obligan a contratar a perpetuidad.
Ahora, también hay que decirlo, en esos castillos de la burocracia, también abunda personal de sobra, parientes y recomendados, duplicidad de funciones, elementos buenos para nada e inútiles con sueldos generosos. Tocar a fondo estas madejas del aparato gubernamental un día tenía que ocurrir. Y ya sucedió.
Otro más. Se rectificó en el recorte a las universidades. Y ya brotaron, motu proprio, ofertas de auto reducción de sueldos de privilegio en estas casas de estudios del país. Una buena cantidad de estos planteles tampoco son un modelo de eficiencia y transparencia. Baste recordar que, en el caso de Puebla, de la universidad pública salieron convertidos en multimillonarios por lo menos 3 ex rectores, cuyas fortunas se han ventilado y hoy llevan una vida de cresos dentro y fuera del país.
Otro más. ¿Sabe usted con cuánta fortuna salía un jefe del estado mayor al concluir un sexenio?, ¿Sabe usted cuántas caballerizas tenía este cuerpo de élite y al servicio de quien estaban?, ¿Sabe usted cuántos negocios de la más variada índole se hacían al amparo de esta corporación, llamada por los propios militares “de abajo”, como “el ejército imperial”?
Otro más: La falta de justicia en este país es un gigantesco cáncer. Las poderosas redes, nepotismo incluido, de muchos –no todos- jueces, magistrados y ministros mantienen bien aceitados sus nexos con la delincuencia. O es parte del tráfico y comercialización de la justicia todos los días. Por eso el país en esta materia es uno de los peor calificados en el mundo.
Eso lo dice cualquier persona que se topa con las murallas de “la justicia”. El juicio severo, frustrante, condenatorio, es vox pópuli. Por eso las encuestas muestran aprobación a la embestida gubernamental contra esta casta privilegiada. Cobran como de primer mundo y funcionan como de cuarto.
Y cuando se les tocan sueldos y privilegios, reaccionan furiosamente. Arguyen que las acciones en su contra buscan en realidad debilitar a un poder que juega el papel de contrapeso. Falso. Si fuera realmente un poder modelo y de comportamiento ejemplar gozaría de la aprobación y beneplácito de la gente.
Cualquiera puede hacer la prueba. Salga a la calle y pregúntele a la gente qué opina de la justicia en México. Con las opiniones que escuche sobran encuestas.
Y otro más: La Guardia Nacional. Abundan quienes gritan y manotean que se militariza el país con este cuerpo en ciernes. Seamos realistas. En este momento, ¿quién y con qué armas tiene la misma o superior capacidad de fuego de los cárteles de la delincuencia?
Sólo el ejército. En tres sexenios los gobiernos federales, estatales y municipales prometieron y no cumplieron capacitar a la policía y crear un cuerpo altamente profesional y competente. Se esfumaron recursos y nada se hizo. Prevalecen policías incompetentes, en muchísimos casos con vínculos estrechos con la delincuencia y al servicio de políticos que son parte del engranaje de los grupos violentos.
No es cuento. Todos los días y en todos los estados del país se documenta esta realidad. ¿Es lo mejor para el país que el ejército sea cabeza de playa contra la delincuencia? No es lo mejor, pero es lo único que hay. Lo demás son gritos destemplados y polvareda. A quien grita que así se militariza el país, pregúntele ¿qué haría sentado en la silla presidencial en este preciso momento?
¿Qué soluciones proponen aquí y ahora?
No es lo mejor, ni lo deseable. El ejército no ha resultado inmaculado fuera de los cuarteles. Pero frente al severísimo problema de delincuencia, inseguridad y corrupción, es la única solución temporal que se tiene a mano.
Estos y muchos problemas más es conveniente verlos con una perspectiva real, más allá de los grupos e intereses o privilegios que hoy empiezan a ser tocados. ¿No le parece a usted…?