En un país como el nuestro hacer malabares es cosa de todos los días y de todos los lugares. Te encuentras con personas haciendo malabares casi en cada esquina. Se presentan ante nosotros con variadas formas y diferentes habilidades, algunas como pasatiempo en el que quieren lograr excelencia, probablemente algunas como víctimas de trata de personas (la famosa esclavitud del siglo XXI) y de la “delincuencia organizada” que expande sus ramas cual hiedra venenosa, apoderándose de todos los espacios ante la indolencia, incapacidad o la complicidad de las autoridades; otras como modus vivendi o autoempleo sin compromisos, horarios o requisitos difíciles de cumplir: algunas más como opción ante la dificultad para conseguir un empleo y el fracaso del gobierno mexicano para fomentar la inversión, tanto nacional como extranjera, para crear fuentes de trabajo que brinden mejores condiciones de vida y oportunidades de desarrollo individual a los hombres y mujeres de nuestro país.
No podemos dejar de lado que para otras más es su última opción debida a situaciones de violencia física, psicológica o sexual vividas en sus hogares desde edades tempranas y que las llevó a salirse de sus hogares enfrentando una situación de calle, desafortunadamente con la imposibilidad de las instituciones mexicanas para resolver una problemática tan grande y compleja.
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De todo este universo de casos, el más doloroso debe ser el de los migrantes nacionales, personas que vienen de los lugares más alejados de nuestro país, familias enteras que en la búsqueda de oportunidades terminan en un crucero con una nariz de payaso y unas pelotas haciendo malabares para dos o tres choferes que en sus autos, si lo deciden, volteen la mirada hacia otro lado o que tal vez, “disfruten” o se conmueven ante el espectáculo y deciden entregarles unas cuantas monedas. Es verdaderamente indignante que, mexicanos como ustedes y yo, tengan que vivir teniendo una pelota en el aire y tomando dos más.
Aunque no es de extrañar dada la difícil historia y la dura realidad de nuestro país, llena de discriminación, ciudadanos de primera y de tercera, desdén por la pobreza, rechazo a los indígenas y a la piel morena, reverencia a la piel clara estereotipos de raza y de género, machismo, violencia intrafamiliar, culto o rezago educativo, corrupción, politiquería, clientelismo y populismo.
De hecho este fenómeno no se queda en las esquinas de las grandes ciudades, está en todas partes, sin nariz de payaso o pelotas en el aire, la mayoría de los empleados de las empresas tienen que hacer malabares para conservar sus empleos, amén de los malabares que tuvieron que hacer para obtenerlos, obviando el tremendo hecho de los sueldos terriblemente bajos (el sueldo mínimo en 2017 es de apenas $80.04 pesos diarios, mientras que en Estados Unidos el mínimo federal es de $7.25 dólares por hora, es decir, $58 dólares diarios)[nota]. Los servidores públicos no tienen mejor suerte, teniendo que aguantar a jefes ineptos que obtienen sus puestos por favores políticos, ineptitud, extorsión, ignorancia, burocracia tribulada, compadrazgo, usuarios del servicio que exigen más cada vez porque llevan años recibiéndolo todo de parte del gobierno a cambio de un voto.
Al parecer las plagas sociales y políticas lo cubren todo y hacen de este país, un lugar en que hay que hacer malabares para vivir o para sobrevivir.
Nota: www.cdn.com.do › Nacionales › Económicas Consultado el 07 de noviembre de 2017.
https://www.datosmacro.com/smi/usa Consultado el 07 de noviembre de 2017.
http://www.adn40.mx/noticia/finanzas/nota/2017-08-08-18-06/-como-luce-el-salario-minimo-de-mexico-comparado-con-los-de-estados-unidos-y-canada-/ Consultado el 07 de noviembre de 2017.