Es muy probable que usted no haya escuchado mencionar a Paul Kagame, presidente de Ruanda (Rwanda), pequeño país ubicado en el centro de África. Es un país aislado, sin salida al mar, con una renta per cápita baja y un hermoso paisaje montañoso. Es más pequeño que el estado de Puebla y debe su fama a dos factores. Uno es su fauna. La frontera que Ruanda comparte con el Congo y Uganda es el refugio de los últimos gorilas de montaña. Quedan aproximadamente 800. De ellos 600 viven en Uganda y el resto se reparte entre el Congo y Ruanda.
El otro factor que hace a Ruanda tristemente célebre es que en su territorio tuvo lugar el último gran genocidio en la historia de la humanidad. Durante la década de 1990, la población, constituida básicamente por las etnias hutu y tutsi, se enfrascó en una guerra civil de exterminio. La locura se apoderó del país. Incluso los moderados de ambos grupos étnicos fueron asesinados por el simple hecho de buscar una convivencia pacífica entre ruandeses. Alrededor de un millón de personas, básicamente tutsis, fueron ejecutadas de manera sistemática. El mundo contempló el genocidio con indiferencia. La ONU, como casi siempre, actuó demasiado tarde y de forma ineficiente. El genocidio ruandés fue llevado al cine. Allí están como testimonio numerosos documentales desgarradores y la película Hotel Ruanda.
Más artículos del autor
La locura de la guerra concluyó con la llegada al poder de Pasteur Bizimungu, en 1994. Encabezó un gobierno de unidad que no logró pacificar por completo al país. Le sucedió en la presidencia Paul Kagame, quien desde el año 2000 ha gobernado Ruanda, mediante reelecciones. Las manos de Kagame no están limpias de sangre, pues participó en la brutal guerra civil de la década de 1990. Sin embargo, gracias a su efectivo ejército llevó la estabilidad a Ruanda.
Kagame es, sin duda alguna, el líder más brillante del mundo en desarrollo. Tras 18 años en el poder ha creado un milagro. Hombre trabajador e inteligente, ha convertido a Ruanda en uno de los países más exitosos del mundo. El ingreso per cápita de los ruandeses se triplicó en sólo 13 años. Es un país abierto a los negocios y esto se advierte en la magnitud de la inversión extranjera, justo como en los tiempos de don Porfirio. A diferencia de Díaz, Kagame ha creado una red educativa y de salud realmente impresionante. Ha reducido la mortalidad infantil y cada día más ruandeses abandonan el analfabetismo. Las calles de Kigali, capital ruandesa, lucen impecables, libres de basura y de baches. Existe un culto a la limpieza, que se advierte en la prohibición nacional de las bolsas de plástico. El turismo se ha incrementado. El milagro económico y social de Kagame no se sustenta en el socialismo populista, que destruye economías, sino en un capitalismo eficiente y bien llevado.
Por supuesto que el milagro ruandés se ha logrado con autoritarismo, no exento de abusos contra la oposición. Como Porfirio Díaz, los logros de Kagame se sustentan en la supresión de libertades políticas y mediante represión. Lo acontecido en Ruanda es motivo de un gran debate entre los especialistas. ¿Qué hacer cuando el autoritarismo funciona y la democracia fracasa? ¿Es la democracia la mejor opción cuando se corre el riesgo de caer en el populismo depredador? Por supuesto que lo anterior no lo comento en relación con el México de 2018. A fin de cuentas, el autoritarismo bien llevado da frutos, pero también puede generar revoluciones ante la ausencia de opciones políticas.
[El autor es profesor investigador de la Universidad de las Américas -Puebla]