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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Confianza en el Plan Divino

Fe y confianza. Una experiencia sentida y extrema. El cambio de visión. Necesidad de abandonarse

Martín Michel Rojas

Joven apasionado por la vida y el bien común, profesionista de la Comunicación y Maestro en Humanidades Anáhuac Puebla. Escritor, conferencista -dramaturgo motivacional. Fundador “Speaker Show, Formando con Locura”, empresa de eduentretenimiento

Lunes, Abril 24, 2017

Debes de ser conciente que en la vida tendrás muchos problemas, y esto es normal, algunos pequeños y otros muy grandes pero lo primero que recomiendo en mi vaga experiencia es el no verlos como problemas, quitar y borrar de nuestra mente esa palabra, necesitamos verlos como “retos”. Los cuales requerirán de nuestro esfuerzo y disposición para afrontarlos. Esto es importante ya que nuestro campo para solucionar situaciones se basa en lo propositivos que seamos con nosotros mismos ya que nuestra mente guarda en el inconsciente las principales palabras con las que enfrenta el día, si la palabra “problema” la mantenemos constante en la mente, traerá más cosas negativas que positivas pues la visión con la que se quiera afrontar la situación comienza con un planteamiento negativo al nombrarlo “problema” y esto pasa casi siempre sin que nos demos cuenta. En cambio si lo vemos como un “reto” que se nos presenta para aprender y crecer como personas, la visión cambia mucho y los resultados de solución también.

Sin embargo, no podemos dejar de la mano todo esto sin lo esencial y más importante, la Fe. Si tienes Fe, poca o mucha, te dará la confianza en los planes de Dios. Existe una frase popular que me ha marcado, más adelante explicaré las razones, pero dice “si quieres hacer reír a Dios, cuéntale de tus planes”. Y es que es muy real, tienes que forjar y abonar en la confianza de que los planes de Dios son lo mejor, pero he de reconocer que no es fácil cuando el reto realmente parece demasiado grande, pero parece así porque lo seguimos viendo egoístamente con ojos humanos y no con ojos divinos.

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Para esto tenemos que tener bien en claro que Dios es perfecto y somos sus hijos, por lo tanto nuestro Padre que está en los cielos y en todo nuestro ser, quiere y realmente desea lo mejor para cada uno de nosotros. Él ama que seamos plenamente felices, para esto nos creó, pero ésta no es una felicidad como el mundo y nuestros ojos humanos desean a primera vista, ya que la felicidad verdadera que nos propone es eterna, y esa, es la que en realidad nos irá llenando en todos los aspectos de nuestro ser de forma íntegra.

Saber que los retos que Dios nos permite en el camino, son lapsos que en su sabiduría, pase lo que pase, es siempre lo mejor, porque Él así lo dispuso y siempre quiere el mayor bien para sus hijos, la felicidad plena, la congruencia de vida, la santidad. Este planteamiento puede parecer alocado y extremista si no lo entendemos bien, por eso me atrevo a advertir que para leer estas líneas necesitas Fe, ya sea mínima pero que creas o estés abierto a creer.

La santidad, muchas personas la catalogan  como un ideal aburrido, anticuado y que consiste en rezar todo el tiempo, sin embargo no es así, esto es lo que nos ha hecho creer la cultura de lo fácil e inmediato que nos propagan los diversos medios de comunicación; diría el papa Francisco que en la actualidad el mundo necesita santos de jeans y tenis. La santidad consiste simplemente en alcanzar nuestra felicidad poniendo al servicio de los demás los talentos que Dios nos regaló, en pocas palabras, ser bueno en lo que somos, esforzarnos en desarrollar al máximo eso en lo que somos buenos y nos gusta, pero siempre con la nota característica de ponerlo al servicio de los demás y de lo que necesita el mundo para ser mejor. Más adelante trataré de explicar este tema. Pero para entender mejor la confianza que debemos tener en Dios, compartiré una breva parte de mi experiencia ante un reto que me marcó.

“En la tarde de abril de 2013 con veinte años de edad me detectaron leucemia linfoblástica aguda, cáncer en la sangre, enfermedad con la que la mayoría de las películas americanas, la gente se muere y es la escena trágica de todo el drama. Fui llevado al hospital del gobierno en mi ciudad y la actitud que tomé con la gracias de Dios, fue la de ‘yo no estoy enfermo, es un simple defecto de mi organismo que tengo que aprender a superar, que venga el tratamiento que se deba pero tenemos que salir adelante, estoy joven y tengo todas las de ganar, Dios está conmigo.’ Para llegar a ese planteamiento, reflexioné dos cosas, primero el que tenía un gran reto y unas extensas y obligadas vacaciones que aprovechar para recuperarme y sacar lo mejor de la situación, y segundo, por supuesto que no estaba preparado para esto pero poco a poco me fui dando cuenta que el Señor me había dado las herramientas, personas, condiciones y formación necesaria para embonar las piezas y saber afrontar de la mejor manera la leucemia, pero saber engranar de forma correcta lo que Dios me había dado a lo largo de mi vida para saber sobrellevar este gran reto, fue obra de Él.

“Yo lo acepté como un regalo desde el primer momento, y al hacerlo de esta forma Dios me fue brindando las gracias-herramientas-pensamientos adecuados para hacer lo que Él quería, la manera en como yo lo debía enfrentar, con la frente en alto y poniendo todo para gloria de Jesús Nuestro Dios y Salvador, por eso, inmerecidamente, pude dar testimonio de él, porque me entregué a Él como un hijo incondicional con su padre. Reconocí como lo dice San Pablo, ‘entre más débil, soy más fuerte pues en Cristo está mi fortaleza’, de Él dependí totalmente y así se me fue dando lo que necesitaba en cada momento.

“Confirmo que no fue nada fácil, en algunas ocasiones cuando estuve internado los primeros meses, fueron experiencias abrumadoras, de soledad y abandono, situaciones que incluso sin Fe, me hubiera derrumbado, pero con la Fe que me fueron brindando las oraciones y apoyo de infinidad de personas, con la compañía de mis familiares, amigos y seres queridos, cualquier situación difícil, siempre se convirtió en un reto a superar y que Dios me brindaba para que pudiera dar testimonio cristiano, papel del cual me sentía indigno pero que  con orgullo y confianza bien sabía que con Dios todo y sin Él nada, viniese lo que viniese. Además, un amigo me había contado de un mártir perseguido que tenía plena confianza en Dios en todo momento y parafraseándolo, decía: ‘Si mi mejor amigo es Jesús, y Él conoce el día, la hora y el cómo morirá mi cuerpo terrenal, no tengo que tener miedo alguno, más que agradecimiento, pues mi mejor amigo lo sabe y Él me acompañará’; esta frase me ayudó a encontrar calma muchas veces y provocaba en mí el buscar frases y vidas de santos que me inspiraran confianza en Dios y su providencia.”

Creer en Dios significa confiar en sus tiempos y sus formas, solo así se forma la paciencia como bien lo recordaba santa Teresa del Niño Jesús, es vital.

Enhorabuena…

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