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OPINIÓN

NaNoWriMo

El National Novel Witing Month (NaNoWriMo) impulsa la creatividad de niños y adolescentes

Eduardo Libreros

Docente que aprende de sus estudiantes. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Maestro en Administración de Instituciones. Imparte materias relacionadas con la literatura, comunicación e investigación y es colaborador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales sede México en la autoría de libros de texto para el Telebachillerato Comunitario

Miércoles, Noviembre 9, 2016

Selena Gallagher es una profesora de educación primaria en la International School Bangkok. En mayo de este año, publicó una entrada en su blog Challenge Matters titulado “Escribí un libro. Ahora puedo lograr cualquier cosa”. La frase no era de ella, sino de uno de sus estudiantes que participó en un proyecto que desde 1999 se realiza en diversas escuelas alrededor del mundo: el NaNoWriMo.

Cada noviembre, el National Novel Witing Month (NaNoWriMo) impulsa la creatividad de miles de niños y adolescentes al enfrentarlos al excitante reto de escribir una novela de 50,000 palabras en tan solo 30 días. El año pasado, el sito oficial del Young Writers Program reportó la participación de 431,626 “Wrimos” (nombre con el que se conoce a los estudiantes y educadores inscritos en el programa) además de involucrar a 1,012 instituciones como bibliotecas, librerías, centros comunitarios y cafeterías para que abrieran sus puertas a los noveles escritores como parte de la actividad Come and Write.

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La premisa del evento es simple: escribir la mayor cantidad de palabras posible para crear un enorme borrador de tu novela y, al mismo tiempo, ponerte en contacto con cientos de amantes de la escritura que te acompañen hombro con hombro durante el desafío. Para ello, el programa pone a disposición de los participantes el sitio ywp.nanowrimo.org, en donde los Wrimos pueden crear un perfil para acceder a los foros, tips y actividades que se realizan en línea y en el lugar en que viven. Además, el NaNoWriMo establece vínculos con escritores juveniles reconocidos para proporcionar charlas motivacionales a los estudiantes, entre los que destacan Gene Luen Yang, John Green, N. K. Jemisin, y Veronica Roth.

Este evento propone una estructura didáctica y pedagógica por demás interesante. Para empezar, la experiencia del NaNoWriMo incluye las fases de preparación, realización y evaluación, propia de la mayoría de las estrategias utilizadas en la docencia. Antes de noviembre, los estudiantes y docentes interesados en participar pueden descargar la guía del programa disponible por niveles, desde Elementary hasta High School, basados en el sistema escolar estadounidense. Este documento explora parámetros educativos, gustos literarios y no literarios de los Wrimos, y diversas estrategias narrativas como la creación de personajes y la forma de abordar algunas premisas de la novela, todo esto en línea con el programa académico vigente.

La evaluación del producto final se realiza con el conteo digital de las palabras alcanzadas por el alumno y la revisión del plagio. Esta parte del proceso incluye la edición y revisión de la novela, pero lo más interesante sucede después de cumplir con las tres fases, lo que abona a la experiencia motivacional de estos jóvenes escritores: el reconocimiento.

Aunque el programa no cuenta oficialmente con un sistema de recompensas, diversas organizaciones se han unido a este esfuerzo para premiar el trabajo de los Wrimos. Una de ellas es Create Space, que le ofrece a los escritores que alcanzan su meta de palabras la oportunidad de obtener una versión impresa, ilustrada y empastada de su obra, además de ponerla a la venta en Amazon con las correspondientes regalías. Otros ejemplos de recompensas se llevan a cabo a una escala menor, pero no por eso menos significativa. En su blog, Selena Gallagher relata que la comunidad de su colegio (incluyendo padres de familia, docentes y organizaciones locales) realiza un evento para dar a conocer las obras de sus estudiantes, en donde estos reciben fan mail y mensajes felicitándolos por su trabajo, además de obtener una mochila y libreta personalizadas con la leyenda “Soy un escritor, ¿cuál es tu superpoder?”.

Casos como el NaNoWriMo son ejemplos dignos de replicarse. Nuestros jóvenes, a pesar de lo que mucha gente cree, aman los retos. Pero estos retos deben tener un propósito más grande que una simple calificación. Redactar una novela involucra altas dosis de creatividad, concentración y constancia, y es una tarea que ayuda al escritor a reflexionar sobre aquello que ha leído y cuál es el legado que busca dejar a sus semejantes a través de su pluma. Por mi parte, me quedo con esta frase de un pequeño participante de cuarto grado de primaria sobre lo que aprendió en su paso por el NaNoWriMo:

“Me transformó al darme una lección de vida, a nunca perder la esperanza”.

Y al final, eso es lo que representa la educación: nunca perder la esperanza.                                           

Nota final: Por cierto, algunos de mis estudiantes están participando en el NaNoWriMo. Ya les contaré cómo les va.

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