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OPINIÓN

8 de marzo, resistencia o felicitación

No hay una sola mujer, por la cual celebrar su día. Hay muchas

Oscar Barrera Sánchez

Doctor en Ciencias Sociales y Políticas por la UIA. Comunicador y filósofo por la UNAM y teólogo por la UCLG.

Miércoles, Marzo 8, 2017

Para Abigaíl Huerta Rosas

No ha pasado ni un mes en que los vendedores de flores hicieron su agosto en pleno febrero. Los venderos de rosas, hoy, hacen una nueva aparición en el escenario público, callejero. De igual manera lo hacen las vendedoras de rosas (muy al estilo de la cinta colombiana de Víctor Gaviria, de 1998) quienes, como la mayor parte de las mujeres de la historia antigua y la de todos los días, trabajan en casa, trabajan fuera de ella; trabajan por la mañana, por la tarde, por la noche, por la madrugada. Sostienen económica, moral y psicológicamente sus hogares, ante los macro y micro machismos cotidianos. Los old y new machos hemos sido (como subespecie) los depredadores sociales naturalizados de una, de algunas, de varias de todas ellas.

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Pero por un día pareciera olvidarse este dispendio de violencia simbólica y concreta entre las propias mujeres, mientras los hombres “modernos” tenemos que agachar las orejas y alojar la cola entre las patas, no ante los reclamos pasajeros del 8 de marzo de todos los años, el Día Internacional de la Mujer, sino de la altives y el engreimiento telenovelero de “ser mujer”, de poder ejercer el poder por un día: reinas por un día. Tan sólo basta mirar voyeristamente cualquier sacrosanto recinto godín, donde la diversidad femenina se felicita, se da besos y abrazos y, claro, se regalan flores, anteponiendo el grito de guerra: ¡Felicidades, hermosa!

Uno se pregunta, desde su escaso feminismo succionado a punta de letanías universitarias: ¿qué no es un día de protesta por la esencialización de las representaciones hegemónicas de lo que es y debería ser una mujer? ¿qué el 8 de marzo no es un día en que las mujeres, las diversas, las múltiples, han empleado para evidenciar el orden patriarcal, las violencias machistas y misóginas? ¿qué no el Día internacional de la Mujer conmemora la brutalidad masculina ante el crimen de mujeres en una fábrica neoyorkina en 1904, como símbolo de todas las muertes de mujeres hoy y en la historia, por el sólo hecho de ser mujeres? ¿por qué hacer el 8 de marzo, el Día de las Madres moderno?

No dudo que muchas mujeres se sientan orgullosas de la construcción histórica, política, económica, social y cultural que las han corporeizado, que las han dotado de subjetividad, incluso sabiéndose oprimidas por el propio patriarcado. No importa cuánto lipstick, botox y  silicones tengan que implantarse para satisfacer las demandas de la libertad… masculina. No importa cuanta saña se inyecte en ellas, cual inmisericorde encono sufran por haber decidido ser madres o por haber optado por no serlo. De un sistema capitalista voraz pensado en masculino que les impide vivir la maternidad voluntaria u obligada, ya sea por violaciones o impedimento de decidir abortar.

No hay una sola mujer, por la cual celebrar su día. Hay muchas. Sin embargo, la diversidad ha implicado en este mundo desigualdad y, por lo tanto injusticia. Hay mujeres, no mujer. Hay concreciones, historias de vida, no idealizaciones materializadas. No sólo hay madres y esposas. Tampoco sólo hay princesas o putas. Hay mujeres, diversas, múltiples y, como tal deberían poder ejercer los mismos derechos y gozar de las mismas garantías que todas. Pensemos en los millones de niñas, adolescentes, jóvenes, adultas y ancianas; hay lesbianas, heterosexuales, intersexuales, transgénero, transexuales y queer; también las hay blancas, morenas, rubias, negras, asiáticas; ateas, católicas, musulmanas, protestantes, judías, etc.; las hay discapacitadas, enfermas mentales, presas, perseguidas, migrantes, desplazadas; empleadas y desempleadas; las hay fuertes y débiles; algunas abortan de manera segura otras no. Toda esta gama de mujeres (que alcance a ver y que no busco clasificar ni jerarquizar) están unidas por algo en común: el padecimiento del orden patriarcal y sus efectos en sus cuerpos y en sus almas; en emociones y en los lazos sociales; en sus Seres.

Tan sólo hoy, el “mismísimo” 8 de marzo, veía compañeras dándose beso, brazos y rosas, mientras una compañera docente me comentaba la saturación de carga de trabajo, de forma inequitativa, que le asignaba uno de sus jefes, sólo por ser mujer. Minutos después, llegaba una profesora a la que, por dejar sus grupos, debido a que no lograba pagar la estancia infantil para su hijo de dos años de edad, un directivo de su plantel la amenazó con boletinarla para que ya no tuviera oportunidad de laborar en un conjunto de escuelas. Ese es el 7 de y el 9 de marzo, los días comunes y corrientes; los días de los feminicidios, del acoso sexual, de la doble jornada, de la invisibilización, del trabajo del hogar no remunerado, de las violaciones, de la mutilación genital, del abandono, de la pobreza, de la violencia,  de la explotación, del olvido.

Sin embargo, existen otras mujeres que buscan deconstruirse, construirse y reconstruirse desde otros lugares, sabedoras que hay poco porqué felicitarse cuando se asesina, se agrede sexualmente, se desaparece, se explota, se oprime, se encierra (en hogares, en prisiones, en cárceles) se discrimina por el hecho de ser mujeres. De éstas, he escuchado pocas felicitaciones y he visto más acciones de sororidad entre ellas y solidaridad con nosotros, los hombres, aún cuando no hay buenas respuestas hacia ellas ni de nosotros ni de las mujeres.

No sé qué se sienta ser mujer, pero sí lo que es ser hombre: formarme entre nosotros, padecernos, violentarnos. Duele. Por eso puedo comprender, quizá poco, el dolor que se le administra a una de esas mujeres, a todas. Soy un hombre, un neomacho proderechos de las mujeres. No regalo flores, ni felicito mujeres hoy. Prefiero que ellas estén vivas; se vivan; se gocen; se contacten emocionalmente con ellas mismas y socialmente con las demás; decidan sobre su cuerpo, sus pensamientos, sus deseos, sus actos, sus palabras y sus omisiones. Elijo debatir con ellas, que regalarles flores o prender veladoras en sus tumbas.

Picaporte

Las poblaciones de Yemen, Sudán del Sur, Nigeria y Somalia, con hambre, mientras en otros lugares del mundo se exceden en gastos de campaña. Quizá en México no haya hambre, pero es de dudarse. Hace falta mayor austeridad, republicana o de la que sea, pero hace falta. 

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