La semana pasada se celebró la reunión de la Asociación de Estudios Latinoamericanos (Latin American Studies Association) en Lima, Perú. Cientos de analistas de todo el mundo cuyo campo de trabajo se centra en Latinoamérica se concentraron ahí. Dos temas pueden ser de interés a los lectores de e-consulta, a) la participación de todas las instituciones de investigación de Puebla, b) que dos casos llamaron la preocupación de los latinoamericanistas, Veracruz y Venezuela.
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Suena raro que un caso tan específico como el presente y futuro de Veracruz haya sido tratado en una reunión con una clara orientación global.
Pero los académicos reunidos en ese panel, investigadores de la Universidad Veracruzana, hicieron mostrar que no es así. Veracruz interesa porque su futuro puede caracterizar el del país, pero también el de la región. Es un futuro donde el crimen organizado establece regiones de preeminencia vinculado a un régimen débil y autoritario, o uno donde este pasaje es temporal y trasciende a nuevas oportunidades de futuro.
Alberto Olvera Rivera, del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, expuso su tesis acerca de un “autoritarismo competitivo”.
En el contexto de una discusión más amplia acerca de por qué México no ha completado su transición a la democracia después de 20 años de elecciones competidas, Alberto Olvera expuso que es precisamente la competencia electoral en combinación con las prácticas políticas del viejo régimen, lo que ha causado en Veracruz una crisis del Estado y de la sociedad, que podría felizmente terminar en la muerte del viejo régimen.
O quizá no. Porque por ahora, la competencia electoral no ha cambiado mucho. La vuelta al PAN con los actores del viejo PRI, con Miguel Ángel Yunes en la cabeza, no ha significado la mejora de la situación financiera, y el estado sigue en quiebra, con decisiones que parecen parte de un entramado electoral para la siguiente competencia, y no de una estrategia de desarrollo en su conjunto.
Celia del Palacio Montiel, directora del Centro de Estudios de la Cultura y la Comunicación de la UV, expuso un caso que es particularmente sensible al desarrollo de una democracia, la práctica de asesinar periodistas. Como ha sido acusado por organismos internacionales, Veracruz es uno de los lugares en el mundo donde la práctica del periodismo ha enfrentado mayores crímenes, muchos de ellos centrados en la actividad de Notiver, el diario del puerto de Veracruz.
La ponencia “El ejercicio del periodismo en un contexto autoritario: Asesinatos, exilios y riesgos profesionales de los periodistas en Veracruz” analiza la precarización del oficio periodístico en Veracruz, caracterizado por bajos salarios, despidos, agresiones de toda índole y nada menos que 16 periodistas asesinados entre 2010 y 2015.
Una combinación de contexto autoritario y contenidos periodísticos de temas como delincuencia organizada, explica las agresiones a los periodistas, expuso Celia Del Palacio. La violencia siempre se usó contra periodistas en Veracruz, pero durante el sexenio de Duarte fue especialmente virulenta. Aunque no hubo una causa común de los asesinatos, lo cierto es que el gobierno del estado con frecuencia adujo “causas personales” a lo que sí constituía un patrón de violencia.
Alberto Olvera y Celia Del Palacio son dos investigadores reconocidos en todo el continente. Se trata del tipo de personas que estando fuera del país, líderes académicos reconocerán como pares. Esto es igual si uno está en Norteamérica que en Sudamérica. Su voz es escuchada, y sus tesis reconocidas. Celia Del Palacio además ha publicado 4 novelas en los últimos 10 años que han recibido buena acogida de lectores que la conocen más por su trabajo literario que académico.
Como Celia, conocí personalmente a varios de los periodistas asesinados, y de todos tengo recuerdos gratos de camaradería de lo que solía ser el mejor oficio del mundo. No sólo a Regina Martínez, con quien compartí los detalles de la cobertura periodística en la guerrilla de Chiapas, pero también a Yolanda Ordaz y Miguel Ángel López Velasco, amigos y maestros en Notiver; incluso al recientemente caído Ricardo Monluí, de Córdoba.
Otros académicos también tuvieron participación en LASA. Víctor Manuel Andrade, del Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, expuso el caso de la reforma del sistema de justicia. Nuevamente, se trata de cómo una buena idea, los juicios orales, han sido detenidos en la práctica por un contexto de autoritarismo que tiene como rasgos generales los acuerdos entre el crimen organizado y algunos actores del sistema judicial.
José Alfredo Zavaleta Betancourt presentó el caso de la captura delictiva en el estado de Veracruz. Oponiéndose al frecuentemente usado concepto de cartel, que hace ver a la delincuencia organizada como una súper corporación o red de corporaciones, Zavaleta en realidad presenta una foto como una red de pandillas con escasa capacidad organizativa, retando al Estado aquí y allá a todo lo largo de Veracruz, pero con un comportamiento similar a nivel nacional.
La tesis de Zavaleta es verosímil porque las capacidades del crimen organizado como una mega corporación se tendrían que realizar con capacidades de capital humano muy superiores a las de los delincuentes, tipos razonablemente listos pero con una capacidad técnica muy baja, a menos, la práctica totalidad de los que han sido capturados y descubiertos hasta este momento, de Caro Quintero al Licenciado, escoria más cercana al pitecántropos que al Nobel.
Como hace varias décadas, Veracruz tiene una doble posibilidad de futuro. Su capital humano es impresionante, como son muestra estos académicos, consolidados unos, por consolidarse los otros, pero todos de primer nivel. Sin embargo, tan débil como pueda parecer a Zavala la capacidad organizativa del crimen, la ciudadanía ha tenido menos capacidad de cambio aún, capturada entre las prácticas del viejo régimen y una legendaria vocación para el ocio.
Pero se acabó la fiesta y es tiempo de que ese capital humano se active. O el futuro será demasiado negro, y el estado seguirá en manos de delincuentes; en el poder legal unos, en el poder de facto los demás.