El presente análisis tiene afán totalmente respetuoso y constructivo, y por tanto, obligadamente posee soporte científico y técnico:
De principio, en las 216 páginas del Nuevo Modelo Educativo de la SEP federal, en ninguna de sus partes aparecen dos imprescindibles soportes de naturaleza científica y técnica. ¿Cuáles son?:
Más artículos del autor
Primero: Carece de las definiciones real y nominal de esa especie de pleonasmo –uso innecesario de palabras- que se ha dado en llamar al “concepto” “aprender a aprender”.
Segundo: El entrecomillado concreto del columnista a la palabra “concepto”, implica que ni etimológica ni gramaticalmente hay un término que como tal defina “aprender a aprender”.
Entonces, si ni lo uno ni lo otro hay, el nuevo modelo “educativo” incurre en un error subsecuente: tampoco define qué es educar, y entonces, éste resulta más bien anti-educativo.
¿Por qué anti-educativo? Porque omite lo fundamental: definir qué es educar.
Si partiera de la definición de lo que es educar, entonces forzosamente asumiría que este vocablo deriva del verbo grecolatino ex ducere, donde “ex”, significa sacar y/o extraer lo mejor de cada uno, de cada persona, de cada alumno.
¿Qué es lo mejor de cada alumno? Desde luego, su potencial intelectual y sus capacidades operativas individuales.
O sea que en esas circunstancias, en términos legales y prácticos, jurídica y pedagógicamente el “modelo” carece de lo que ordena el 3° Constitucional:
“La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente, todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”.
Es este el ordenamiento global-integral que establece el 3° Constitucional, y que –se insiste- el nuevo Modelo “Educativo” omite.
Así, en términos prácticos y desde los puntos de vista psicológico, lógico y gnoseológico, otro de los graves errores en que incurre “aprender a aprender”, radica en que además omite o se salta el fenómeno psicológico previo al aprender: o sea, el “aprehender”.
¿Qué significa aprehender? Transitar de las formas externas de todo lo existente, para ir a su esencia oculta, y extraerla. Es decir, extraer lo que no es visible; lo que no captan los sentidos externos y que sólo lo capta la inteligencia, con el soporte de los sentidos externos e internos.
¿Cuál es esa esencia? Se subraya: lo que no captan los sentidos externos; lo que no es visible ni palpable para los sentidos externos. Lo que solamente es inteligible, con la aplicación y ayuda de ambos: de los sentidos externos e internos.
Esto no lo logra “aprender a aprender”, porque de inicio omite la operación psicológico-intelectual llamada APREHENDER –con H intermedia-.
¿Qué diferencia hay entre APREHENDER y APRENDER?
Mientras la primera significa el acto por el cual la inteligencia extrae –abstrae- la esencia oculta por las formas externas de todo lo existente –sea material o inmaterial, visible o no visible, aprender implica reforzar y conservar aquello que la mente o el intelecto aprehendió y por tanto entendió previamente.
Sí, justo el procedimiento que Albert Einstein siguió para transitar de las manifestaciones externas de los fenómenos físico-lógico-matemáticos –de la fórmula de la energía-, para seguir con el descubrimiento de la energía atómica –invisible-; seguir con su Teoría de la Relatividad –también invisible-, y finalmente llegar a su Teoría del Todo Unificado –también invisible-.
Eso Albert Einstein no lo hubiera logrado con “aprender-aprender”.
OMITE “APRENDER A APRENDER” LAS OPERACIONES FUNCIONALES DE LA INTELIGENCIA
“Aprender a aprender” omite de inicio las operaciones funcionales de la inteligencia humana, justo de las que científicamente se ocupan la Psicología, la Lógica y la Gnoseología –Teoría del Conocimiento-.
Lo anterior se confirma en una de las tantas pretendidas “definiciones” de “aprender a aprender”, entre las que destaca la siguiente:
“Aprender a aprender supone (¿supone?) disponer de habilidades para iniciarse en el aprendizaje y ser capaz de continuar aprendiendo de manera cada vez más eficaz y autónoma de acuerdo a los propios objetivos y necesidades”.
Como se notará, esta “definición” omite precisar a qué “habilidades” (intelectuales) se refiere, y al mismo tiempo, omite cuáles son los fenómenos psicológicos, lógicos y gnoseológicos que se requiere activar –y de los que el educando debe estar consciente-, para primero aprehender y enseguida aprender.
Se trata de ausencias y carencias graves que la SEP federal debe corregir, antes de que el sistema siga generando los pésimos resultados que a continuación citamos, y que mantienen al país en el subdesarrollo.
ASÍ COMO ESTÁ, “APRENDER A APRENDER” NO RESOLVERÁ EL PROBLEMA EDUCATIVO
Así entonces y sólo desde lo psicológico-intelectual, el “aprender a aprender” no tiene con qué para propiciar la ejercitación y desarrollo de las tres operaciones de la inteligencia “del ser humano” (ni siquiera la primera de las tres intelectuales).
Justo debido a tales ausencias, es que de acuerdo al estudio denominado “Habilidades lingüísticas de los estudiantes de primer ingreso a instituciones de educación superior”, practicado por la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES), ésta se encontró con el siguiente “drama” educativo a nivel universitario:
“Los jóvenes llegan a la universidad sin comprender lo que leen”.
Explica el documento que “…al ingresar a la universidad no se domina el Español, y esto los incapacita para entender lo que leen; no pueden redactar un texto con coherencia, y no logran abstracción intelectual, ni éxito en el estudio”.
El análisis contiene éstos datos:
- El 65% de primer ingreso no conoce a fondo la lingüística del Español.
- Sólo 9% sabe y domina ortografía y acentuación, y 43.2% es incapaz de dar forma a un texto.
- La cifra más alta es en comprensión auditiva: 72% no comprende lo que escucha.
- Todo lo anterior se debe a la precaria formación en los niveles previos a la universidad.
De acuerdo con la ANUIES, el estudio fue aplicado a más de 4 mil 500 jóvenes de primer ingreso de once instituciones: siete públicas (UNAM, Autónoma Metropolitana, Pedagógica Nacional, Escuela Nacional de Antropología e Historia, Centro de Investigación y Docencia Económicas, Instituto Nacional de Bellas Artes y el Tecnológico de Estudios Superiores de Ecatepec), y cuatro privadas: Instituto Tecnológico Autónomo de México y las universidades Iberoamericana, Anáhuac e Intercontinental.
En consecuencia y en función de lo esencial del 3° Constitucional, a lo más que se acerca la frase “aprender a aprender”, es a intentar y suponer un aprendizaje autodidacta, cosa por demás sin bases en un sistema educativo cuya premisa jurídico-psicológica ordena propiciar “…el desarrollo armónico de todas las facultades del ser humano”.
Y esto porque por sí mismo “aprender a aprender” –se subraya- carece de bases psicológicas, lógicas, gnoseológicas y pedagógicas para lograr “el desarrollo armónico de todas las facultades del ser humano” que establece la Constitución.
Quien guste y quiera con bases psicológicas, lógicas, gnoseológicas y pedagógicas confirmar o cuestionar lo aquí señalado, puede acceder al Nuevo Modelo Educativo con sus 216 páginas, en el siguiente link: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/198738/Modelo_Educativo_para_la_Educacio_n_Obligatoria.pdf