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OPINIÓN

Venezuela ¿desenlace previsible?

Soberanía, puede regresar al pueblo si hay un tirano.

Marcela Cabezas

Magíster en Ciencias Políticas y politóloga colombiana. Catedrática y columnista en prensa independiente.

Jueves, Octubre 4, 2018

El éxodo venezolano sin duda ha tomado magnitud de emergencia política y social hoy, no se trata pues del derecho a la autodeterminación de los pueblos de darse libremente un gobierno de acuerdo con características socio-culturales, sino también del derecho a ejercer soberanía nacional como constituyente primario una vez esta se vea amenazada por los malos manejos del gobernante en turno. Tal premisa se asume desde la construcción del gran Leviatán de Thomas Hobbes, quien afirmó  que “la soberanía se cedería ante un rey (gobernante) para que este administre y vele por el interés del colectivo, sin embargo si tal gobernante es despótico y sume a su país en un Estado de emergencia, esta retornaría inmediatamente al pueblo por ser potencial reproductor de la misma”(1) teniendo la tarea y la resolución libre de deponer al gobernante déspota e insulso. 

Resulta prolífica la reproducción de la opinión pública a propósito de la crisis de Venezuela, y a lo sumo de la emergencia que la migración masiva ha representado para una gran parte de países, sobre todo sudamericanos. El hecho es real, millares de nacionales han abandonado su país huyendo principalmente a países como Colombia, Perú, Ecuador, Chile, Brasil, entre otros, los cuales han tenido que implementar  estrategias diversas para menguar el impacto de la inagotable migración:  no solo se requiere de buenas intenciones,  sino de voluntad política del gobierno de turno para garantizar unas condiciones mínimas a quienes huyen del hambre y la miseria (ver nota aquí), cuando en el mejor de los casos el Estado receptor cuente con medios económicos de respuesta.

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  Por tal, el éxodo de venezolan@s al contrario de lo que pretende vilipendiar Nicolas Maduro no es reducible a un asunto del Estado nacional, sino que compromete a tamaña escala el accionar político de los vecinos limítrofes, y de los no tan limítrofes. Entonces ¿a qué tipo de soberanía nacional hay que apelar?, en tiempos en que la cosa en Venezuela no parece mejorar, sino al contrario se muestra mas denigrante día tras día.

  Una de las escuelas de las relaciones internacionales como lo es la realista considera que en el ámbito de la política exterior el interés del Estado triunfa por encima de alguna intencionalidad de cooperación, en tanto este es orgánico, racional y garante de su seguridad, reinando incluso una especie de anarquía que no hace caso de entidades supranacionales –tipo de organizaciones como la ONU, ONGs, etc-; de allí el hecho de que en las recientes alocuciones de las Naciones Unidas no se atisbe una intencionalidad clara de intervenir de afuera hacia adentro a la nación “bolivariana”; sino que al contrario, en lo que coinciden diversos analistas no se prevé una vía clara respecto al problema venezolano: la cosa parece moverse con mucha cautela sobre todo en la experiencia de que un Estado democrático está a un paso de experimentar una tiranía o una plutocracia.

   O sea, más allá de las alocuciones de mandatarios como el caso del presidente colombiano Iván Duque […]¡Qué no se pretenda asumir que la libre determinación de los pueblos puede ser manipulada para convertirse en la libre determinación de los opresores! (ver nota aquí), en una invitación a asumir la crisis venezolana como un reto global, que compromete el retorno al ejercicio de las libertades en ese país , y sobre todo el retorno democrático, que hoy parece ser todo menos un gobierno legitimo y soberano. Además de Duque en la misma línea se mueven recientes declaraciones de los gobiernos de Argentina, Chile, Paraguay y Perú.

  Frente a tal panorama dos cosas son evidentes. Por un lado, la estrategia mediática de Maduro no ha resultado tan fructífera en tanto que hoy a grandes luces resulta inoficioso no llamar las cosas por su nombre: la hermana república venezolana experimenta una dictadura popular, de esas tan características de la forma de gobierno en los años setenta y ochenta en gran parte de los países del primer y tercer mundo, y en la que entre otras muchas prohibiciones, la libertad de oposición está tan coartada que no es posible hablar siquiera de una poliarquía en términos del politólogo norteamericano Robert Dahl(2) en referencia a las condiciones mínimas que un Estado de derecho predemocrático.

  De otra manera, es tal el acorralamiento del pueblo venezolano y la condena a la carencia a que Maduro le ha sitiado que en definitiva no deja otra opción, sino la de una toma armada del poder con el firme propósito de deponer al tirano. Los ánimos están caldeados, y a propósito de eso se han pronunciado diversos mandatarios sudamericanos, sin olvidar también las recientes declaraciones de Trump a propósito de la actuación del ejercito venezolano tras el supuesto ataque con drones al mandatario venezolano en días pasados (ver nota aquí).  

   Sin embargo, la propuesta de Trump está mal planteada geopolíticamente,  sumado a la experiencia intervencionista estadounidense en Medio Oriente no deja nada bueno que desear. Por tal, la hazaña de retornar al país de la crisis económica, política y social parte de la firme resolución del pueblo que en su derecho de ejercer soberanía ha de requerir el apoyo de sus fuerzas armadas, que en este caso parecieran no mostrarse tan fieles al régimen (algo en lo que Estados Unidos no se equivoca). Proceso en el cual han de requerirse acciones inmediatas, ¡ojala! debido a que el Estado está cooptado institucionalmente. 

  Por último, y en relación con las premisas teóricas de Thomas Hobbes y Max Weber ¡clásicas pero en gran parte premonitorias!, a propósito del papel central de la fuerza militar en una Nación, según la famosa concepción de weberiana del Estado como monopolio coercitivo de la violencia(3) resulta paradójico que hoy en día se pretenda asumir a las fuerzas armadas como apolíticas -en parte herencia de los gobiernos militares en la región- siendo que una mirada histórica, caso del gobierno del general Rojas Pinilla en Colombia es una muestra de que los militares en algún momento incluso pueden ensalzarse de legitimidad social, ¡por supuesto según su obrar!, y en relación con el momento histórico que les corresponda, en procura del control civil sobre la etapa posterior a una toma de poder armada.

    Entonces, en la hermana república de Venezuela tal actor no es amorfo, al contrario se presume y debe verse en este la ilusión de retomar la senda democrática harto vilipendiada por el que dice llamarse ser el continuador -¿y acaso el perpetuador? de la revolución Bolivariana, ¡Ja! Como si Simón Bolívar no hubiera sido un republicano auténtico y devorador de una gran cantidad de teóricos liberales y republicanos: comparación inconcebible en relación con el Libertador de los, aun premodernos, Estados Andinos.   

 

 

Notas

-- 1. Hobbes Thomas (2007) El Leviatán, o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. FCE, México.

-- 2. Dahl Robert (2009) La poliarquía: participación y oposición. Editorial Tecnos

-- 3. Max Weber (1964) Economía y sociedad. Esbozo de sociología comprensiva, trad. J. Medina Echavarría, ed. J. Winckelmann, FCE, México.  

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