Nellie Campobello nació el 7 de noviembre de 1913 en un poblado de la sierra de Durango llamado “Villa Ocampo”, se hizo célebre como bailarina y coreógrafa empezando sus ejercicios dancísticos en los años de su primera juventud, deleitando con su danza, siendo prácticamente todavía una niña al público que la aplaudía y que se conformaba fundamentalmente con integrantes de la colonia norteamericana que habitaba por aquellos tiempos en Parral, Chihuahua, localidad a la que se había trasladado su pequeña familia, jefaturada por su madre, según se desprende de sus obras narrativas “Cartucho” y “Las Manos de Mamá”.
Integrante de la generación de 1915 conocida con el sobrenombre de “los siete sabios de México”, don Antonio Castro Leal señala que la vocación literaria de Nellie Campobello habría nacido antes que su vocación por la danza, aun cuando, fue en ésta última expresión artística, en la que ella encontraría un especial renombre, mismo que sólo sería opacado por el sórdido episodio de “página roja” que ha rodeado el misterio de su desaparición.
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Mi madre solía hacer remembranzas sobre la enorme capacidad de evocación y de expresión verbal con su abuela Josefa Merino Andrade de Merino cuando le narraba en su infancia los episodios de la “Guerra Civil” como aquellos que resultaban concernientes a la “decena trágica”, o bien, el terrible episodio de una hija que muriera en los años infantiles, así como la incidental y accidentada presentación en Tecamachalco, Puebla, de Ángela Peralta “El Ruiseñor Mexicano” ante un público absorto y entusiasmado.
Íntima añoranza que me recuerda los breves episodios de la “Revolución Mexicana” que Nellie Campobello escuchara de su madre y que recoge en “Cartucho”, entre los que llama poderosamente mi atención por dos motivos, el de la señora oriunda de la ciudad de Chihuahua que despide en el “Teatro de los Héroes” del general Felipe Ángeles, encargándole comedidamente que diera sus saludos a su finada hermana cuando estuviera en el cielo; una de ellas es porque otra gran escritora, Elena Garro, recoge ese episodio en la pieza teatral que escribiera sobre el “Consejo de Guerra” seguido al General, el otro, es por la enorme distinción que me ha dispensado de algún tiempo acá don Tomás Ángeles Dawahare al brindarme su amistad que en mucho aprecio.
En “Las Manos de Mamá”, una mujer que ha quedado sola y al cuidado de sus hijos, salva a uno de ellos del fusilamiento, atiende a heridos caídos en batalla, es la fuerza que sostiene a sus hijos, y recibe los sutiles galanteos del capitán Rafael Galán de quién recibe nardos y la despedida de un “joven que busca la muerte abrazado a su destino”; la enorme curiosidad de los varones en relación al monólogo interno de una mujer cortejada se disipa en el emotivo texto de esta enorme y deslumbrante escritora y bailarina, quién finalmente, despedaza con sus manos a la imagen de la “Virgen de la Soledad” por no haber evitado el deceso de una hija menor.
En su prolífica carrera de coreógrafa, colaboraría con escenógrafos que hoy son leyenda en la historia de las artes escénicas de México como David Antón, o Antonio López Mancera y terminó por allegarse de una formidable colección de piezas pintadas para tal efecto por muchas de las más destacadas figuras de la plástica nacional: Siqueiros, Orozco, Fermín Revueltas; tráfico que, dicho sea de paso, siempre fue caro al mentor de sus últimos días, el finado abogado Enrique Fuentes León, según bien puede rememorarse en el relato de la autoría de un servidor “El Retablo del Perdón”.
Nellie Campobello me conmueve por mil motivos, me evoca a Suzi, admirada amiga compañera de escuela, nacida otro 7 de noviembre, y madre de una enorme bailarina de ballet que hoy danza en el cielo, víctima de la enfermedad que abatió a la hermana de Nellie Campobello y que motivó el airado arrebato, siempre momentáneo de su madre contra la infinita gracia y misericordia de Nuestra Señora; otro motivo más y que cobra relevancia tras el trágico suceso que envolvió el secuestro y posterior homicidio de Mara Castilla en Puebla, es la impunidad que ha rodeado el misterio de su desaparición habiendo sido vista con vida la última ocasión en compañía de Fuentes León, señalado, por lo demás, con precisión de circunstancias por diversas fuentes, entre las que destaca la voz siempre valiente del ex senador Humberto Hernández Haddad, quien como diplomático informó y documentó la relación de éste en los terribles sucesos que cimbraron al país en el trágico año de 1994.