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OPINIÓN

Trump y el rival más débil

Trump, el bully que se aprovecha de todo. Regla de barrio: patear y correr, lo que nos queda

Juan Enrique Huerta Wong

Profesor de Estrategia en Posgrados UPAEP. Soy miembro del consejo permanente del Programa de Movilidad Social, del Centro de Estudios Espinosa Yglesias. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores

Jueves, Enero 26, 2017

**Marcadores: Pobreza, desigualdad, falta de movilidad, inseguridad, desventajas frente a USA

Trump es el bully del barrio. Ve a un grupo de sus vecinos, escoge al más chaparro y le quiere pegar una paliza. Hace muchos años, un comercial de comic alentaba a los flacos (skinny) a inscribirse al club de Charles Atlas y desquitarse del bully.  En la misma tónica, me gustaría anotar algunas razones,  de por qué Trump ve a los mexicanos como el rival más débil. Y avenidas de cómo dejar de serlo.

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La vida cotidiana incluye la ausencia de futuro, y aún presente, para un amplio número de mexicanos.

De mis amigos de secundaria y preparatoria, una buena proporción emigró a los Estados Unidos, y se desarrollaron principalmente como cocineros y trabajadores de la construcción. Alguno regresó, sólo para volver cuanto antes. Alguno sí que tuvo éxito profesional, caminando el arduo trecho del piso al techo de la sociedad. Algunos otros probaron suerte en la policía y el ejército, aún hoy opciones de movilidad ascendente que se discuten en secundarias y prepas públicas.

Con cierta frecuencia en la vida cotidiana mexicana, aparecen las historias trágicas que hemos aprendido a ver como naturales.

El familiar que salió una mañana y desapareció, engrosando las filas de los miles de desaparecidos en México. Otro familiar que por la noche acudió a cerrar el negocio, y recibió 10 puñaladas a cambio de su vehículo. Uno más asesinado después que dejó a sus hijos con la madre. Un vecino encañonado, un profesor colega encajuelado. La periodista que me enseñó a hilar sujeto y predicado, asesinada en su domicilio, junto con la mitad de la redacción en la que tuve mi primer empleo, hace ya más de 20 años.

Encaro a un colaborador porque decidió castigar a su hijo de secundaria, sacándolo del año escolar y haciéndolo trabajar como albañil. Le digo que dejará a su hijo sin futuro.

Sin mucha teoría social, me dice que está educando a su hijo para la vida adulta en un entorno hostil, y que en realidad un maestro calificado puede tener una mejor vida que muchos profesionistas.

Me deja sin argumentos. Ambos sabemos que esto es verdad. Mis ponencias del “individuo promedio” se quedan sin sustento en la cruda realidad poblana que expulsa migrantes a diario, en la mancha urbana con más personas pobres que ningún otro lugar en este país, incluyendo la Ciudad de México.

Los niños han naturalizado la muerte. Han aprendido a través de la experiencia, a reconocer cuándo tirarse al suelo, que cuando los padres se despiden por la mañana, quizá no los vuelvan a ver.

Los gobiernos no ayudan mucho. Un gobernador alienta a su equipo a usar todos los recursos públicos para su propio provecho, sin molestarse en comprobar siquiera algún avance. Otro con más visión, hipoteca el futuro económico de su entidad y deja un museo y algunos puentes. En ningún caso resulta transparente dónde quedaron los recursos públicos. Uno más gana la elección con promesas de persecución de sus adversarios políticos.

Los funcionarios públicos tampoco ayudan. Un agente de tránsito, estatal o federal, hará su trabajo sólo si eso le representa dinero ilícito para su patrimonio personal.

Nosotros no ayudamos tampoco. La fuga del Chapo hizo a la mayoría sentir orgullo, no vergüenza. Se educa a los niños en el “no dejarse”, el “que no tranza no avanza”, a despreciar a niños de color extraño.

La élite en el poder es inalcanzable. Apellidos, escuelas de procedencia, tono de piel, ciudad de origen, determinan el nivel socioeconómico y posición laboral en México. El peor sistema educativo de la OCDE no es una causa, sino una consecuencia del contexto de falta de movilidad, alta desigualdad y alta pobreza. Para qué nos habríamos de molestar en un sistema educativo más competitivo, si pagamos por clubes cerrados y no por calidad educativa. 

¿Quiénes son los migrantes ilegales en los Estados Unidos? Gente que no vio posibilidades de desarrollo económico para sí y los suyos en México, pero también la posibilidad de experimentar otras cosas. Paz, libertad, seguridad ampliamente dichas.

¿Por qué nos molesta y por qué no podemos decir demasiado a Trump? Trump visibiliza a aquellos que las clases medias han olvidado. Los regresará, asegura. Pero además, actúa como bully del barrio. Las élites han crecido a salvo. Apellidos, fortunas, escuelas de procedencia, clubes deportivos, las legitimaron. No hubo espacios para recién llegados. No hubo espacios para bullys, pero tampoco el desarrollo de estrategias para encararlos.

El bully del barrio escoge por el chaparro, no va por China o por Canadá. Y el chaparro sabe que lo es. Tiene en la conciencia la pobreza, la desigualdad, la ignorancia, la falta de espacios, la falta de democracia. La inseguridad. Prácticamente no hay mexicano que no haya experimentado la criminalidad en 1-2 grados de distancia. El chaparro del barrio tiene que crecer, y entonces el bully no lo dejará de molestar. Lo hará su amigo. Necesitamos un Presidente, y una sociedad, para ello.

Mientras crece, la regla barrial de patear y correr brinda algún espacio para maniobrar.

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