Hace mucho tiempo en una conferencia sobre las características de un político virtuoso, la reflexión que me impactó iba referida a dos clases de personas que tienen interés en el ejercicio de la política; los "políticos" y los "politiqueros". Los primeros hacen alusión a quienes se esfuerzan por mantener una figura profesional y congruente de la política, ya sea desde funcionarios públicos o hasta diputados, y los segundos a quienes hacen lo mismo pero solamente aparentando, es una figura que se define por el pragmatismo, y estos se caracterizan principalmente por lo que coloquialmente denominamos "bluff", lamentablemente de estos son la mayoría.
Esta figura del "politiquero" se había podido mantener hasta cierto punto dudosa en algunas personas, sin embargo, al parecer desde el año 2010 hasta la fecha, han habido personas públicas que se cambiaron de partido por irse a otro, e inmediatamente ocupar un puesto de elección popular, claro que esto despertó en los politiqueros la pregunta... ¿Y por qué no?. Figuras, escenarios que parecían impensables, ahora son reales y con una sola lógica: El fin sí justifica los medios. Ahí el caso de priistas que migran a MORENA, del PRD a MORENA, del PRI al PAN, o de cualquier partido a independiente, lo que es cierto, es que casi nadie se va por el PRI, ¿quién sabe por qué?.
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Esta ola de nuevos políticos ya comenzó y muchos personajes de antaño se están adaptando o están caducando, un ejemplo real es el senador Bartlett, priísta dinosaurio y ahora del PT, satisfaciendo un tema personal de "fuero" a través de la senaduría. A su vez, el caso de Miguel Ángel Yunes, actual gobernador de Veracruz pero con orígenes totalmente priistas, y ni se diga del exgobernador poblano, Moreno Valle, un auténtico priista con traje azul. Pero, ¿en el estado de Puebla?, no se diga más, se encuentra el caso de Juan Pablo Piña Zurcyn, quien con todas las entrañas priistas como su padre, el ex gobernador de Puebla Mariano Piña Olaya, ahora es diputado federal con la bandera panista, o el caso de los últimos acercamientos priistas de Javier López Zavala y Armenta Mier con el mesías de MORENA, el mismísimo AMLO. También el caso de la expanista Ana Teresa Aranda que renunció por irse de independiente, o el caso del gobernador de Puebla, Tony Gali, que mejor dice, “yo me voy con todos” y no escoge partido pero coquetea con el PAN aparentando ser panista, ya ni se diga de su vocero, el ex senador Javier Lozano, quien nació del PRI pero creció en el PAN, o la familia Riestra, que tiene de moda la pluralidad partidista, Mario en el PAN, Susana en el PANAL y Rodrigo en el PRI, y podríamos seguir pero no terminaríamos. ¿Quién más quiere ser politiquero?
Pero este fin tiene dos tangentes, la de verdaderamente servir al pueblo, que lamentablemente es escasa, y la de conveniencia personal para alcanzar solamente "el hueso" y sobrevivir en la política. En nuestro estado, esto se está volviendo algo común. Quedan atrás los ideales por los que uno se identifica con un partido, ahora con el simple hecho de llegar al poder, los "cómos" no tienen relevancia y el verdadero servicio público se olvida, nuevamente el pragmatismo exacerbado se encuentra en su apogeo.
Por eso es que me atrevo acertadamente o no, a proponer la siguiente tesis, usted juzgará; "los nuevos políticos serán pragmáticos sin ninguna identidad ideológica ni deseo de servir, solo se vuelven políticos de apariencia para cumplir con sus fines personales a través de ver a los partidos como un medio y no como un fin de representación social que realmente identifique a los votantes, lo que nos da como resultado: un sector específico de la ciudadanía sin representación, políticos sin una auténtica legitimidad, y un país ingobernable."
De los neopolíticos, tendríamos que preocuparnos no por el medio en el que llegan al poder, sino por lo que dejan de representar en la ciudadanía, ya que sin esta función ¿para qué votamos? ¿Para qué tenemos políticos? ¿Para qué tenemos partidos?
Enhorabuena...