La representación política moderna tiene un imperativo: los actores saben que la sociedad aspira siempre al buen gobierno. Para ser precisos, en la democracia la sociedad siempre aspira y aspira a buenos gobiernos.
¿Qué es un buen gobierno? Es el ejercicio del poder de las instituciones para mejorar permanentemente salud, educación, seguridad y bienestar a los ciudadanos; todo ello con eficiencia, calidad, transparencia: en interlocución constante con sus ciudadanos a través de medios de comunicación diversos y adversos. Significa incentivar crecimiento económico estable y cuidado de la seguridad pública.
Más artículos del autor
Nuestro contexto clama por gobiernos que afirmen acciones gubernamentales orientadas a elevar el desarrollo de Puebla, inhibida por la verticalidad gubernamental que imperó durante casi todo el siglo XX.
El anunciado equipo de trabajo que acompañará al ejecutivo debe, debería estar a la altura de los retos de un contexto incierto por la adversidad económica, un ambiente nacional electoral que apunta a crisparse por la crisis económica y la adelantada carrera presidencial y un entorno internacional agresivo.
En el orden interno, el periplo gubernamental que inicia reviste una importancia política estratégica para actores políticos y sociales. Mientras la elite política se juega todo hacia el 2018, por ello mismo debe tomar en cuenta que enfrente se encuentra una ciudadanía participativa sobre la que ha incidido el largo proceso de modernización; la acción educativa de las instituciones de educación superior, el rescate de la tradición cultural, la ampliada presencia de medios de comunicación electrónicos, el uso de redes sociales, empiezan a hacer lo suyo. En el imaginario social circula más el interés por los asuntos públicos.
El tránsito de un gobierno a otro, la alternancia del 2011 es efecto de ello y ocasionó en un sentido plausible, la construcción de referentes gubernamentales orientadores de cambio con dinámicas públicas iniciales que la sociedad supo aprovechar.
La derrota tricolor abrió senderos de participación política distinta. Mientras los modos y estilos para gobernar enfocaron una agenda política y administrativa desde el interés de la clase política en el mediano plazo, en todo este tiempo, seis años, en una mejor perspectiva y de modo profundo -no aparente- emergió y se consolidó en su pluralidad una sociedad altamente informada, muy atenta hacia lo que sucede en su entorno, participativa de lo nacional e interesada por el contexto internacional –específicamente por su condición de estado expulsor de migrantes-, demandante de derechos y buenas cuentas, con procesos de ciudadanización no visto en etapas previas, que sabe con claridad que los gobernantes están obligados a entregar resultados y si bien reconoce avances, también externan puntos de vista altamente cuestionadores de la función gubernamental.
La salida del PRI del gobierno estatal fue la primera estación de una Puebla distinta en su escenario político. Han sido tiempos de emergencia del pluralismo político. Más bien que mal, nuevas voces surgieron. La esfera pública se enriqueció con más actores, disímbolos, incluso distantes, sin embargo están ahí, atentos, cuidadosos, acaso vigilantes de las acciones del gobierno futuro y prestos para saltar de la esfera mediática a la arena electoral para competir en ella.
El gabinete anunciado enfrentará una sociedad exigente que se encuentra a la altura de las circunstancias. No hay duda. La pregunta significativa es si los funcionarios de primer nivel también lo estarán. La experiencia de una parte del equipo que acompañará al gobernador de entrada puede ser un acierto, repiten titulares de cinco dependencias. Son experimentados además mantienen grupos de trabajo homogéneos, probados en la gestión pública. Sus actividades y resultados son visibles. En cierto modo incidieron sus resultados en la gestión pública para que los votantes avalaran el triunfo del hoy gobernador, sin embargo la trayectoria y resultados en la administración pasada, desde otra lectura, puede ser un lastre.
La experiencia en el ejercicio gubernamental, de modo paralelo, va generando desgaste político y de gestión en el funcionario. Las rutinas gubernamentales, el ejercicio del poder, la constante participación en los medios de comunicación, los debates al interior, la confrontación con actores opositores o del mismo bando excesivamente protagónicos, así como la tensión permanente con la sociedad, provocan desgaste, disminución de miras, burocratización del comportamiento, desinterés por el cumplimiento de metas, debilidad de los lazos políticos internos del equipo e incluso hartazgo de la política.
A ello hay que agregar el complicado escenario económico, el realineamiento electoral nacional y el inicio en automático, a partir del primero de febrero, de la carrera por la próxima gubernatura. En suma los obstáculos pueden convertirse en monumentales, o bien en un escenario de oportunidad. El periodo breve, será un periodo de excepción.
No hay muchas opciones, los nombres anunciados y que tomaran protesta en los primeros minutos de febrero, tendrán que considerar el anhelo de los poblanos: participación, legalidad, transparencia, responsabilidad, consenso social, equidad, eficacia, sensibilidad social, seguridad pública y respeto por los derechos humanos.
Tampoco es un sueño. Las expectativas de la población se encuentran en la figura del gobernador Gali Fayad. Su paso por la administración pública son un activo para acabar de delinear la cohesión de su equipo de trabajo.
En adelante ocupará la centralidad de la política poblana. Ello le permitirá disminuir los conflictos, hasta cierto punto naturales, de la transición gubernamental y garantizar expectativas para un buen gobierno.
Gnares301@hotmail.com