En la vida de los pueblos y de las naciones existen circunstancias que definen su futuro. A esas coyunturas me gusta denominarlas como momentos estelares. De esta manera, la lucha por la Independencia de la Corona Española, la restauración de la República después de la invasión francesa y el estallido de la Revolución Mexicana, pueden considerarse como tres de estos momentos. Por supuesto que sin ser historiador, pero sí después de observar día a día el acontecer político de nuestro país, considero que 2018 será un momento estelar de la historia mexicana, porque en este momento las fuerzas políticas se han alineado en torno a proyectos y a personajes antagónicos.
No tengan duda, José Antonio Meade y Ricardo Anaya terminarán poniéndose, o mejor dicho, los pondrán de acuerdo para enfrentar a Andrés Manuel López Obrador. Desde una visión que intenta ver a la República en su conjunto y no únicamente la permanencia de una élite política en el poder, este año, en unos cuantos meses, la sociedad mexicana tendrá que definir entre estas dos opciones, que realmente son opuestas y que cada una de éstas, llevaría al país por senderos diametralmente distintos. Meade y Anaya representan la continuidad del deterioro social que ha caracterizado a los gobiernos panistas y priistas; López Obrador la posibilidad de una transformación profunda. Decir que MORENA es la esperanza de México de ninguna manera resulta superficial.
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La sociedad aparece inmersa en una enorme descomposición en todos los órdenes de la vida pública, me refiero a aspectos económicos, políticos y sociales. Por ejemplo, la descomposición en materia de seguridad proviene de conductas indebidas que fácilmente evolucionan en conductas delictivas, una situación que ha rebasado a las autoridades de todos los niveles. Nosotros, a diferencia de Meade y Anaya, creemos en un crecimiento económico que sirva para combatir la pobreza y la desigualdad que imperan en nuestro país, para mejorar las condiciones de vida de la mayoría de todos. Siempre habrá quienes tienen poco, medio y mucho, pero todos debemos tener lo suficiente. Estoy convencido que la felicidad no es la acumulación de bienes materiales, sino es la plenitud; es vivir en una sociedad en donde las libertades se respeten y donde la justicia se aplique. Así entendemos que debe ser el papel de la autoridad. La política debe volver a ser una actividad que enaltezca al hombre, que provoque beneficios para todos, no aquella actividad de la cual se benefician los gobernantes, sus familiares, socios y amigos. México no puede permitir que sus gobiernos sean generadores de gobernantes enriquecidos de manera descomunal, por un asunto de corrupción.
Para devolverle el sentido ético y moral a la política, hay que quitarle la frivolidad y todo lo provoca el rechazo de la sociedad a los políticos. México y Puebla requieren una transformación. No podemos permitir que Rafael Moreno Valle sea por tercera ocasión gobernador, que su proyecto personal y familiar prevalezca. Nunca más un gobierno que espíe o que utilice el poder para la venganza. El poder y su ejercicio tienen una máxima: velar por el interés general. XXX TWITTER: @MBarbosaMX