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Archivos eclesiásticos de Puebla | Alejandro Serrano Núñez
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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Archivos eclesiásticos de Puebla

Alejandro Serrano Núñez

Alejandro Serrano Núñez es licenciado en mercadotecnia por la Universidad Iberoamericana Golfo-Centro. Estudió restauración y conservación de arte y antigüedades, especialidad en obra de caballete y mobiliario con el maestro restaurador Dr. Ángel de Márquez, 2014 – 2016. Actualmente cursa la Maestría de Estudios Históricos por la UPAEP

 

Jueves, Julio 20, 2017

Desde hace un par de años surgió en mí el interés por estudiar un grupo de oleos que se encuentran en una de las principales iglesias del centro de la ciudad de Puebla, tras una plática con el entonces prepósito de la congregación residente del templo me fue permitido el fotografiarlas para un examen más minucioso y para no molestar a los sacerdotes en sus aposentos con futuras visitas.

Avanzadas ya un poco más mis investigaciones y con diversas teorías planteadas sobre su procedencia y autoría de los lienzos procedí a pedir autorización al ahora nuevo rector de la congregación para consultar su archivo documental, esto para indagar en sus textos sobre información y datos relevantes que me llevaran a abrir nuevas puertas de mi investigación. Planteado el tema al sacerdote, unos veinte o treinta años más joven que el anterior con el que se me  había permitido el acceso, me dio la afirmativa de poder consultar, no sin antes avisarme cuándo pudiese ir y empezar con el trabajo –el acuerdo fue que él se comunicaría conmigo en los días siguientes –.

Mi entusiasmo era enorme y esperé la llamada de confirmación durante un par de días, que se convirtieron en un par de semanas, un tanto ansioso por la situación decidí escribirle un par de mensajes al sacerdote, este par de mensajes se convirtieron en una gran cantidad que fueron dejados en visto mas no contestados; mi ansiedad comenzó a tornarse en desesperación cuando las semanas se volvieron meses, decidí buscarle en la parroquia en donde se me dieron largas y negativas, el padre se me escondía.

No entendía yo el por qué de su repentina desaparición aunada a su total ignorancia de mis mensajes y visitas, ¿le habría molestado algo? ¿Dije o le sugerí algo le que ofendió? En realidad desde mi punto de vista había actuado con decoro y respeto hacia su persona e institución, es más había actuado con entusiasmo y ánimo para con una causa loable y noble,   por mi parte seguí avanzado en mi investigación con consultas a otros archivos como el histórico municipal y otras bibliotecas de renombre de la ciudad, sin embargo tras varios meses mi línea de investigación estaba varada y con grandes huecos, había ya agotado las fuentes primarias a mi disposición y no tenía más que insistir para con el sacerdote escurridizo.

Por fin y tras varios días de asecho logré un acercamiento con el joven sacerdote, literalmente lo sorprendí en el atrio de la iglesia un lunes –su día de descanso- haciendo labores de limpieza, le saludé y con un seño pequeño de molestia de su parte me escuchó, por fin me dio cita para el final de la semana y lograr algún tipo de acuerdo, el día llegó y yo con investigación en mano, con datos y nombres importantes bajo el brazo llegué a la cita, a la cual el padre no llegó, frustración de nuevo.

La frustración se convirtió en terquedad y por momentos en enojo, ¿por qué no quiere que consulte su archivo? ¿Qué secretos guardarán? Al final encausé mis esfuerzos en la burocracia eclesiástica y en las llamadas en nuestro país “palancas”, me avoqué a encontrar una veta por donde llegarle al padre y al final por la prima de una amiga como coloquialmente se dice tuvo llegada mi petición a un alto jerarca de la iglesia, un obispo para ser específicos, este que casualmente había surgido de la misma congregación a estudiar.

El obispo amablemente tras evaluar mi caso contestó escuetamente: “ya le comenté al prepósito y se contactará contigo”, simple y llanamente mi entusiasmo resurgió con estas pocas palabras. Como sabía por el contexto antes planteado el sacerdote no me buscaría, decidí escribirle de nuevo a espera de una respuesta, la respuesta llegó por fin casualmente de manera especialmente amable, espero que la intervención del alto jerarca no haya sido muy severa, o quizá fue simplemente una recomendación a la cual no pudo rehusarse, la cita sería al día siguiente.

Para denotar la seriedad de mí investigación decidí prepararle un pequeño texto integrando los principales puntos a tratar y los principales objetivos de mi investigación, mi planteamiento ha sido el siguiente:

Primero la importancia del archivo eclesiástico -del cual son depositarios- y sus contenidos, Vivas Moreno y Pérez Ortiz nos dicen que los archivos eclesiásticos son considerados como custodios del camino por el que la iglesia (principalmente la católica en el caso de nuestro país) a lo largo de los siglos y que deben de ser tenidos en cuenta como bienes culturales de singular magnitud, en ellos no solo se concentran los archivos parroquiales como los registros de bautizo que la mayoría de las personas piensa (cabe resaltar que son de invaluable importancia para aspectos como las investigaciones biográficas por citar un ejemplo) sino que se encuentran gran variedad de acervos que narran muchas de las tradiciones y costumbres centenarias de las diversas regiones, documentos que nos llevan a escuchar los cánticos centenarios de monjes en los fondos musicales o a la alegría y gozo de las fiestas de los santos con toda su pompa y magnificencia.

En los archivos podemos encontrar series documentales sobre las capellanías y obras pías, enterarnos de las herencias de acaudalados comerciantes cedidos al clero para su aprovechamiento y con esto quizá salvar su alma gracias a las misas y rezos recibidos a cambio, podremos encontrar también importantes documentos provenientes de Roma como bulas y breves, dando certeza jurídica eclesiástica de la instauración de alguna congregación o dando fe de que la reliquia de algún santo (quizá una parte de su cuerpo o quizá tan solo de su ropaje ) son verdaderamente provenientes del mismo, o quizá encontremos testamentos de aquellos miembros de la parroquia o de la congregación que han sucumbido y que en ellos delegan a sus compañeros sus bienes materiales que pueden ir desde enormes y magnificas obras de arte hasta la de la herencia de la cuchara con la que solía comer y que era su única pertenencia.

Son también fuente incalculable de documentos de valor financiero, en donde se llevaban cuenta de los diezmos y donaciones hacia la iglesia, y también del registro de las bodas que con las reformas decimonónicas emigrara hacia el registro civil junto con el registro de los nacimientos, en fin podría abundar más y más en la infinidad de documentos que se encuentran en los archivos de esta índole, sin embargo el meollo de este asunto es hacerle ver al sacerdote que aquel montón de papeles mal guardados en el rincón de una habitación húmeda no son más que la identidad de su congregación, son fuente de invaluable información que cimienta lo que hoy les da fuerza como institución, y también nos da gran cantidad de datos acerca  de cómo vivíamos, de cómo disfrutábamos las fiestas, hasta de qué tipo de música escuchábamos y los platillos que comíamos hace un par de siglos.

Entendida ya la importancia del archivo quisiera motivar al sacerdote y a su comunidad de hermanos en la fe a que desempolven algunas ideas y circunstancias que quizá hagan que su actitud sea renuente a la consulta de su archivo, primero a que se abran a las nuevas generaciones de investigadores, a que brinden la oportunidad de conocer esos grandes acervos hacia aquellos interesados en la historia y a que se den cuenta que ese patrimonio pertenece a las personas que lo forjaron no solo a algunos individuos que los resguardan.

Por otro lado que si el miedo es hacia la pérdida de estos documentos por robos o extravíos que desafortunadamente pueden ocurrir por pseudo historiadores o estudiosos que solo buscan trofeos o anécdotas que contar les recomendaría que de acercárseles personas interesadas en consultar sus archivos estas estén debidamente acreditadas, respaldada por instituciones serias  y que presenten un proyecto bien estructurado y bien planteado, en donde el uso de tecnologías como la digitalización ayuden a la preservación de los documentos y con esto su manipulación sea mínima y el acceso de los mismos llegue a más personas.

Espero que con este planteamiento la congregación entera y el padre prepósito acepten por fin el darme el acceso a su archivo, espero que entiendan mi postura y que vean que la intención de este rebajó será en pro de la investigación de fuentes históricas no referenciadas con anterioridad y en pro de su comunidad eclesiástica en sí misma, que les dará nueva visiones de su historia y nuevas oportunidades de difusión.

La preservación y difusión de los contenidos de los archivos eclesiásticos de México y el mundo son de vital importancia para conocer un poco más de nuestra propia identidad, nos dan claves acerca de nuestras raíces y dan pauta para nuestro entendimiento como sociedad y como país.

 

[Alejandro Serrano Núñez es licenciado en mercadotecnia por la Universidad Iberoamericana Golfo-Centro. Estudió restauración y conservación de arte y antigüedades, especialidad en obra de caballete y mobiliario con el maestro restaurador Dr. Ángel de Márquez, 2014 – 2016. Actualmente cursa la Maestría de Estudios Históricos por la UPAEP].

 

 

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