El poder no corrompe;
el poder desenmascara
Rubén Blades
La legislación electoral federal mexicana siempre estuvo diseñada para favorecer al partido en el poder, al PNR, al PRM y al PRI.
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Las legislaciones electorales locales fueron y son una copia de la ley federal, con los mismos propósitos y fines.
Fue Jesús Reyes Heroles quien auspició algunas reformas a la legislación electoral con el propósito de dar curso legal y legítimo a los partidos de oposición en los comicios.
Don Jesús entendió muy bien que no podía seguirse con el mismo esquema con el partido único, porque los acontecimientos político-sociales empezaban a crear descontento y movilización social.
Si no recuerdo mal, en esos días se crearon los diputados de partido, así se reconocieron algunos triunfos de candidatos del PAN.
La ley era un asunto o un aspecto del proceso, con todo, las elecciones no eran ni legales ni legitimas.
No eran legales porque casi siempre violaban la norma de muchas formas: imposición de la autoridad electoral, compra de representantes ante las mesas directivas de casilla, alteración de los resultados en las actas de escrutinio y cómputo, suplantación de comités electorales municipales y distritales, llenado de las actas días antes de la elección, recolección de credenciales de los electores para votar con ellas, falsificación de firmas, etc.
Casi todos los comicios eran una farsa, una farsa silenciosa, tranquila, como a escondidas; cada actor en cada municipio, distrito o región sabía lo que tenía que hacer para entregar los mejores resultados y así seguir disfrutando de los encantos del poder.
Se acostumbraba a que, cuando tuvieras que hacer algún trámite, la primera exigencia era demostrar con tu credencial que habías emitido tu voto, aun cuando otro hubiera sido quien cruzara la boleta.
Se exigía incluso, demostrar que los miembros de la familia habían votado, por supuesto por el PRI.
El que no lo hubiera hecho así, quedaba marcado para cualquier gestión o actividad personal, familiar o colectiva.
Esta es la parte “legal”, del “respeto” a la ley, donde la autoridad cumplía puntualmente con la ley.
¿Cómo se preparaba la siembra y la cosecha de votos?
Pues, con favores y dádivas: en el campo, con oferta de fertilizantes, semillas, compra de cosechas, obsequio de maquinaria y todo lo inimaginable. Te doy, pero votas por mí, por el PRI o bien yo voto por ti.
Ahora no hay necesidad de escribir cómo se siembra y se cosecha, los medios de comunicación han dado cuenta de cómo los altos funcionarios van a las entidades federativas donde hay comicios y donde no se puede perder una elección; van a ofrecer en varias ocasiones no solo tinacos, cemento, varilla, pintura, escrituras, y quién sabe cuanta chingadera. Han ido a esas entidades, varias veces, en un periodo muy corto, con cargo al presupuesto público.
Eso es entendible, quisiera imaginar a aquel funcionario que no hiciera eso, porque entonces tendría que dejar su cargo. Hasta un nuevo secretario que llegó apenas, que tiene fama de honrado, que dicen que puede ser el candidato, ya de edad como Adolfo Ruiz Cortines obedeció y fue a ofrecer desde jeringas hasta silla de ruedas, hospitales y todo lo relacionado a la enfermedad y la salud.
Esta es la segunda forma de obtener una buena cosecha de votos.
Una tercera forma, es la de entrar en convenio, acuerdo o alianza secreta con alguno o algunos de los candidatos para que declinen o bien simulen que hacen campaña, por supuesto, a cambio de costales de dinero o bien con el ofrecimiento de que se le perdonarán todos sus pendientes legales ante la autoridad competente.
Con esto que he descrito, queda claro que no se respeta la ley, esto es que no existe legalidad en los procesos y mucho menos legitimidad.
En el caso de Puebla, yo recuerdo algunas elecciones de gobernador en las que participé en la que el propio candidato exigió, y así se hizo, no violar la norma, no comprar los votos, no atropellar las dignidades para así obtener legalidad y legitimidad.
En ese proceso, estuvo muy pendiente, de que así fuera, el delegado del comité ejecutivo nacional del PRI, el veracruzano Mario Vargas Saldaña.
Don Mario, amigo, amigo de Jesús Reyes Heroles, con toda autoridad veló porque legalidad y legitimidad tuvieran curso en esa elección.
En otras muchas, la legalidad y la legitimidad fueron sepultadas en silencio, como si hubiera que enterrar a una víctima de homicidio.
De los procesos electorales durante casi un siglo falta mucho que decir. La elección de Álvaro Obregón y la de Plutarco Elías Calles, fueron ilegitimas e ilegales.
Merecemos ser maldecidos y desgraciados por todos esos hechos consumados durante décadas.
Mis correos: vivereparvo45@yahoo.com.mx / vivereparvo45@hotmail.com