Creyó que era una broma de mal gusto el día que su cuenta de Facebook fue hackeada pero Antonio nunca reparó que empezaría la pesadilla de su vida: Dos años de acoso y difamación que lo llevaría a un punto de quiebre personal y laboral.
El joven egresado de Medicina ejerce su profesión en un municipio del sur del estado que por obvias razones no citaré ni tampoco su nombre real para no comprometer el caso, sin embargo me autorizó publicar la historia para que otros conozcan que bajo el anonimato cualquiera pueda destruir en redes sociales la reputación de una persona.
Más artículos del autor
Ver su fotografía sobrepuesta en la imagen de un cuerpo desnudo acostado con una mujer, y en el mensaje acusándolo de deshonesto no tenía lógica porque en ese entonces mantenía una relación sentimental con una compañera de universidad. Al paso de las semanas, los ataques fueron recurrentes y decidió cancelar su cuenta en Facebook.
Antonio se describe como independiente pero integrante de una familia que lo ha apoyado en sus decisiones académicas y personales; sin embargo el hostigamiento a su persona ha trastocado la relación con su mamá, quien según me dice, su hijo se volvió introvertido una vez que el problema creció como bola de nieve.
Sin cuenta en Facebook ni en ninguna otra red social, el acoso se trasladó a cuentas falsas donde aparece su nombre y fotografías que en su momento compartió en internet. Aunque los insultos nunca fueron respondidos los señalamientos a este joven de 29 años de edad invadieron su ámbito profesional; afectaron su relación de pareja y le han provocado inestabilidad emocional.
¿Quién es y por qué lo hace? se pregunta Antonio desde el 2012 cuando comenzó esta persecución, aparentemente sin sentido. Los mensajes denostando su persona y profesión llegaron a la red social de su actual jefe, quien conocedor del caso ignoró las acusaciones de infidelidad que involucraban a su esposa.
La o el acosador ha tenido el tiempo de cambiar en 26 ocasiones el número telefónico desde donde envía las advertencias de que es un "hombre vigilado y jamás lo dejará ser feliz". Antes de concluir la relación con su novia, ella también fue víctima del hostigamiento, las dudas y el mal momento sepultaron los planes que estaban construyendo como pareja.
A partir de ese rompimiento Antonio no ha querido establecer otro noviazgo hasta acabar con este embate psicológico. En la compañía telefónica fue inútil el intento de rastrear el origen de las llamadas y en el Ministerio Público le indicaron que eran remotas las posibilidades de proceder legalmente porque no había ni siquiera un sospechoso o sospechosa. De la Policía Cibernética tampoco ha obtenido mayores resultados, únicamente el bloqueo de su perfil en Facebook.
La historia de Antonio suena a despecho pero insiste en que desconoce la causa de la intimidación; no siente haber ofendido a alguien para merecer el maltrato público. Su caso está en manos de abogados y espera que el autor o la autora de esta campaña de desprestigio pague ante la ley por dos años de infelicidad e incertidumbre. Difícil anticipar conclusiones de una agresión que pudo haber sido creado por "amigos" o desconocidos.
Frente a los delitos cibernéticos es importante que las autoridades fortalezcan campañas de información, orientación y apoyo a las víctimas ya que los acosadores no reparan en las consecuencias legales posibles. En redes sociales cualquiera insulta y lastima, por eso es importante seleccionar el grupo de amigos y no comprometer la reputación con fotografías o videos que puedan ser utilizados dolosamente.
Los expertos señalan que la violencia aumenta en la medida que se reduce la brecha digital. Actualmente más de 53 millones de personas tienen acceso a internet y eso multiplica el número de delitos. Cualquiera con acceso a la red, 24 horas al día, 7 días a la semana puede convertirse en victimario o víctima.
Necesitamos en México atender este problema creciente y cotidiano para evitar que la violencia digital se vuelva costumbre.
Mi cuenta en Twitter @estradapaty