Seguramente usted ha escuchado mencionar la novela “La cabaña del tío Tom”, escrita por la asombrosa Harriet Elisabeth Beecher Stowe. Esta escritora abolicionista de Connecticut fue la primera persona en la historia en escribir un auténtico best-seller. Su condición de mujer hace doblemente admirable su logro. La novela, publicada en 1852, se convirtió en uno de los libros más leídos de todos los tiempos. A escasos tres años de su publicación, la obra ya había sido traducida a los idiomas más importantes. En todo el siglo XIX sólo la Biblia vendió más ejemplares que “La cabaña del tío Tom”. Fue el primer libro en superar el millón de ejemplares vendidos en la Gran Bretaña. Sin embargo, lo más trascendental con respecto a la novela no fueron las ventas, sino la influencia que tuvo en la historia de la humanidad.
“La cabaña del tío Tom” describe con una magnífica sensibilidad los sufrimientos de los esclavos en el sur de Estados Unidos. Hay varias historias de vida que se entrelazan en sus líneas, como la de Eliza Harris, quien huye de la esclavitud con su bebé en brazos, cruzando un río helado y evitando a los feroces mastines. Sin duda, el personaje más querido es el tío Tom, un esclavo bonachón, noble, dispuesto al sacrificio. Es incapaz de matar a una mosca. El tío Tom acepta con sumisión su condición social. Pese a los malos tratos, nunca desafía a los blancos. Ni cuando su amo lo asesina a golpes, el esclavo manifiesta la intención de defenderse.
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“La cabaña del tío Tom” vio la luz en el momento más oportuno. Soplaban los vientos de guerra. Norte y sur de Estados Unidos se encaminaban hacia una feroz guerra civil. Sería el mayor conflicto bélico del siglo XIX. La novela creó conciencia sobre los males de la esclavitud y dio vida a una generación de enemigos del sur. Las masas del norte clamaban por el fin de los esclavistas, enardecidas por lo que habían leído. En gran medida, el triunfo electoral de Abraham Lincoln fue resultado de “La cabaña del tío Tom”.
La novela tuvo efecto en nuestros días. En la actualidad, uno de los peores insultos que un negro puede proferir a otro es “tío Tom”. Decirle “tío Tom” a un negro es acusarlo de servil, de carecer de conciencia de clase, de trabajar para los blancos en espera de migajas. Los negros estadounidenses denigran como “tío Tom” a su compañero de raza que carga maletas o que atiende la mesa de blancos siempre con una amplia sonrisa en la boca. Es decir, un individuo que a cambio de monedas se denigra. Eso es un “tío Tom” en la actualidad.
Pues bien, recientemente hemos contemplado el encumbramiento del Dr. Tom, el hombre más despreciable del mundo. ¿Quién es él? Se llama Ben Carson. Es un neurocirujano de primer nivel que, ansioso por ocupar un cargo público, terminó como secretario de vivienda de Donald Trump. Se trata del único negro con un puesto de importancia en la administración estadounidense. Rodeado de blancos, sonríe a quien se le aproxima, siempre con humildad, procurando preservar el cargo que detenta. Se especializa en elogiar a Trump.
Este Dr. Tom representa la bajeza humana, la capacidad de humillación con tal de permanecer cerca del poder. Hace unos días, Trump enardeció a Estados Unidos y al mundo al negarse a condenar a los neonazis y racistas que golpearon a manifestantes y que los arrollaron con un vehículo, provocando la muerte de una joven activista. De inmediato, la comunidad negra se movilizó para criticar al presidente. Admirable fue la reacción de Ken Frazier, negro que encabeza la empresa farmacéutica Merck. Renunció al consejo de asesores de negocios de Trump. Varios otros siguieron su ejemplo. Pero el Dr. Tom no. Allí sigue, humillándose ante racistas que lo desprecian. Quién iba a pensar que el tío Tom reencarnaría en un neurocirujano.