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OPINIÓN

Cuando éramos libres…

Cuando lo éramos veíamos lo que ahora olvidamos. Y hemos hecho todo para exaltar el egocentrismo

Martín Michel Rojas

Joven apasionado por la vida y el bien común, profesionista de la Comunicación y Maestro en Humanidades Anáhuac Puebla. Escritor, conferencista -dramaturgo motivacional. Fundador “Speaker Show, Formando con Locura”, empresa de eduentretenimiento

Jueves, Marzo 9, 2017

Cuando era libre, elegía escuchar cualquier canción de cualquier género musical sin importar la etiqueta social del qué dirán. Cuando era libre, revelaba las fotos de la cámara y las guardaba en un álbum como un tesoro invaluable sin importar el número de likes de mi foto en face, misma que posiblemente jamás tendré en un algún portarretrato.

Cuando era libre, le marcaba en cualquier momento a mis padres para decirles solamente lo mucho que los quiero sin grabar solamente una nota de voz en whatsapp o enviarles un simple mensaje con caritas de felicidad y corazones. Cuando era libre, realmente iba al baño, y no a encerrarme con mi smartphone para leer publicaciones de Facebook, ver videos o contestar correos. Cuando era libre, usaba mi celular para hablar con otra persona. Cuando era libre, la sobremesa de la comida en familia duraba horas sin importar llamadas, mensajes o trabajo. Cuando era libre, podía faltar al trabajo por estar enfermo y mi jefe era el primero en creer en mi palabra sin importar las recetas que me justificaran o la incapacidad. Cuando era libre, pasaba tiempo de calidad con mis hijos sin importar el cansancio acumulado por el trabajo. Cuando era libre, me hacía responsable de mis actos y asumía las consecuencias sin importar el quedar bien con alguien o culpar a otros. Cuando era libre, me daba tiempo para ir a misa los domingos sin importar pretextos vanos y superficiales. Cuando era libre, sabía decir “no” cuando tenía que hacerlo para así poder ser eficiente en mi vida, sin importar prejuicios o el aparentar quedar bien con todo el mundo. Cuando era libre, hacía ejercicio para sentirme mejor y propiciar una buena salud sin importar la moda o el estereotipo social. Cuando era libre, decidía tomar alcohol por gusto y convivencia sin importar la presión de mis “amigos”. Cuando era libre, demostraba mis sentimientos de forma sincera sin importar que me dijeran “niña” o “sensible”. Cuando era libre, elegía comer en cualquier restaurante o fonda por simple gusto sin importar el estatus social. Cuando era libre, votaba por el mejor candidato y no por el menos peor o a cambio de una despensa. Cuando era libre, manejaba con tranquilidad y no a la defensiva. Cuando era libre, pedía perdón sin importar si realmente yo era culpable o no. Cuando era libre, estudiaba por la pasión de aprender sin importar la condición de obtener un grado para subir de puesto. Cuando era libre, retiraba mi dinero con tranquilidad en el banco. Cuando era libre, dejaba confiado a mi hijo en la escuela, cuando era libre tenía tiempo para mi, cuando era libre…

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Pocas veces en la vida nos detenemos a reflexionar sobre nuestra rutina y las acciones que de forma predeterminada y automática estamos realizando ante un mundo en constante cambio. ¿Qué cosas hemos dejado de hacer que eran importantes para nosotros y que, lamentablemente, vamos supliendo a veces con cosas inútiles y sin sentido? Ante una sociedad tan revolucionada, debemos meditar si actuamos verdaderamente porque así lo hemos elegido o porque así nos lo han impuesto, cooptando inclusive nuestra propia  libertad en el estricto sentido de la palabra.

¿Hacia dónde voy si no cambio? ¿Cómo me veo en unos años? ¿Cómo anhelo vivir? ¿Cómo tomo decisiones en el día a día? Son preguntas en el plan de vida personal que cada quien tendrá que evaluar, pues el mayor juez, verdugo o salvador, llega a ser uno mismo.

La libertad muchas veces se define como la condición o estado de no ser esclavo, de no ser dependiente de algo para poder tomar o no decisiones en plenitud. En la actualidad el hombre ha llegado a ser esclavo de sí mismo a través de sobrevalorar la tecnología, el trabajo, la ciencia, el placer, la belleza, el honor, el poder, el prestigio, la diversión, el cuerpo y muchas cosas más que no terminaría. El egoísmo y el prejuicio son dos antivalores que han acompañado al hombre a lo largo de la historia, y me atrevo a decir que con mayor preponderancia en nuestros tiempos, no tenemos que ser sabios para reconocer el nuevo sistema proteccionista que muchos países le apuestan y que van a comenzar a adoptar, todo esto basado en el egocentrismo.

Volver a ser uno mismo de manera libre y conciente, es el gran reto para darle un nuevo rumbo a la humanidad.

¿De qué has sido esclavo? ¿Cuándo fue la última vez que fuiste libre?

Enhorabuena…

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