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OPINIÓN

Envejecer

Tradición china, reverencia por los ancianos. Niños y jóvenes, más resilentes. Cuidado de los viejos

Ricardo Velázquez Cruz

Es abogado notario y actuario egresado BUAP. Diplomado en Análisis Político Escuela Libre de Ciencias Políticas de Puebla. Especialidad en Derecho Agrario UNAM; Maestría en Derecho Constitucional y en Juicio de Amparo UAT. 

Lunes, Marzo 27, 2017

El sistema familiar chino, según lo concibo yo, es principalmente un arreglo dedicado a los niños y los viejos; porque como la niñez y la juventud, la ancianidad ocupa la mitad de nuestra vida. Es importante saber que los jóvenes son más desvalidos y suelen cuidarse menos; sin embargo, pueden pasar, mejor que los viejos, sin comodidades materiales.

Un niño advierte escasamente sus dificultades materiales, con el resultado de que a menudo un niño pobre es igual o más feliz que otro rico. Tal vez ande descalzo, pero esto para él es una comodidad, más que un inconveniente, en tanto que andar descalzos es a menudo una dureza intolerable para los viejos. Esto ocurre por la mayor vitalidad de un niño o de un joven.

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Quizá tenga sus pesares momentáneos, pero ¡cuán fácilmente los olvida! No tiene idea de dinero, ni padece el complejo del millonario, como compadecería un viejo.

A lo sumo, colecciona marquillas de cigarros para comprar un juguete, mientras una anciana colecciona títulos de Estado. Entre la diversión de una y otra clase de afán coleccionista, no hay comparación. La razón es que el niño no está intimidado todavía por la vida como lo estamos los mayores. Sus costumbres personales aún no están formadas, y no es esclavo de una marca particular de café; toma lo que le dan. Tiene muy escasos prejuicios raciales y ninguno religioso.

Sus pensamientos e ideas no han caído en determinados surcos. Por lo tanto, aunque parezca extraño, los viejos dependen de los demás mucho más que los niños porque sus temores son más definidos y sus deseos más delimitados.

Algo de esta ternura hacia la ancianidad existía ya en la conciencia prehistórica del pueblo chino, un sentimiento que sólo puedo comparar con la caballerosidad occidental y con el sentimiento de ternura hacia las mujeres. Si los primeros chinos tuvieron alguna caballerosidad, no se manifestó hacia las mujeres y los niños, sino hacia los ancianos. Este sentimiento encontró clara expresión en Mencio, con frases como “No debe permitirse a la gente de cabello canoso que porte cargas en la calle”, lo cual expresó como meta final de un buen gobierno. Asimismo, describió las cuatro clases de gente más desvalida en el mundo: las viudas, viudos, huérfanos y ancianos sin hijos. De estas cuatro clases, las dos primeras debían ser cuidadas por una economía política concertada de tal modo que no hubiera hombres ni mujeres sin casarse. No dijo Mencio, por cuanto podemos saber, qué se iba a hacer con los huérfanos, aunque siempre han existido, en todas las edades así como las pensiones para ancianos. Todos comprenden, no obstante, que los orfelinatos y los asilos para ancianos son pobres sustitutos del hogar.

Existe el sentimiento de que solamente el hogar puede proveer algo semejante a un arreglo satisfactorio para los viejos y los niños. Pero en cuanto a los niños, debe darse por sentado que no es menester decir mucho, pues existe el natural afecto paternal. “El agua corre hacia abajo y no hacia arriba”, dicen siempre los chinos, y por lo tanto el afecto por los padres y abuelos es algo que tiene más necesidad de ser enseñado por la cultura. Un hombre natural ama a sus hijos, pero un hombre culto ama a sus padres.

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