Las reacciones frente a la victoria de Trump son un torrente en México. En tono, calibre, sentido y contenido. Y desembocan en aquello que casi todos coincidimos: ausencia de liderazgo para enfrentar el momento con aplomo, inteligencia, carácter y decisión.
El abanico de sentimientos populares es infinito. Van desde los epítetos y memes, a flor de piel y partiendo del piso, hasta los análisis lúcidos.
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Y es que la naturaleza y envergadura del suceso en cuestión, de origen es inédito. Al menos la corriente mayoritaria de la opinión pública, dentro y fuera de México, lo daba como el escenario secundario, el número dos, con o sin razones suficientemente sólidas. Pero así fue.
Y la realidad fue brutal. Aún reverberan sus efectos.
Al darse lo impensable, brotan como era lógico, rechazos, repudios y condenas, pasando por la burla y el desahogo simplón. Y no es que el destinatario no lo merezca, sin duda se ha ganado a pulso el desprecio y los más de cincuenta epítetos que lo definen con justeza, pero ¿y…?
La montaña de denuestos verbales, gráficos o escritos está en la lógica. Existía antes de la elección y se acrecentó exponencialmente luego. De paso hay que decir que una parte del sector que así procede, el del chiste y la ofensa interminable que satura las redes, no es del todo una brújula digna de plena atención.
El esparcimiento procaz, anti todo, ni construye ni crea opinión. Engorda el relajo nacional o cosecha aplausos de multitudes, es cierto, pero edifica muy poco, porque se nutre del anonimato y el deporte nacional del insulto y la mentada.
Pero aun así, hay que explicárselo, en parte al menos, como una forma de llenar un vacío cuando los representantes ciudadanos no lo hacen. Y no lo hacen porque están desacreditados, no gozan de confianza, no atinan a conducir u orientar el descontento social (en ese y otros temas más delicados y serios) y además no lo saben hacer o lo hacen tardía y torpemente.
Pero lo que es real son los efectos que se pronostican de Trump en el poder. Aun considerando la diferencia de hablar en campaña y de hacerlo ya en la silla, la intención negativo del nuevo gobernante en tantos y tan sensibles temas, levanta barruntos de tormenta sobre el país respecto de los que hay que hablar con los pies en el piso.
Con las dos previsiones lógicas: el escenario catastrófico y el más moderado.
Frente a ello, uno pensaría que el gobierno mexicano arma ya, o tiene articulada, una estrategia múltiple para hacer frente al momento. Y que en ella lo abarca todo. Lo mismo el frente diplomático en territorio estadunidense con el nuevo gobierno, como con todos los poderosos sectores en el país vecino y el ámbito internacional.
Pero tan trascendental es en este momento el escenario externo como el interno. Aquí, se impone la imaginación y el trabajo real, efectivo, del gobierno federal y de los estados, para capitalizar la coyuntura que se percibe a flor de piel, de hacer propicio el momento para un reencuentro real y profundo del poder con los intereses genuinos del país, de la gente.
No cuesta trabajo percibir, casi en todas partes, más en el ánimo que con acciones prácticas, un sentimiento de reunificación, de salir al paso ante la adversidad, de explorar acciones y escenarios para hacer frente a la crisis, del tamaño que esta sea.
Esto, el ánimo social, es altamente importante. Merece atención y respuestas y alternativas reales, viables. La demagogia de siempre en este momento sería terrible, fatal.
Y en esto pensar en todo: en los sectores productivos que, independientemente de nuestra amplísima dependencia de la economía estadunidense, pueden abrir escenarios inexplorados para apoyar realmente la economía del país; la revisión de los graves problemas nacionales y su forma de afrontarlos.
Y aquí procede, el momento es preciso, para rectificar decisiones, inercias, vicios y compromisos. Y apelar a la imaginación, disposición de ánimo y espíritu de cuerpo de la sociedad en todos sus niveles. Pero es indispensable insistir: las acciones y reacciones gubernamentales deben concordar clara y evidentemente con la realidad. Un engaño a la sociedad en este momento sería dinamita pura.
Veremos si los distintos niveles del poder del país están a la altura de la sociedad.