Desde hace más de seis décadas la migración de las zonas rurales hacia las grandes ciudades ha sido un fenómeno que ha ido en crecimiento. Para nadie es un secreto que las grandes metrópolis se han extendido a niveles que han generado prácticamente la desaparición de las “fronteras” entre los municipios e incluso entre los estados.
Ese crecimiento ha dado origen a zonas metropolitanas que si bien es cierto son polos de desarrollo político y económico, también son altas demandantes de servicios dada la concentración de industrias, comercios y casas-habitación que agrupan a un importante número de ciudadanos que requieren de escuelas, infraestructura, vías de comunicación, entre otros importantes servicios que el gobierno está obligado a proporcionar.
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En ese escenario en días pasados presenté como integrante de la LIX Legislatura del Honorable Congreso del Estado de Puebla, y de la fracción parlamentaria del Partido Revolucionario Institucional, un posicionamiento en materia de gobernanza metropolitana para las zonas de Puebla y Tlaxcala.
La única intención de este posicionamiento es generar un exhorto al Gobernador del Estado, para que en uso de sus atribuciones impulse, la coordinación con la Federación, el Gobierno del Estado de Tlaxcala, y los Municipios, que conforman la zona Metropolitana Puebla-Tlaxcala; a efecto de que se delimiten los mecanismos e instrumentos de carácter obligatorio que aseguren, la gobernanza metropolitana, que generen bienes colectivos en la zona Puebla-Tlaxcala.
Y es que la cercanía entre los estados de Puebla y Tlaxcala ha generado el desarrollo de una zona metropolitana que debemos entender como una posibilidad solo de unión entre los pueblos sino de desarrollo sustentable que demanda servicios y atención gubernamental traducida en gobernanza.
Iniciamos este nuevo milenio con la mitad de la población mundial viviendo en zonas urbanas. Según las previsiones planteadas en la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad, en 2050 la tasa de urbanización en el mundo llegará a 65%. Lo que refleja que las ciudades y centros de población son, potencialmente, territorios con gran riqueza y diversidad económica, ambiental, política y cultural.
En nuestro país se experimentó un profundo proceso de urbanización desde 1950. A partir de la década de 1980, 36.7 millones de personas, que representaban más de la mitad de la población, residía en localidades urbanas.
En el año de 2000 existían 343 ciudades de más de 15 mil habitantes, las cuales alojaban a 66.6 millones de personas que representaban el 63.3% de la población nacional; para el año 2010 el número de ciudades aumentó a 384, albergando 71.6% de la población total del país.
Los datos arrojados, reflejan un fuerte proceso migratorio, que dio origen al despoblamiento de las localidades rurales y la concentración de la población en zonas donde se agrupan las principales actividades de un centro de población, originando la formación de grandes ciudades cuyas dimensiones demográficas, geográficas y funcionales desbordan los límites político-administrativos del territorio sobre el que se expanden, dando lugar así a la formación de zonas metropolitanas.
La importancia de las zonas metropolitanas en nuestro país hicieron que en la nueva Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, publicada en el Diario Oficial de la Federación el día 28 de noviembre de 2016, se estableciera su definición, caracterización y las materias de utilidad metropolitana.
Además de lo anterior, la nueva Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, señala que se deben fortalecer los instrumentos de planeación, regulación y desarrollo de los asentamientos humanos, debiendo atender de manera particular la gobernanza metropolitana y el crecimiento urbano.
Asimismo, establece procedimientos para que la Federación, las entidades federativas, los municipios y los sectores social y privado participen en la formulación de programas, su modificación, seguimiento, ejecución, control, evaluación y vigilancia, que permitan lograr la gobernanza metropolitana y por ende estar en posibilidad de obtener un desarrollo metropolitano.
Para lo cual, establece un capítulo denominado “gobernanza metropolitana”, donde se identifican las instancias de coordinación metropolitana, se establecen instrumentos para una eficaz Gobernanza Metropolitana que determine la acción coordinada de los tres órdenes de gobierno y la participación social incluyendo una Comisión de Ordenamiento Metropolitano o Conurbación.
En ese contexto, es de recalcar que la zona metropolitana de Puebla-Tlaxcala, aglutina un total de 38 municipios poblanos y tlaxcaltecas ubicados en ambos estados, la cual es considerada la cuarta más importante a nivel nacional.
Apelamos a la voluntad de los actores políticos para no echar en saco roto esta propuesta y poner manos a la obra cuanto antes con la finalidad de garantizar el bienestar común de un fenómeno que es una realidad y que seguirá siendo un polo de desarrollo para las entidades.