Con la instalación de la LXIV Legislatura federal, el gobierno de Peña Nieto quedó liquidado. El resultado electoral registró un cambio en la correlación de fuerzas en el Congreso, mismo que desde el sábado ya es una realidad. Los ánimos se desbordaron y la euforia campeó en las filas morenistas. Para unos, fue una actitud innecesaria que obligó a Andrés Manuel a hacer un llamado a la armonía y al entendimiento. Para otros, fue un síntoma que ha acompañado a los que han sido oposición por un tiempo muy largo: Pese a tener el poder, se sienten más cómodos actuando como si no lo tuviesen. La oposición es la que grita, manotea e interrumpe al no tener otro modo de expresarse, sobre todo cuando enfrente tienes a un partido hegemónico. El sábado vimos a una mayoría abucheando como si fuese minoría, a líderes que en su momento criticaron el ceremonial priísta del informe exigir que Peña Nieto rindiese cuentas ante el Congreso (Sí, a la antigüita) y cancelase el evento programado para el inicio de semana y de mes patrio…
Como sea, técnicamente el sexenio ha concluido. A Peña Nieto le quedan dos meses con un Legislativo donde el equilibrio de fuerzas indica un cambio en el centro de gravedad del poder. Emilio Álvarez Icaza tronó contra el mexiquense por tener a la corrupción como signo distintivo. Lo mismo dijo Juan Ramón de la Fuente en entrevista. De un día para otro, Peña Nieto se ha convertido en una figura irrelevante ante un presidente electo que le ha arrebatado el poder de antemano. El relevo programado para el 1 de diciembre ya es un mero trámite. ¿Qué hacer cuando es cuestión de que se agote el tiempo? Ese es el drama que está viviendo Peña Nieto: Irrelevante para el PRI, que también corre el riesgo de volverse tal, y para el nuevo poder que se entroniza…
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“Sueños de papel…”
¿Ser una versión del ‘auténtico PRI’ y un presidente al más puro estilo priísta o liderar una transición fundacional? A partir del sábado, esa es la pregunta que López Obrador y MORENA deben responder. El 1 de julio los electores votaron por un presidente fuerte, quizá por lo ocurrido durante los sexenios de Fox y Calderón, Sin embargo, un resultado presidencialista no debe ser necesariamente el retorno del pasado. AMLO lo logró la mayoría calificada que deseaba en el Congreso. Tendrá que conseguir los votos faltantes para realizar reformas a la Constitución o de plano posponerlas. Ese es un punto en que los partidos de oposición podrían fincar un poder más allá de los recientes resultados electorales. Es verdad que podrían hacerse con esos votos de muchas maneras, pero la agresividad del sábado podría haber sido un error. Aunque se entiende que debían enviarse señales de que las cosas habían cambiado…
Como en todo cambio de buen calado, antes de saber si entraremos en una nueva etapa política se pasará por un forcejeo entre el pasado y el futuro. El relevo de élites que se propone Andrés Manuel podría encerrar una trampa. La hoja de ruta del presidente electo apunta a lograr la mayoría calificada en las elecciones intermedias. Hacia eso se enfilan todos sus esfuerzos y hasta la consulta o referéndum anunciado. López Obrador seguirá en campaña y su partido, también. La gran meta será una reforma, entre el tercero y cuarto año de gobierno, que le permita a AMLO decidir si se reelige u opta por una sucesión pactada…
Yeidckol se visualiza como la primera mujer en la Presidencia, pero deberá competir con Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard, entre otros. En tanto Andrés Manuel no se decida, todo son sueños e ilusiones. En el PRI ya saben que 2024 quizá sea una sucesión presidencial con sello femenino y perfilan dos cartas: Claudia Ruiz Massieu y Claudia Pavlovich. Dependiendo de cómo resulten las cosas, el salinismo podría sellar un pacto con Miguel Ángel Osorio Chong o con Manlio Fabio Beltrones. Pero el gran problema inmediato del PRI estriba en si MORENA se convierte en el ‘auténtico PRI’. En tal caso, el otrora partido casi único en el poder sería innecesario e irrelevante. Igual que los que hoy se ven como los herederos de López Obrador. Los tiempos de cambios son momentos de esperanzas, pero también de sueños de papel…
Por lo pronto, los partidos de oposición (grandes y pequeños) se disputan ser los que pacten con AMLO esos votos que le faltan. En cada uno de ellos hay personajes que pretenden ser los interlocutores del nuevo hombre fuerte en México. Las maniobras de MORENA en el Legislativo son para consolidar el control de los recursos, la conducción interna y los acuerdos, a la par de debilitar a unos grupos de oposición e impulsar a otros…
“La confrontación identitaria…”
En las semanas previas al cambio en el Congreso, los pocos aliados mediáticos que le quedan a Peña Nieto y al PRI han tratado de convencer a la opinión pública que la confrontación al interior del PAN es más grave que la derrota del PRI el pasado 1 de julio. Nada más lejos de la realidad. Lo que está pasando en el PAN tiene más que ver con el dilema de vivir su propia transición o no. Pese a no lograr sus objetivos, quedó como el partido de oposición más fuerte. Dependiendo de cómo se resuelva la crisis en el PRI, 2024 podría ser una sucesión presidencial entre morenistas y panistas, liderando cada cual una alianza de partidos. No cabe duda de que las luchas por el poder se han convertido en transpartidistas…
Está por decidirse si el interlocutor panista emergerá del anayismo, del morenovallismo o de una ‘bisagra’ por parte del panismo tradicional. Mientras los calderonistas amagan con el éxodo de una ruptura rumbo a la asociación anunciada por Margarita Zavala, que también está apostada por crear el ‘auténtico PAN’…
No podía ser de otra manera. Las elecciones arrojaron a los partidos a un escenario de lucha identitaria. Las izquierdas forcejean por determinar quién es la ‘verdadera izquierda’. MORENA y el PRI, por ver quién es el auténtico PRI. El PAN y Libre tironean por convertirse en el ‘auténtico PAN’, mientras en MOREA se baten las ilusiones de aquellos que se consideran los sucesores de Andrés Manuel…
“Bartlett, Rafael y Rodrigo…”
Desde el círculo cercano de AMLO observan con lupa a Rafael Moreno Valle. Sopesan sus posibilidades de encabezar una alianza entre los de Atlacomulco, los tecnócratas y el ala más pragmática del panismo. A Barbosa lo encaminan a acotarlo en el MORENA poblano, mientras López Obrador va dejando en manos de Manuel Bartlett el desenlace local de 2024. Preparan dos cartas para liquidar al mismo tiempo la base de poder de Barbosa y de Rafael. Así como Bartlett tendrá en Carlos Meza a su operador en la CFE y a Ignacio Mier en San Lázaro, tendrá en sus manos decidir quién será la carta que jugarán para la siguiente gubernatura…
¿Rodrigo Abdala Dartigues, que disputará a Martha Érika la conducción política de facto en Puebla, o Alejandro Armenta, su alfil en el Senado? Manuel Bartlett lucha contra un enemigo invencible: La edad. Y Andrés Manuel le está ofreciendo un final digno. Armenta igualmente va sintiendo el paso del tiempo, pero conserva las esperanzas. Rodrigo se yergue como la opción lógica, pero dependerá de si logra hacer algo similar a lo que AMLO le ha hecho a Peña Nieto: Convertir a Martha Érika en irrelevante. La faena no está fácil pues, así como Rafael no es ningún aprendiz, ella tampoco es una improvisada. Vamos a ver cómo transitan las cosas…
Hasta entonces…
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