La ciudadanía en Puebla no sólo está expectante, sino preocupada, por la orientación legal o jurisdiccional que en el asunto del “fraude electoral” de que fue víctima, habrá de determinar el ya inminente fallo. Un asunto que ya es conocido ampliamente por todos a nivel local, nacional, incluso internacionalmente, se espera sea resuelto con apego a derecho, a las normas de legalidad y constitucionalidad. Socialmente, entre la ciudadanía, incluso, cada vez con mayor insistencia, se habla de la inevitabilidad de nuevas elecciones, de que habrá de repetirse el proceso electoral. Más aun ya incluso los partidos directamente involucrados en la llamada “guerra sucia” que dio pie a los hechos violentos de ese día 1º de julio, también, ya, “especulan” sobre personas que encabezarían una posible nueva candidatura en su nombre. Parece, entonces, inevitable una “nueva gesta”, una nueva contienda. Curiosamente ahora la “voz de arranque” para esa nueva contienda depende de la autoridad jurisdiccional, más concretamente de la resolución que sobre ese tema otorgue el TEPJF (por sus siglas ampliadas: Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación)
Para ser exactos hace 146 días que se llevaron a cabo las elecciones para elegir gobernador en Puebla, mismo punto del tiempo que, en forma por demás “violenta”, se operó lo que ya se conoce local, nacional e internacionalmente como condenable “guerra sucia” o “Fraude electoral” en contra de MORENA, la ciudadanía de Puebla y Luis Miguel Barbosa. En efecto, dada la “impotencia” de las “huestes” de filiación panistas o “morenovallista” para resistir por <<medios lícitos>> lo que también se ha conocido popularmente como “Tsunami” electoral, o <<efecto AMLO>>, se vieron reducidos a echar mano de “métodos” e “instrumentos” violentos, manifiestamente “ilegales” e “ilegítimos”, cuyo efecto inmediato pero también buscado y querido fue “intimidar”, “amedrentar”, inhibir de ejercer su <<derecho a sufragar>> a la población. Así, llegaron a la agresión directa, inequívocamente manifiesta, claramente dolosa, mediante grupos “porriles” que valiéndose de armas incluso de “alto poder”, o de uso exclusivo del ejército, como metralletas, pistolas, petardos, armas punzocortantes, etc., disparaban y amagaban a las filas de ciudadanos votantes “pretendiendo” disuadirlos de emitir su voto. También incurrieron, como ya es del dominio público, en actos “simiescos”, al más puro estilo del “hampa” del bajo mundo; hurtaron urnas, casillas electorales completas, “repartieron” billetes a diestra y siniestra para “comprar” conciencias entre el electorado, “pillaron” formatos de boletas para posteriormente “clonararlas” como boletas electorales “oficiales”, y así “embarazar” urnas a favor de la “candidata” de la coalición que encabezaba del PAN, mientras, por otra parte, “ordeñaban” aquellas urnas en que observaban que MORENA iba adelante. Por si fuera poco, golpearon a simpatizantes de MORENA, incluso uno de ellos “perdió un ojo”, “amordazaron” a los medios de información, a quienes convirtieron en medios de “desinformación”, imponiéndoles silencio o de plano los callaron a base de “moches”. Así, éstos, si no se desentendían de lo ocurrido, sólo a cuenta gota o sesgadamente difundían los actos vandálicos en que participaron los “secuaces y hampones” del PAN. También se descubrió en el edificio NN del fraccionamiento la “Animas” un “laboratorio clandestino de clonación” de papaletas electorales, en que “operaban funcionarios” incluso del más alto nivel pertenecientes al Tribunal superior de justicia, de la Fiscalía, del IEE. Por otra parte llegaron a contabilizarse casi una decena de “muertos” provocados por la “inseguridad electoral”, gran cantidad de heridos, amenazas. Cómo si la gravedad de los acontecimientos no fuera suficiente, el propio IEE procedió a “ocultar” y “dilatar” dolosa e irresponsablemente los resultados del conteo rápido, similarmente “oculto” dolosamente la información sobre la custodia de los paquetes electorales, esto, en completo desapego a la ley electoral, etc.
Más artículos del autor
Ulteriormente, ya, en las <<diligencias de recuento>> de votos ordenadas por el TEPJF se descubrieron enorme cantidad de paquetes electorales “violentados”, abiertos, alterados y luego “vueltos a cerrar” ilegalmente, mismos en que se observaron abundantes evidencias de injustificables fallas y deficiencias del manejo claramente “delictivo” de papeletas y actas electorales, en la mayoría las cifras no coincidían. Las cantidades de votos eran contradictorias con las indicadas en las actas, se observaban trazos idénticos, casi simétricos en grandes cantidades de votos, como si una “sola persona” los hubiera marcado. Muchos paquetes estaban cerrados con “cinta canela”, es decir, distinta de la autorizada por el INE. Se descubrió que la bodega en que el IEE tenía aparentemente resguardadas los paquetes electorales, “carecía de seguridad” adecuada, por lo cual, por gente adepta a la candidata del PAN, fue “irrumpida”, “allanada” ilegalmente en gran cantidad de veces, tales hechos fueron reconocidos por los mismos funcionarios del IEE (¡sic!). Ante las muchísimas evidencias del Fraude, o como afirmaban sus más directas víctimas: Barbosa y el Pueblo de Puebla, del ¡bestial cochinero!, ninguna autoridad del gobierno de puebla hizo nada. De ese modo así como detonaron la violencia, la siguieron y la siguen proahijando. A la violencia electoral así han seguido otras violencias, femincidios, ejecutados, etc.
Finalmente, ante la inocultable y contundente verdad del “Fraude electoral”, ya el asunto en el ámbito de competencia del TEPJF, producto de la oportuna <<recusación procesal>> por parte de los abogados de Morena y Luis Miguel Barbosa, éste máximo órgano en la materia determinó mediante el correspondiente acuerdo, que el IEE, directamente involucrado en la “guerra sucia” y el “Fraude” en contra de MORENA, tenía 48 horas para aportar pruebas en que debió acreditar que tomó medidas inequívocas, para que no se quebrantara la legalidad del proceso electoral ni la cadena de custodia. Exigencias imposibles de satisfacer por alguien que claramente actuó como “juez y parte” en dicho proceso, y que además fue “promotor directo” en gran medida de los “disturbios violentos” de ese día 1o de julio, al no comportarse como autoridad institucional imparcial y en cambio incurrir en actos de flagrante ilegalidad o tendenciosa “maniobra turbia” en contra de MORENA y de su candidato. Todos estos datos, oportunamente a petición de los representantes legales de MORENA, fueron <<rigurosamente certificados>>, mismos que ya obran, desde hace un buen rato, de modo oficial en el propio TEPJF.
Hacer un resumen de esta naturaleza para dar cuenta de un hecho claramente condenable, no sólo por ser antidemocrático, sino por atentar contra la voluntad soberana de un pueblo como el de Puebla, es hasta cierto punto, sencillo. Pues casi a cualquier ciudadano en Puebla constan los graves hechos electorales ocurridos ese día 1o de julio, son del dominio público. Más aun, ya forman parte de una indeseable “página negra” de la vida democrática de nuestro país. A la cual debe darse rápidamente vuelta. Dejarla atrás, no sin antes, esperar que la instancia, ahora competente (a salvo de los “oprobiosos” hechos violentos que lesionaron gravemente la paz pública en el Estado de Puebla, y que fariseicamente afrentó la necesaria tranquilidad y normalidad democrática, más aun, que “impidió” que la <<práctica electoral>> a cargo de los ciudadanos de Puebla se llevara en un clima de concordia, de alta <<civilidad democrática>> como lo ordena nuestra Constitución Política), resuelva con justicia pero no menos contundentemente en favor del futuro democrático de nuestro país. La claramente “errática” concepción de la democracia de parte del “morenovallismo”, que “confunde” este régimen, sólo con un método de “simulación electoral”, es en gran medida responsable de esa distorsión, de esa confusión inadmisible entre corrupción y democracia, entre fraude y legalidad. “Confundió” o desgraciadamente corrompió a las autoridades de Puebla responsables de llevar a buen puerto las elecciones del 1º de julio. La confusión fue mayúscula, a grado tal que algunos de ellos permutaron su condición de autoridades por la “delincuentes” o “facinerosos” electorales, defraudando así a los lectores que por partida doble también son <<reales mandantes>> suyos. “Volteando la espalda” al interés general, traicionaron y subvirtieron éste, mientras hacían valer uno “espurio”, claramente ajeno a esa voluntad, y que en Puebla se conoce como “morenovallismo”. Semejante confusión se espera ¡ya cese!. Ahora el TEPJF tiene la palabra. La justicia, en términos de imparcialidad, es ciega, pero en términos de <<prudencia>> y <<claridad pensante>>, moral, intelectual, tiene mucho que decir, más aun, resolver. Las condiciones están dadas para una reivindicación de la justicia electoral y democrática en Puebla y en nuestro país. La “confusión” y el “manejo turbio” de la ley deben cesar, ya. Si no hay <<claridad legal>>, no puede haber <<normalidad>> ni <<viabilidad democrática>>. Se quebrantaron gravemente varios principios de normalidad constitucional electoral. El de <<certidumbre ciudadana y de sufragio>>. El de necesaria <<cadena de custodia electoral>>, momento a momento. El de <<equidad en la disponibilidad de recursos electorales>>. El de <<imparcialidad institucional electoral>>. El de <<buena fe>> en una competición electoral. El de <<legalidad en la actuación de autoridades electorales>>. El de <<debido proceso>> o <<exacta observancia en las formalidades esenciales del procedimiento electoral>>. El de <<inspección y vigilancia de autoridades competentes del proceso electoral>>. El de <<normalidad democrática>>, el de <<coexistencia pacífica>> en una competición electoral, el de <<respeto irrestricto a la condición ciudadana y votante>>, el de <<asistencia institucional amplia en la emisión del voto>>, el de <<transparencia y expedita información sobre resultados y tendencias electorales>>, etc. Se espera que estos principios sean reestablecidos, restaurados a la brevedad por el TEPJF. El <<Estado de derecho>> no puede ser burlado, ni simulado, ni ser rehén de “pandillas electorales”.