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OPINIÓN

Movilizar para paralizar movilizaciones genuinas

Movilizaciones. Estado de alerta. Intentando obstaculizar. Aislamiento presidencial

Alesandra Martin

Consultora en Comunicación Política e Imagen para candidatos a diversos cargos de elección popular. Master en Psicología Social. Ocupó cargos de dirección en comunicación social para Ayuntamientos y el Congreso de Puebla

Viernes, Enero 13, 2017

“Cuanto más miedo en la población, más aceptable se vuelve el sistema de control”: Michel Foucault

Sin el ánimo de imprimirle a este artículo un sello de mentalidad casada con la teoría del complot, es cierto que existen infinidad de estrategias a las que se recurren en la práctica política y el quehacer de los gobernantes para direccionar percepciones sociales y por ende sus conductas; entre estas prácticas se encuentran las movilizaciones.

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Era casi el mediodía del pasado 5 de enero y por lo menos a mí me lo parecía, se respiraba un aire extraño en la ciudad de Puebla. Si bien, desde el 2 de enero principalmente en el Estado de México y Veracruz habían acontecido numerosos saqueos, en nuestro estado no había ocurrido ni un solo conato, pero las calles se veían sin gente y el tráfico vehicular era muy fluido, como resultado de una mucho menor circulación de automóviles.

Ese día por la tarde se registró el primer y único saqueo (según constan cifras oficiales) en Puebla y no sé Usted, estimadísimo lector, pero por lo menos yo experimenté una sensación que no era precisamente miedo (porque esa emoción intento siempre borrarla de mi lista de emociones) pero sí de alerta. Pues en la actualidad, el estado de Puebla no se distingue en ser permisible de conatos sociales, así que, si también en esta localidad iniciaban los saqueos, la duda era natural ¿Eran los saqueos una consigna nacional?

El aumento a la gasolina estaba muy latente, el hastío de la sociedad hacia la clase política y específicamente hacia nuestro presidente Peña Nieto era más que nunca palpable y los que saben, debieron leerle el escenario perfecto para ebulliciones de movimientos sociales y ante este panorama, movilizar para paralizar movilizaciones genuinas, es una práctica de la que se puede echar mano.

Desde el enfoque de la Psicología Social, particularmente en la especialidad de quien suscribe, acerca de movimientos sociales emergentes y la Teoría de las Representaciones Sociales, de manera muy resumida, un movimiento social emergente corresponde a una expresión colectiva en la cual están involucrados sujetos sociales que coinciden en una representación social compartida de la realidad, no buscan el ascenso al poder, no hay partidos políticos detrás de estos movimientos y por lo general son efímeros.

Los saqueos no fueron espontáneos, en primer lugar, porque en las formas de expresión colectiva de la sociedad mexicana, este tipo de manifestaciones no están en la lista, porque se dieron de manera cronológica, simultánea y estratégicamente bien iniciados en algunos estados del país y también correctamente finalizados. Ya que los saqueos, aunque estratégicos, debieron realizarse dosificados pues de lo contrario se correría el riesgo de perder el control sobre lo inicialmente controlado.

Así que, durante días, el tema estuvo presente en los medios masivos de comunicación y en las redes sociales se habló de los saqueos con infinidad de teorías, inclusive la de ser una estrategia para una militarización en nuestro país, panorama que parece lejano sino es que imposible, la atención se focalizó en estos actos vandálicos y el efecto de sembrar miedo en los ciudadanos surtió efecto, los comercios cerraron igual que la mayoría de las casas habitación. La primera estrategia había cumplido su objetivo y los saqueos como por arte de magia, que no así por arte de la fuerza pública, cesaron.

Un día después del saqueo registrado en Puebla, el 7 de enero se realizó una manifestación colectiva y bien organizada en el zócalo capitalino, en la cual era evidente que había un gran número de “manifestantes expertos” pero también había organizaciones ciudadanas que participaron en esta protesta. El segundo objetivo se cumplió, las manifestaciones organizadas sirven como “válvula de escape” para relajar la tensión social sin necesidad de vulnerar el establishment.

Para cerrar con broche de oro estas estrategias, lo ideal hubiera sido informar a la ciudadanía de que los actos vandálicos habían sido controlados y que el Estado había regresado la seguridad a los ciudadanos. Sin embargo, el presidente Enrique Peña Nieto, durante su mensaje en cadena nacional del pasado 5 de enero, sólo se abocó a hablar de la justificación del alza a la gasolina e hizo un llamado a la unidad en torno a la relación México – Estados Unidos. Quizá para los mexicanos siempre está presente la desgastada figura presidencial, pero el ejecutivo nacional pareciera haber decidido no ver, no escuchar y no hablar con los mexicanos.

Correo electrónico: alesandramartingarcia@hotmail.com

Twitter: @AlesadraMartin

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