“Sin duda, el placer de ser engañado,
es tan grande como el de engañar”
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Hudibras de Samuel Bluter
El poder de los medios de comunicación es impresionante, tanto que hasta les hemos llamado el “cuarto poder”, tras los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
Algunos políticos o gente que desempeña cargos públicos les temen, por el miedo de que vayan a informar sobre malas acciones, pero hay también, quienes, desde el poder, saben utilizarlos para diversos fines.
Es cierto, la información mediática es un instrumento de poder; está hecha de imágenes, palabras, sonidos y datos; estos, a su vez, tienen que ver con el lenguaje, el cual puede llegar a crear una realidad en la mente de los ciudadanos.
Por eso, hoy que tanta influencia tienen los medios, pueden impulsar cambios o cualquier transformación social que se requiera.
Cuando las personas que trabajan en los medios utilizan el lenguaje y lo emplean a través de la televisión, radio, prensa, redes sociales, etcétera, la información llega, muchas veces al momento, a miles o millones de personas.
Pero lo más importante, y no es que otras funciones de los medios no lo sean, es que construyen una realidad, forman conciencia, influyen, en el ánimo de la gente.
De acuerdo a la psicología de la comunicación, los medios crean una realidad en el momento en que se expresan ante el público al que llegan.
Los medios además, están muy relacionados, no sólo con los ciudadanos, sino también con la gente que ejerce el poder, pues son intermediarios entre lo que la autoridad dice y la sociedad escucha, o viceversa.
Hay quienes sostienen que los medios pueden ser usados para bien o para mal, dependiendo de los objetivos o metas que se planteen, pero lo que es cierto, es que hoy como en otras épocas, los líderes de opinión y los que manejan la información tienen un gran poder y responsabilidad.
En el Siglo XIX, el crítico literato y polemista inglés William Hazlitt (1778-1830) escribió sobre el papel de la prensa, en su ensayo “De la relación entre los tragasapos y los tiranos”.
Él habla “sobre las causas que detienen el progreso natural de la libertad y de la felicidad del hombre”.
Sostiene que una de las principales causas y enemigos del pueblo y de la justicia, estaba relacionada, con el poder, que en su época ejercían, por ejemplo, algunos periódicos e intelectuales.
Pensaba que “el progreso del conocimiento favorece la libertad y la igualdad”, pero que (…) “la prensa se ha convertido en la gran enemiga de la libertad. Toda esa poderosa maquinaria, doblegada por los tornillos del miedo y el lucro”.
Y es que el autor, quien sostuvo ideales revolucionarios y un pensamiento político radical, advertía, desde entonces, del gran poder de los medios y hasta hablaba de su relación con los poderosos:
“Cuando el poder descubre que la libertad de opinión obstruye el trote de su arbitrariedad, exprime las cuatro habilidades del intelecto: la seducción de las apariencias; la gasolina de los sofismas; el soborno del egoísmo y, finalmente, los pleitos y envidias de los hombres de letras”.
En nuestros días, los seres humanos, sabemos que nuestra mente es poderosa y lo que pensamos muchas veces se hace realidad, de ahí la importancia de la información que nos llega de los medios.
Si usted está convencido de que el universo es amistoso, será amistoso. Pero… ¿y mi opinión? Pregunta su voz interior. Si la opinión es suya, ¿Por qué le resulta tan difícil cambiarla? Porque no es usted quien tiene opiniones; son las opiniones las que lo tienen a usted.
Los medios son capaces de formar opinión en cada uno de los ciudadanos, y a veces, de una manera voraz y sin contemplaciones, de manera que, muchas veces, lo que los medios dicen, es lo que la gente piensa.
Ahora que vienen las campañas electorales, valdría la pena revisar sobre ese tema, pues los medios, especialmente los masivos, como la televisión, serán los encargados de llevar mensajes, propuestas, descalificaciones, etc.
Yo, creo que si usted lo permite, el régimen mediático impone. Los políticos no pueden prescindir de él, pues para ellos, son las armas para librar las batallas electorales, a fin de tratar de convencer e influir en la mente de los ciudadanos, de los electores.
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