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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La reconstrucción huele a botín

Los constructores preparan sus planes y ya afilan sus uñas. Alcaldes y gobernadores igual.

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Sábado, Septiembre 30, 2017

Transcurrido el susto y la emergencia, justo es revisar el terremoto y sus secuelas en el país. Y entresacar, con un imaginario bisturí, los temas que quedan para la reflexión.

Uno que domina es la desconfianza de la gente en sus autoridades. Y no digo sus representantes ya que los hechos y las encuestas revelan que el grueso de la sociedad no se siente representada por quienes están en el poder.

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A su modo, la comunidad se volcó en ayuda. Y lo hizo con  más corazón que organización y disciplina. Explicable en estos casos. Pero aleccionadora la respuesta cálida y masiva, por lo que pudiera venir más adelante. Sobre todo porque en tales casos el tiempo es vida.

Como consecuencia de lo anterior, hubo leves disputas entre rescatistas y policías, sobre todo en la ciudad de México, respecto del control de operaciones. Por fortuna no llegó la sangre al río.

La clase política definitivamente no se apareció. Y resultó lo más prudente para todos. Eso evitó confrontaciones que pudieron ser violentas. Quienes lo intentaron, como Osorio Chong, pagaron caro su osadía. El presidente Peña lo hizo en escenarios bajo control. Estuvo en Oaxaca, Morelos y Puebla, no osó abrirse paso en la capital. Eso da idea exacta de la temperatura social.

Peña Nieto siguió puntualmente el guión del caso. No representaba trabajo. Se concretó a actuar exactamente al revés de como lo hizo Miguel de la Madrid en 1985. Salida rápida y canalizar toda la  respuesta del gobierno con ejército, marina,  bomberos, policías y empleados. Hizo lo debido, nada extraordinario.

En nuestro país hace falta insistir en llamarle a las cosas por su nombre. Suena zalamero que le carguen al señor Peña laureles de gloria. Ni los necesita y quedan mal los medios y seguidores que así proceden. Simplemente actuó con prontitud y atingencia.

Tampoco en ese gran ejército popular solidario y rescatista brotaron héroes. Simplemente sensibles y excelentes mexicanos que hicieron lo que el  deber y la  conciencia imponen en tales casos.

La retórica de ciertos medios que todo lo banalizan o pretenden convertir en show, con frecuencia reparte superlativos a tontas y locas. Y luego se ve que casi agotan el diccionario por vender notas y crónicas de color amarillo chillante.

En eso cayeron  Lorét de Mola y Denisse. Una estúpida banalización cuando la tragedia imponía rigor hacia lo realmente importante.

Jorge Castañeda cita una encuesta de GEA-ISA levantada entre el 8 y el 23 de septiembre, en la que se muestra que la presencia del presidente en los escenarios de la tragedia no modificó su popularidad: 78% lo desaprueba y 16% lo aprueba.

La calificación a su gobierno resultó mejor, aunque no para echar las campanas a vuelo: 56 por ciento dice que reaccionó bien y 42 por ciento mal.

¿Pudo haber sido mejor el papel del presidente? Nos parece que sí. Y de modo notable. Si le da una eficiente lectura a la reacción social y crea un órgano con hondo acento social para manejar los fondos y la reconstrucción, otra hubiera sido su cosecha.

Optó por integrar un binomio con los empresarios para ese propósito, cuando todos sabemos que donde aparecen obras y construcciones, surgen de inmediato los busca-contratos y todos los escualos de la construcción.

Es muy fino (y cínico) el olfato de los empresarios de la construcción en casos como los temblores y las inundaciones. Huelen inversiones y paran las antenas. Se acercan primero con bondadosas operaciones de asesoría, maquinaria y algo de material de construcción. Al final enseñan la afilada dentadura, en acuerdos bajo la mesa con quienes manejan esos recursos.

No sé por qué suelo imaginar esa etapa de las tragedias con un sentido gráfico. Imagino aves carroñeras que bajan en parvadas a encajar garras y picos ahí donde hay generoso botín que tiene por destino a los desvalidos. Una gruesa colcha de beatitud cubrirá las acciones y pocas serán las huellas visibles cuando de dar (lo que no es suyo) se trata.

Brotarán las heces en el siguiente sexenio o en un nuevo temblor.

Alcaldes y gobernadores sacaron también las uñas para capitalizar descaradamente el momento de dolor y destrucción. Los días por venir, con elecciones a mediano plazo, serán una especie de tribunal o juicio donde la ciudadanía podrá cobrar afrentas.

El manejo de la reconstrucción y la millonaria suma  que representa será un tema que seguramente sacará chispas en el futuro cercano, sobre todo porque tiene la sartén por el mango el presidente y todo ello forma una excelente bandera para campaña de los grupos opositores.

La oportunidad era magnífica para traducir en hechos el discurso de la transparencia y la rendición de cuentas desde la presidencia. Todo indica que no será así.

Serán los clavos del ataúd.

xgt49@yahoo.com.mx

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