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OPINIÓN

¿Educación centrada en el alumno?

En esta práctica no se emplean un único método de enseñanza

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Octubre 15, 2018

Para mi amiga Sandra Aguilera. 

“…la enseñanza centrada en el alumno es un enfoque que cada vez se utiliza más en la educación. En esta práctica no se emplean un único método de enseñanza, hace hincapié en una variedad de diferentes tipos de métodos que se centran en los estudiantes que están aprendiendo, cambia el papel del profesor, convirtiendose en un proveedor de información que facilita el aprendizaje de los estudiantes. La enseñanza traditional a menudo forma a estudiantes como aprendices pasivos que no asumen la responsabilidad de su propio aprendizaje. El aprendizaje centrado en el alumno pone todo el énfasis en la persona que aprende”.

Más artículos del autor

(Weimer, 2002).

Enfoques centrados en el alumno. Xunta de Galicia.

http://www.edu.xunta.gal/centros/cpicruce/system/files/lca_0.pdf

La excesivamente larga transición entre las elecciones del pasado primero de julio y la toma de posesión del nuevo gobierno federal del primero de diciembre, aunada al turbulento y confuso inicio de actividades del Congreso de la Unión ha desatado múltiples especulaciones sobre el futuro de la reforma educativa instrumentada en este sexenio que termina.

El discurso del presidente electo desde la campaña electoral hasta algunas intervenciones de la semana pasada ha sostenido que se va a abrogar, a derogar –términos que legalmente no son iguales- la reforma educativa, a partir del discurso simplificador que ha dominado la oposición a esta reforma, que sostiene que se trata de una modificación meramente laboral y no educativa y que toda la reforma se reduce a la evaluación docente a la que se atribuye un carácter punitivo.

En el Senado de la República, su Presidente, el legislador de MORENA Martí Batres presentó primero un proyecto de decreto para derogar la fracción IX del artículo 3 de la Constitución y reformar la III, VII y VIII, lo que implicaba la desaparición del Sistema de Evaluación Docente y del organismo autónomo responsable de este sistema que es el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), para luego modificar esta propuesta y plantear únicamente la derogación de la segunda parte de la fracción III, del artículo tercero, para desvincular la evaluación docente de la permanencia del maestro en su plaza.

Por su parte, el coordinador de la fracción parlamentaria de MORENA en la Cámara de Diputados Mario Delgado declaró que se va a cumplir el compromiso de campaña del presidente electo López Obrador y que “no quedará ni una coma de la reforma educativa”.

Mientras tanto, el futuro Secretario de Educación Pública, Esteban Moctezuma ha planteado que se mantendrá la evaluación docente y que únicamente se van a eliminar las consecuencias laborales respecto a la permanencia en la plaza de los profesores. Además de ello, el mismo Moctezuma está organizando en todo el país los foros de consulta de donde se supone se van a recoger los elementos que orientarán las modificaciones de la política educativa del próximo sexenio.

En las últimas semanas los medios de comunicación han empezado a informar del surgimiento de algunos desacuerdos entre la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) y el presidente electo y han registrado declaraciones de López Obrador reiterando que se va a derogar y a abrogar la reforma –“porque la CNTE no va a rebasar al gobierno por la izquierda”- pero que se mantendrá la centralización de la nómina en el gobierno federal para “garantizar que los aumentos le lleguen a los maestros”.

En todo este debate sobre el futuro de la política educativa en nuestro país, quienes no aparecen en ningún momento son los alumnos, seguramente porque quienes se encuentran cursando la educación básica y media superior no aportan votos.

La triste realidad de nuestro país es que sexenio tras sexenio los intereses político electorales han estado por encima de la preocupación genuina por la formación integral de calidad de los futuros ciudadanos.

Es así que durante las ocho décadas del viejo régimen priísta se construyó y se fue consolidando el pacto corporativo entre el partido en el poder y los liderazgos sindicales del magisterio a quienes se otorgó el control del sistema educativo a cambio de los votos y el apoyo incondicional de los maestros.

Con la alternancia la situación no fue distinta y en lugar de transformarse este pacto se mantuvo, simplemente cambiando los colores del partido al que se brindaba el apoyo. La situación llegó al extremo de otorgar la Subsecretaría de Educación Básica al yerno de la lideresa del SNTE, Elba Esther Gordillo durante el sexenio del presidente Calderón.

La Reforma educativa, a través de los cambios constitucionales que se realizaron y de la creación del Servicio Profesional Docente (SDP) que tiene como uno de sus componentes el Sistema de Evaluación Docente, planteó las bases para romper con este viejo pacto entre los gobiernos y el gremio magisterial y pretendió la recuperación del control del sistema educativo por parte del Estado para buscar con ello la mejora continua de la calidad educativa basando el acceso y la promoción de los profesores en el mérito y no en criterios políticos y sindicales.

Con todos los errores de instrumentación que sin duda hubo en la reforma aún vigente, el objetivo central era garantizar el acceso de todos los niños y adolescentes mexicanos a una educación obligatoria laica, gratuita y de calidad.

La abrogación o derogación de esta reforma parece tener como objetivo reconstruir el viejo pacto entre el gremio magisterial y el gobierno para garantizar nuevamente el intercambio del control del sistema educativo por apoyo político y votos, dejando de lado la centralidad de la formación de los educandos.

El discurso dominante al menos parece ir en ese sentido. Se habla de la nómina magisterial, de la derogación de la evaluación docente o de su aplicación sin consecuencias, de garantizar los derechos laborales de los maestros y de construir una reforma y un modelo educativo basado en lo que ellos planteen, pero no se menciona en absoluto el derecho de los niños y jóvenes a una educación integral de calidad.

De manera que en un escenario pedagógico internacional en el que se plantea la transición hacia una educación centrada en el alumno, tenemos en México una transición de la política educativa centrada en los maestros, o mejor dicho, en las organizaciones sindicales del magisterio.

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