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OPINIÓN

Impasse

Al pensar el estado en que se encuentra la definición de la política educativa del próximo gobierno

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Diciembre 10, 2018

Si buscamos la definición del término en internet, encontramos que impasse quiere decir: “Situación en la que se encuentra un asunto o problema que no progresa o al que no se le encuentra solución”. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE) plantea dos distintos modos de entenderlo: por una parte, “Callejón sin salida” y por otra,  “Compás de espera (detención de un asunto)”.

Esta es la palabra que viene a mi mente al pensar el estado en que se encuentra la definición de la política educativa del próximo gobierno federal.

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El Presidente de la República planteó durante su campaña y sostuvo en su discurso de toma de posesión el pasado primero de diciembre, que se iba a cancelar la “mal llamada Reforma educativa”, lo que corresponde al discurso radical del diputado Mario Delgado, miembro de su partido, que en una intervención en tribuna dijo que de la Reforma educativa no “quedaría ni una coma” –después de que el mismo diputado había apoyado enfáticamente la reforma seis años antes, cuando se aprobó, pero ese es otro tema-.

En el mismo sentido se pronunció la diputada morenista Dolores Padierna en un foro sobre la construcción de la paz en el país en el que participó la semana anterior, al enumerar las acciones que están realizando en el poder legislativo, afirmando que se va a cancelar la Reforma educativa y se va a impulsar una profunda transformación en el Sistema Educativo Nacional (SEN).

Mientras tanto, en la misma semana el nuevo Secretario de Educación Pública declaró que va a continuar la evaluación docente pero será “solamente diagnóstica y no punitiva”, por lo que desaparecerá la evaluación con fines de permanencia que fue parte de la reforma actual.

En el acto de presentación de los resultados de la consulta educativa para elaborar el Nuevo Acuerdo sobre la Educación, Moctezuma afirmó que la siguiente semana el Presidente López Obrador enviará al Congreso de la Unión una iniciativa de reforma a la Constitución Política para “abrogar la reforma educativa”.

Según el nuevo secretario, esta iniciativa va a sentar las bases para la construcción de “…una nueva escuela mexicana conformada por maestros, padres de familia, estudiantes, expertos y asociaciones que colaboraron en la consulta nacional”, según nota de Excélsior que puede encontrarse en: https://www.excelsior.com.mx/nacional/sep-mantendra-evaluacion-a-docentes-pero-sera-diagnostica-moctezuma-barragan/1283117

Todas estas declaraciones tan generales y ambiguas y las señales que están enviándose desde el nuevo gobierno en esta reconformación del poder en México como el alto número de diputados morenistas que son miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), la renuncia de Juan Díaz de la Torre a la dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y el discurso y acciones legales que está emprendiendo Elba Esther Gordillo con el fin de recuperar el control del sindicato, así como algunos nombramientos de gente relacionada con ella en puestos de relevancia en la Secretaría de Educación Pública tienen a todos los actores del SEN precisamente en un impasse caracterizado por la confusión, la incertidumbre, el temor y la inacción –o la actuación inercial sin ninguna iniciativa nueva por la ignorancia del rumbo que tomarán las cosas- que no es nada positivo para la formación de los niños y adolescentes del país y para la búsqueda de mejora de la calidad educativa que mal que bien, se había emprendido a partir de la reforma educativa del sexenio anterior.

Mi interpretación personal apunta que no se acaba de lograr un acuerdo entre la visión del Secretario Moctezuma y su equipo cercano, más moderados en sus posturas respecto a los cambios a realizar y los miembros de los sectores radicales de MORENA que se encuentran básicamente en la Cámara de Diputados, que ven en la desaparición de la reforma actual una especie de venganza individual y de grupo.

De la manera en que se logre resolver esta negociación entre las posturas radicales que quieren desaparecer todo lo que suene a la Reforma educativa vigente y las visiones más sensatas y moderadas que valoran los avances y plantean cambios en los errores o insuficiencias de planteamiento y aplicación de los cambios realizados en los últimos años en el país, dependerá el futuro de la Educación nacional.

Lo lamentable, lo muy triste de este impasse es que todas las señales apuntan a que la definición de la política educativa del sexenio lopezobradorista estará fundamentada en intereses políticos y en reivindicaciones gremiales y partidistas y no en bases sólidas de corte pedagógico, curricular y de gestión educativa.

“… hay que prepararse para nuestro mundo incierto y esperar lo inesperado” dice el pensador francés Edgar Morin y los actores del sistema educativo nacional tenemos que estar preparados para vivir esta incertidumbre y esperar lo inesperado que ojalá sea positivo para la formación de los futuros ciudadanos de este país y contradiga esta predicción respecto a la hegemonía de la lucha política y sindical por encima de la búsqueda de lo que más convenga para la construcción de un sistema educativo que avance en términos de calidad y equidad para poder contribuir a una real transformación de nuestra sociedad.

Lo mejor que podría pasarnos como nación es que sea lo que sea que se defina desde el poder, los diversos actores del SEN seamos capaces de tener la apertura, la inteligencia, la criticidad y la capacidad de respuesta comprometida y organizada para seguir avanzando hacia una mejor educación, gracias a, o incluso a pesar de, los elementos de política pública que se aprueben.

Ojalá este impasse en la dinámica de nuestra educación sea sólo un compás de espera y no un callejón sin salida.

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