El uso desmedido por parte de reporteros, comunicólogos y realitys del término “populismo” y “populistas” en la carrera presidencial que pinta determinante para el país azteca y para el cafetero -además del narcotráfico unidos ahora en la acechanza populista- encarnado por un lado, por el líder de Morena y exalcalde de la ciudad de México: Andrés Manuel, y por el otro, también exalcalde del distrito capital y líder de la “Colombia Humana”, Gustavo Petro; se precisa urgente una revisión teórico-pragmática.
El populismo como todos los “ismos” ha terminado designando todo y nada a la vez. La reflexión académica al respecto no ha sido menos prolífica, desde el siglo XIX sociólogos como G. Germani y Di Tella señalaban que “el populismo surge como una ‘anomalía’ u ‘accidente’ en el proceso de transición de la sociedad tradicional a la moderna-industrial, al quedar ciertos sectores rezagados de este proceso, surgen movimientos populares que no se integran al sistema político, sino que adoptan expresiones populistas”. Paralelo a esto, en un efecto de “deslumbramiento” por parte de ciertos sectores sociales distantes del centro (en la relación centro-periferia del desarrollo occidental) serán depositarios de resentimientos y dispersan sentimientos de rechazo y venganza contra el establishment (1).
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Adicional a esta perspectiva funcionalista, Ernesto Laclau lo discute en plano ideológico, y en específico en la cultura política. Señala el afán del líder populista por “crear una identidad popular bajo la concepción homogénea del pueblo como una masa -anulando la heterogeneidad que le caracteriza- en procura de una equivalencia unificadora al líder” (2). Por tal, el populismo se nutre de relaciones sociales y económicas históricamente dispares , y, a su vez, de hábitos políticos emanados dentro del sistema político.
“Hay populismos de izquierdas como el de Evo Morales en Bolivia , Hugo Chavez-Maduro en Venezuela, etc ; y de derechas como Trump en Estados Unidos y Le Pen en Francia”.
Mas, ¿qué tan cercana es la posibilidad de que un populista asuma las riendas de estos países? En México es latente la desafección existente entre diversas capas sociales, que a treinta años de que el PRIAN se alterne el poder político no se ha visto una mejora consustancial. En Colombia la situación no es mejor tras décadas de gobiernos oligarcas.
En ámbitos como el económico y de seguridad los dos países se rajan. Según Forbes, México se ubica como el segundo país con mayor desigualdad entre los miembros de la OCDE (ver aquí) , y la tasa de pobreza oficial es del 55% . En Colombia a juicio de Tomas Piketti “el 20% de los ingresos están en el 1% de la población superando incluso la concentración de riqueza en Estados Unidos” (ver aquí) y la pobreza en términos absolutos es del 46%.
En cuanto al monopolio legitimo del uso de la violencia por parte del Estado, sí que hay que decir!... El crecimiento desmedido de la violencia legal e ilegal por el auge del narcotráfico y de otros actores (guerrillas, paramilitares, etc.) reflejan lo fallido que han resultado las últimas administraciones; además la poca o nula credibilidad de la sociedad civil en las instituciones de ambos países, termina minando la noción weberiana. El pacto por México y las actuaciones de la JEP en Colombia a pocos meses: no logran convencer!
En perspectiva del funcionalismo de Germani y Di Tello, y de la ideología de Ernesto Laclau tal terreno es caldo de cultivo para la emergencia de sectores populares, obreros y campesinos desafectos de la alineación producto de la modernización, y ávidos de un líder carismático y populista que ensalzando a la categoría “pueblo” prometa su redención(…) El discurso retorico, pasional y excitante que promete dar vuelta de tuerca al orden social y económico instituido, invita también a una constante connivencia contra los poderosos.
Así las cosas, una mirada somera a la propuesta económica en México por parte de Obrador, y en el mismo ámbito en Colombia por parte de Gustavo Petro, evidencia congraciamiento con un proyecto populista, al que juntos a su vez, se afanan en desmentir. Recordemos que México ya tuvo la experiencia del cardenismo y Colombia la del gaitanismo (el magnicidio del candidato liberal desató la más grande ola de violencia en el país) (ver aquí).
Una de las propuestas más sobresalientes de Obrador es la de “no aumentar, ni crear impuestos, sacar de la pobreza a 15 millones de mexicanos, ajustar el gasto público y fomentar el consumo de sectores populares por medio de mayor intervención estatal (no nacionalización) (ver aquí), y el repunte a un modelo de energías renovables: punto en que coincide con Petro, quien hace de esta su central apuesta para reemplazar el modelo extractivista y petrolero (hacer de Ecopetrol la empresa petrolera más importante del país la productora de paneles solares), al tiempo que asegura reindustrializar el campo por medio del cultivo de aguacate -vuelve y juega- (ver aquí) y otros productos, y “democratizar” el acceso a la tierra.
Tales propuestas sin duda retumban en los oídos de buena parte de la ciudadanía desafecta, al tiempo que la buena oratoria de estos dos líderes ensalza fácilmente al electorado. Muy bonito y todo las propuestas!... Solo queda una incógnita: ¿cómo reacomodar tamaña estructura económica y política e invertir el orden social jerárquico en tan pocos años (si llegaran a la presidencia)?
Si en algo coinciden las campañas es que no queda claro cómo lo harán –sobre todo Gustavo Petro- dado que son propuestas de largo aliento y las propuestas carecen de un plan de acción a corto y mediano plazo, y no queda claro de dónde saldrá el dinero (Ver aquí).
Queda un recurso por agotar, el de la convocatoria a una constituyente, tal como lo plantea Petro, y como lo planteó la guerrilla de las FARC meses atrás (¿un as bajo manga?). Es evidente que 6 años en México y 4 en Colombia son insuficientes para tal empresa.
Ahora bien, y para cerrar. No se trata de si el populismo es bueno o malo por default, sino más bien de qué propuestas populistas pueden resultar benéficas y cuales aún más nocivas al establishment en estas ya frágiles democracias; que, además de sortear el inmanente avance del narcotráfico, aguardan ahora “incluso con ansias” -la sombra de la dirigencia caudillista- populista, en el entendido de que todo tiempo pasado fue peor (…).
Coincido en que urge un cambio al statu quo, pero tal cambio no debe recaer en un chamán que augure resolver todos los problemas con un perjurio. Más bien, urge una participación dinámica de la sociedad civil que desde su heterogeneidad sea capital potencial de instituir e instituirse dentro y más allá de la institucionalidad.
Notas:
(1)“Democracia representativa y clases populares” (1965), reproducido en G. Germani, Torcuato S. di Tella y Octavio Ianni, Populismo y contradicciones de clase en Latinoamérica, México, Era, 1973, p. 29.
(2) Ernesto Laclau. La razón populista, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2005, 312 páginas.