Desde el jueves, mirando al horizonte por el camino que me conduce a casa, observé a lo lejos unas nubes grisáceas- cafés que se extendían cerca de los volcanes, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. Pensé que era lluvia, después, que tal vez eran cenizas aunque su formación y extensión eran muy raras, no tenían el patrón al que estoy acostumbrada ya que nunca se habían presentado así. Al bajar del carro, aguzando mi sentido del olfato, percibí un ligero olor a quemado, pero después con las actividades cotidianas en casa, lo olvidé.
Al día siguiente y con la claridad del día, me dirigía a la Universidad y ahora sí, claramente, observé grandes columnas de humo que salían de la faldas del volcán, mucho más cerca del Popocatépetl y me alarmé. Pensé: “Si el humo puede verse y olerse hasta acá, entonces el incendio es muy grande”
Más artículos del autor
Recordé que a finales de febrero fui a Ozolco y en nuestro recorrido al interior de sus tierras, observamos un incendio a lo lejos, pero que desde entonces nos comentaron que estaba “controlado”.
Investigando un poco más, relacioné esta quema de pastizales con lo que se hace por estos días para que se renueve la tierra, pero que expone a la naturaleza a incendios que por las corrientes tan fuertes del viento se extienden más allá de lo esperado y provocan grandes problemas porque hemos invadido, los seres humanos, lugares que antes sólo pertenecían a la naturaleza, incluyendo los cultivos agrícolas que se desarrollan.
Buena parte de los habitantes de esa región cercana a los volcanes son o han sido migrantes y muchas de las preguntas que los investigadores nos hacemos en torno a ellos ha tenido que ver con lo que sucede en la biografía de un sujeto o un grupo de sujetos que ha nacido y crecido al ritmo de los movimientos migratorios de su familia en la búsqueda de su sobrevivencia.
Aunque ahora pienso también que es necesario investigar en lo que ha pasado con los jóvenes indígenas que nacieron y crecieron en contextos de migración insertos en la agricultura, qué ha significado para ellos el trabajo agrícola en su biografía, puesto que crecieron y nacieron en espacios de migración.
Una de las posibles hipótesis es que una de las problemáticas por las que migran, es la situación de abandono en la que se tiene al campo mexicano y que, aunque en las comunidades tengan sus tierras heredadas por sus antepasados, ya casi no las trabajan-con sus excepciones- puesto que muchas veces solo se siembra y cosecha para el autoconsumo.
Pedro, habitante de la región, me comenta:
“Si me quiero ir otra vez, con la necesidad y teniendo hijos, y aquí no hay trabajo, lo único de que vivimos es del campo, no tenemos un trabajo fijo y es por eso que tenemos la necesidad, seguimos con esa necesidad y no vemos otra”
Relata de que en realidad no hay apoyos para el campo, solo cuando quieren ganar un “hueso” les regalan un bulto de maíz, tal vez una bolsita de fertilizantes, algunas herramientas que en realidad no les sirven mucho, para que después se olviden de sus promesas y del campo:
“Acá el tiempo sale sobrando, aquí el problema del campo, el único problema es el fertilizante, que sale muy caro, cuatrocientos ochenta o quinientos pesos el bulto, y si hablamos de media hectárea, necesitamos de 6 a 7 bultos y hay que echarle dos veces por año. Produce el maíz nomás un año, y los gastos que hay en casa, los familiares, los de los hijos, no sale del campo. Además ya no llueve como antes y se seca la milpa.”
El campo en nuestro país tiene muchas problemáticas no atendidas desde mucho tiempo atrás, por ejemplo: la distribución del agua considerando sistemas de riesgo diferentes que tal vez requieran una mayor inversión inicial pero que a largo plazo tienen un efecto mejor como el riego por goteo o aspersión; educar para producir lo que ahora tiene mucho impacto: los “cultivos orgánicos” de los que pueden obtener ganancias mucho mayores que los producidos con fertilizantes químicos.
En fin, problemáticas hay muchas, pero desde mi punto de vista el mayor reto es no concebir a los campesinos como siempre se ha hecho porque ellos ya no son como siempre se ha pensado, también han evolucionado como grupo social.
Ejemplo de ello son los migrantes que regresan de Estados Unidos con otros saberes y otras perspectivas, por lo que hay que pensar y repensar seriamente el impacto posible a lograr ante las escasas políticas públicas de apoyo al campo y su aplicación en la realidad de las comunidades rurales del país.
Y concientizarlos además, que cualquier inicio de fuego provocado en cualquier lugar y en cualquier momento, puede desatar un infierno, grande o pequeño, pero infierno al fin.