El pasado viernes 17 de marzo, el Cabildo de la ciudad de Puebla llevó a cabo una sesión ordinaria, que ha devenido en una extraordinaria acción de orgullo histórico y cultural para los poblanos en particular y los mexicanos en general. A petición del cuerpo de regidores integrantes de la Comisión de Turismo, Arte y Cultura, ese día el Honorable Cabildo aprobó dignificar la condición de los restos mortuorios de Carmen, Aquiles y Máximo Serdán Alatriste, sin duda, los héroes poblanos de mayor relevancia histórica en el siglo XX. El acta correspondiente de la sesión detalla que: “…se instruye a la Secretaría del Ayuntamiento para que realice todos y cada uno de los actos administrativos y legales para llevar a cabo el traslado, conservación y depósito de los restos en el Museo de la Revolución Mexicana de esta ciudad”. Esta instrucción, contenida en tan solo cinco renglones, proporciona una renovada y refrescante connotación al quehacer cultural poblano ya que con este mandato no únicamente se conservan para la posteridad los restos mismos, acción que por sí sola merece aplauso y reconocimiento, sino que le otorga a la casa de los Hermanos Serdán una nueva dimensión al ubicarlo como el único museo mexicano en el cual, además de ubicarse en el sitio original de los hechos históricos que los singularizan –en este caso la batalla inicial de la Revolución antirreeleccionista que derrocaría a Porfirio Díaz-, también, y esto es lo más portentoso, conservará entre sus paredes los restos de los héroes protagónicos de esos hechos. En otras palabras, con la acción instruida por el Cabildo poblano y ejecutada por la Secretaría General de su Ayuntamiento, Puebla se transformará en la primera y única población mexicana en contar con un museo que, al mismo tiempo, es el sitio original y verdadero de los hechos que relata y que, además, albergará a los héroes que con su sacrificio le dan vida a este importantísimo episodio de la historia nacional contemporánea.
Para sustentar la aseveración anterior, recordemos dónde se encuentran los restos de los demás héroes protagónicos de las dos grandes luchas mexicanas: la Independencia y la Revolución.
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Los restos de Miguel Hidalgo y Costilla reposan en la Columna de la Independencia, en la ciudad de México, al igual que los de Ignacio Allende, Juan Ignacio Aldama, José Mariano Jiménez, José María Morelos, Mariano Matamoros, Francisco Javier Mina, Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, Nicolás Bravo, Leona Vicario y Andrés Quintana Roo. Huelga decir que la Columna de la Independencia se erige por instrucción de Porfirio Díaz al arquitecto Antonio Rivas Mercado, como una de las obras principales de los festejos del centenario de la Independencia nacional en 1910. Benito Juárez García, al igual que su esposa, Margarita Maza y sus hijos, yacen en un mausoleo ex profeso en el Panteón de San Fernando, declarado Panteón de los Hombres Ilustres en 1860, doce años antes de la propia muerte de Juárez.
Por su parte, en el recinto funerario del Monumento a la Revolución descansan los restos de: Francisco I. Madero, Venustiano Carranza, Francisco Villa, Plutarco Elías Calles y Lázaro Cárdenas. Dicho monumento, curiosamente, también erigido por instrucción de Porfirio Díaz, dando vida con ello a la irónica circunstancia de que casi la totalidad de los héroes nacionales reposen en sendos recintos de la época porfiriana, menos los del propio general Díaz Mori que se encuentran en el cementerio parisino de Montparnasse. Álvaro Obregón, por su parte, fue inhumado en la cripta familiar de la ciudad de Huatabampo, Sonora. Años después, su brazo, que se conservaba en el monumento que se erigió en el sitio donde fue asesinado, fue cremado y sus cenizas incorporadas a su tumba.
Como se nota en este veloz recorrido de los sitios que albergan los restos de los héroes patrios, ninguno reposa en un lugar en el cual se hubiera desarrollado alguna de sus acciones heroicas e, incluso, la mayoría de ellos ni en su población de nacimiento. Por ello la determinación del Cabildo poblano de trasladar, después de restaurarlos, los restos de los hermanos Serdán a la casa que habitaron y que fue el escenario del inicio anticipado de la Revolución antirreeleccionista, es de una trascendencia inconmensurable. Enhorabuena.