Semana poliédrica esta que se fue.
Arrancó con el informe presidencial número 5 de Peña Nieto. Una práctica obsoleta, pieza de museo caduco.
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Cierto, la ley ordena una rendición de cuentas. Pero un ejercicio honesto y moderno debería ser al menos eso: Explicar los aciertos y los yerros. Con un acento republicano, que incluye la autocrítica. Y mejor aún si tuviera un formato democrático como en otros países.
Realmente un diálogo entre poderes y de cara a la sociedad.
No, es una fiesta de autoalabanzas con invitados a modo. La fiesta del cumpleaños presidencial con sus amigos aplaudidores.
Un anfitrión que narra la vida de un país de fantasía, que desde luego no es México.
Que canta y cuenta relativos aciertos, pero que deja de lado lo incumplido y lo más grave, el estado de cosas real, el piso donde estamos todos. Un enorme panteón, herencia corregida y aumentada de Calderón el de las pretensiones dinásticas.
Solo levísimas alusiones al clima sanguinolento con su secuela de impunidad.
Nada de los anchos territorios gobernados por los cárteles cobra piso, asalta trenes, huachicoleros, secuestra gente y lava fortunas.
Nada de la corrupción por supuesto. Ni reconocimiento de errores ni propósito de enmienda.
El reino de la impunidad indemne.
Luego, la frustrada pretensión de imponer a Raúl Cervantes como Fiscal de la República durante sexenio y medio, como guardaespaldas presidencial. El capricho exhibió al PRI y lo empujó a ser el centro del escándalo. Lo hizo morder el polvo frente a panistas hipócritas aliados de la mano que hoy muerden.
Amanuenses del Pacto por México del que hoy reniegan.
Sainete mal armado desde la cúpula. Si el presidente ya había enviado una iniciativa anulando el pase automático de Procurador a Fiscal, ¡para qué diablos todo el teatro que llega al punto de partida!
La frustrada maniobra protectora transexenal tuvo un saldo saludable: reactivó a sectores de la sociedad en torno a una causa democrática. Y deja llano el camino para más luchas.
Todo este escándalo fue felizmente capitalizado por Ricardo Anaya. El capitoste panista, mostrado como un creso producto del tráfico de intereses en su andanzas por el poder, usó la polvareda en su provecho.
Escondió su cinismo y se dio baños de pureza. Desvió la atención del escándalo que rodeaba su mágica fortuna y se subió al carro de los triunfadores.
Vino después el cohetón lanzado en Oaxaca por maestros de la CNTE a un helicóptero de la comitiva presidencial. A punto estuvo de provocar una gran tragedia con saldo de muertos y heridos. Un ejemplo más de que la impunidad vuelve más osado al delincuente.
Aplicar la ley no es represión. Atacar con fuego no es protesta legítima.
Cuando el estado cede el uso legítimo de la fuerza que la ley le confiere, pone en medio y en el abandono total a la sociedad toda.
Y para concluir el sismo, rodeado de cuatro tormentas y huracanes que golpean a lo más vulnerable del país.
Han funcionado con buen grado de avance las medidas de prevención y protección a la población, hay que admitirlo. Obra de la sociedad toda, gobiernos incluidos. Hay víctimas mortales, por fortuna menos de lo que en otros tiempos tragedias similares han dejado.
Y dentro de la negrura, una pequeña luz que ilumina el sendero del optimismo. Me refiero a los XV años que cumple ahora este portal donde usted lee a diario noticias y comentarios, “e-consulta”.
Es un notable esfuerzo que inauguró hace 15 años como una novedad el periodista, colega y amigo Rodolfo Ruíz y un pequeño grupo de creyentes en su causa.
Pionero en todo el país en el para entonces novísimo modelo de periodismo con nuevas herramientas y formatos, perseveró en el intento. Y su tesón da frutos, al ser este espacio confluencia de ideas y visita obligada de miles y miles de lectores.
Tarea persistente, testaruda, y no fácil. Precisamente por eso tiene un valor.
No un precio, sino un valor.
Estimado Rodolfo, para ti y tu equipo, ¡un abrazo fraterno…!