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OPINIÓN

El triunfo del Rambo Trump

Trump gana, la figura de Rambo emerge. El voto contra el establishment.

Abelardo Fernández

Doctor en Psicología, psicoterapeuta de Contención, musicoterapeuta, escritor, músico y fotógrafo profesional.

Miércoles, Noviembre 9, 2016

Todo parece indicar que presenciamos un capítulo más de Rambo contra los soldados, helicópteros, aviones y sofisticado armamento de guerra que trataba de acabar con él. Rambo triunfa al final de la película uno, y todos sabemos que después vendrá la dos y luego las que siguen. Esquivando los balazos, las bombas, las grillas, las críticas de xenofóbico, de machista, de empresario insensible, el Rambo Trump gana la presidencia de Estados Unidos, sorprendiendo a propios y a extraños, y este es precisamente nuestro primer análisis, “la sorpresa de que fuera tanta la sorpresa de que Trump ganara”.

¿En qué momento Hilary y Barak no advirtieron que había un sentimiento de fastidio de la ciudadanía estadounidense en relación, no sólo al gobierno, sino a la realidad social que impera en el país más poderoso del mundo? ¿Cómo fue que no leyeron el hartazgo social de tanta “tolerancia” y “corrupción” que viene sucediendo en todo el mundo? Al descubrir al verdadero ganador de la contienda, -hecho que desde la política mexicana debemos agradecer, puesto que todo indica que no hay trampas y chanchuyos visibles que le resten legitimidad electoral-, con asombro vimos que hay mexicanos apoyando a Trump, que hay muchos latinos también, y que, sobre todo, aparecieron mayorías aplastantes y contundentes. ¿Cómo fue que no leyeron muchas de las consecuencias nefastas de la globalización, es decir, el final de las identidades nacionales, el respeto a la propia territorialidad, la expansión económica indiscriminada que no respeta absolutamente nada,  y sobre todo, la promoción de una clase política que ha convertido al mundo en un campo de golf para jugar como se les da la gana: hay muchas más ideas que irán apareciendo después del triunfo de  Trump y me parece que seguir instalados en la carrilla internacional que se difunde en su contra no parece ser la posición más inteligente. Me puedo disculpar de antemano, no soy partidario de Trump, pero no me parece que este hecho permita descubrir que el pueblo estadounidense que votó por Trump esté compuesto por puros estúpidos, insensibles, misóginos, racistas, y todo lo demás que se les achaca: hemos vivido estos meses de una imagen maniatada de Trump que nos han construido electoral y premeditadamente. Nadie dice que Trump no declarara contra los mexicanos o a favor de la construcción de un muro para controlar el paso de todos ellos, pero ello no quiere decir que su análisis no implicara una lectura de lo que está sucediendo en este intercambio comercial, laboral y sobre todo, humano entre ambas naciones.

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No suena descabellada la idea de que ya es hora de que cada país comience a hacerse cargo de sostener su economía y su oferta de empleos, de salarios, de educación, de salud, etcétera. Y de pronto es muy fácil criticarlos cuando en este país dependiente y subordinado en todos los sentidos, los políticos se roban el erario público para comprarse bienes en Estados Unidos o en Europa, eso es realmente lo que debería doler.  No terminan de ser tremendamente dudosos los verdaderos beneficios que los tratados internacionales han promovido a los pueblos involucrados, si bien parece incrementarse la importación-exportación, vienen creando una clase industriosa y comercial que termina quitando identidad a los pueblos, explotando indiscriminadamente sus recursos, minando el medio ambiente y, no favoreciendo a los pueblos en concreto. Me parece que las más evidentes pruebas de la globalización es, sin duda, el agringamiento del mundo, costumbres, alimentos, música, cultura, etcétera. Me parece que el voto contra Clinton es un voto contra la simulación indiscriminada, es un voto que promueve el poner un alto a muchísimas fallas que el sistema actual tiene e implica. Nadie está planteando que Trump sea la solución a todo esto, quizá, en una de esas, puede implementar cosas mucho peores que las que tenemos ahora, la propuesta central de este artículo es dejar de creer en los políticos para leer lo que quieren y necesitan los pueblos, y,  eso es justamente lo que me parece más interesante, que a pesar de la maquinaria y la industria del gobierno más poderoso del mundo que trató de convencernos a todos de que Trump era el demonio con cola y trinche, ni aun así acalló la voz de un pueblo completo.

 Calderón difundió anuncios y más anuncios de que el peje era un peligro para México, siguen esas voces diciendo lo mismo: “nadie cree ya en la política y mucho menos cuando los políticos están en campaña hablando de sus contrincantes”. Es una sensación de verdadera democracia cuando los pueblos se manifiestan genuinamente, ya veremos qué pasa a partir de que tome posesión el Rambo de la política, desde luego, son increíbles los empresarios para conseguir lo que se proponen, de verdad que sí son increíbles,  pueden ser ignorantes, pueden ser rudos, pueden ser déspotas, pero lo que se proponen lo logran porque lo logran. He dicho.

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