Subirá el precio del dólar si gana López Obrador; Iván Duque dará marcha atrás a los acuerdos de Paz con las FARC; Gustavo Petro encarna el castrochavismo y convertirá a Colombia en Venezuela; Andrés Manuel es la versión mexicana de Hugo Chávez.
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Las afirmaciones previas -casi siempre tendientes a vincular la situación en Venezuela- son el día a día de las campañas presidenciales de Colombia y México. Sin embargo, detrás de estas líneas argumentativas a las que electores buscan desesperadas respuestas, se esconden la estrategia de campaña de candidatos opositores o actores de élite -como los empresarios-: contagiar e influenciar a los electores de una emoción central, el miedo.
En el caso colombiano este miedo es tangible en el estudio que reveló Jorge Galindo en El País sobre una medición del miedo. La pregunta es concreta, a que le tienen más miedo los votantes:
En el caso de México, el miedo hacia Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha sido una constante desde la exitosa campaña de 2006 del peligro para México, además de las múltiples comparaciones que siempre hacen de él y Chávez, acciones comunicativas que desde aquel entonces le han restado votos al eterno candidato. Aunque a 12 años de aquella campaña, una dosis de miedo fue tangible hace unas semanas en la élite empresarial a través de una sincronizada campaña de empresarios mexicanos -varios de ellos incluidos en la lista de Forbes- que exhortaban a través de cartas y videos a sus empleados y ciudadanos a votar en contra de la opción “populista”, pues auguran un deterioro de la economía.
En ambos países Venezuela, el bolsillo de los ciudadanos frente a una posible devaluación y la Paz, son los temas ancla para inspirar miedo. El miedo como una de las dos emociones constantes en las elecciones de estos países que -quizás- buscarían un rédito de voto útil. En las elecciones de México para que cualquiera de los otros candidatos -vía el voto útil- alcance a López Obrador en su ventaja de 2 a 1 que tiene en las últimas encuestas. En el caso colombiano, el voto útil de aquellos que no votaron por Duque o Petro el pasado 27 de mayo, y que su voz definirá al próximo presidente en la segunda vuelta.
Sin embargo, lo más evidente de ambas elecciones que se acercan al silbatazo final y tiempos extras, es que los ciudadanos tienen un apetito voraz por materializar un cambio. Una sed de cambio que aterriza en procesos electorales con hito histórico: en Colombia la primera contienda presidencial del posconflicto armado y con cero muertes; en México -paradójicamente en contraposición a Colombia- la elección más sangrienta con más de 100 candidatos asesinados, la primera elección con candidatos independientes, reelección, y donde se eligen 3 mil 400 cargos en un único día.
Aunque esta píldora del cambio también atraviesa por las señalas de alarma que está dando la democracia liberal: no goza de buena salud y está en decadencia, como Mounk-Foa lo han diagnosticado recientemente en una brillante reflexión.
Los efectos de la crisis económica de 2008, la herida de la brecha de desigualdad cada vez más abierta y el olor constante de desconfianza a todo y todos, son los síntomas externos que inspiran otra poderosa emoción que se esconde -en medio de la decadencia de la democracia liberal- en los votantes: el enojo, rabia o el hartazgo ante un escenario de
incertidumbre sobre qué va a pasar con el futuro cercano.
En México existe una reciente medición del enojo de los ciudadanos vía un estudio llamado “El Mexicano hoy”, donde revelan interesantes pistas: “existe un enojo creciente entre los mexicanos, ese enojo es social y extendido, por lo que el estado de ánimo de los ciudadanos es pesimista, piensan que viven peor que sus abuelos y que sus hijos vivirán peor que ellos. Y sienten un abandono del gobierno”.
En Colombia el mejor termómetro del votante enojado podría ser visible a partir de las amplias posibilidades que tiene un candidato con un discurso antisistema, de justicia social, y de izquierda, que ha logrado la hazaña de colarse a la segunda vuelta electoral en más de 40 años de gobiernos de derechas, con posibilidades reales de ser el próximo habitante de la Casa de Nariño.
Respuestas fáciles e inmediata a ese enojo y hartazgo suelen ser muy seductoras para los votantes: las hemos visto en otros procesos electorales en las que exitosos empresarios han ganado, también candidatos que han inspirado más fe a través de dosis de autenticidad vía sus estrategias de tecnopolítica en redes sociales. Al final del día eso da una veda de anclaje de seguridad a los ciudadanos en plena etapa del esplendor de la incertidumbre y la desconfianza.
Y es así como los ciudadanos en los últimos meses ante una batalla campal -enojo y miedos- de emociones de los últimos meses de campañas, los domingos 17 de junio en Colombia y 1 de julio en México votarán por su futuro. Un momento delicado en el que está llegando tarde la inspiración de una emoción de esperanza a ambos procesos electorales, entre tanto miedo y enojo que campea en plena era de incertidumbre.
Será interesante observar qué opción emocional elegirán los ciudadanos, aunque será casi un hecho que los llamados a las urnas, buscarán esa emoción con la que se identificaron en meses previos para dar esa respuesta que les parezca mejor a los problemas complejos que tuvieron frente a sus ojos y oídos. Es el atajo fácil de estos tiempos, encontrar esa salida emocional más carismática y sencilla que terminará ilusionando o entusiasmando esos -quizás- aires esperanzadores del futuro.
Sólo hay algo claro en las predicciones del futuro electoral o el días después de: el 18 de junio en Colombia y el 2 de julio en México, se consolidará el cierre de un ciclo histórico y emergerá un nuevo gobierno de alternancia. La pregunta clave para esos días posteriores será ¿Qué tipo de alternancia o mayoría se consolidará? ¿Será la clásica o de suma cero? ¿Será una alternancia de futuro? Una alternancia de futuro es aquella donde se desplaza el modelo de liderazgo presidencial, ya que la fuerza propia de un candidato ya no es suficiente para gobernar.
El futuro es lograr consensos dentro de una grave polarización y guerra de clases, desde lo político hasta lo social. Aquella conocida como legitimidad o licencia social para operar.
Otros links de interés:
Las emociones que mueven el voto por Petro
http://lasillavacia.com/las-emociones-que-mueven-el-voto-por-petro-64555
¿Miedo vs Enojo? de Blanca Heredia
http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/blanca-heredia/miedo-vs-enojo
Cómo las elecciones presidenciales en Colombia reflejan una "guerra de clases" y las profundas diferencias en este país
http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-44233516
Felipe González dice que con la ventaja que AMLO tiene "llega a la orilla hasta nadando de muertito"
https://www.huffingtonpost.com.mx/2018/05/23/mexico-puede-cometer-un-gran-error-si-eligen-a-lopez-obrador-la-frase-que-felipe-gonzalez-no-dijo_a_23441907/
Llamadas telefónicas con mensajes grabados contra AMLO