Es estas escasas fechas, muchos mexicanos visten los trajes regionales de nuestro país, se ponen algún accesorio personal (sombreros, rebozos, corbatillas, listones, etc.), visten a los niños con ropa de origen mexicana, cocinan y consumen platillos mexicanos, ponen a todo volumen canciones de mariachi, toman tequila y mezcal y gritan al unísono: ¡Viva México!. Todo en honor al inicio del movimiento de Independencia en nuestro país.
En estas fiestas patrias, la cultura, identidad y la memoria están fuertemente vinculadas y son motivo para rescatar, en mayor o menor medida, lo que nos identifica como mexicanos.
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Mi amigo Cristóbal Ramírez Macip, Director y Coreógrafo del Ballet Folklórico BUAP-CCU, se ha convertido, junto con otros profesionales del teatro y la música, en incansable promotor de la identidad, de la cultura y de la memoria.
En este mes promueven, entre otros más, el espectáculo “Mexicanerías”, trabajo interdisciplinario que involucra teatro, música y danza en el que se presenta de manera vinculada la negación de quien no valora la cultura mexicana con la riqueza y la variedad folklórica de nuestro país en una travesía. Utilizan como recurso escénico un corrido, mediado por los bailes y danzas de nuestro folklor. Esta travesía incluye Yucatán, Veracruz, Puebla, estado de México, Michoacán, Jalisco, Nuevo León, la poesía “México creo en ti” para cerrar con el tradicional Jarabe Tapatío.
Tienen además, fechas ya programadas para sus puestas en escena: “Mi México” (18 de septiembre), “Mexicanerías” nuevamente (21 y 22 de septiembre), “Encuentro Nacional Universitario de Baile Folklórico en pareja” (8 y 9 de octubre), “Bajo el Cielo de los Dioses” (23 y 27 de octubre), “Nostalgias de mi Pueblo” (6 de noviembre) y “Bailando con la Orquesta” (17 y 19 de noviembre).
En la presentación de “Mexicanerías”, encontramos una telaraña de significados representados en las actitudes, el lenguaje, la música, la letra del corrido, las representaciones, los vestuarios, los pasos, las costumbres, las tradiciones etc. que culturalmente impactan de diferente manera en cada uno de nosotros porque : “no existe cultura sin sujeto ni sujeto sin cultura”.
Hace ya casi un año viajé a Corea, a invitación de Faviola Rojas Díaz del grupo Folka, México. Proyecto de folklor femenino incluyente con mujeres de todas las edades, estatus y profesiones para que compartieran sus experiencias a través de la danza. Este grupo fue invitado a representar a México en un festival de bailes y danzas. Fue una experiencia maravillosa donde conocí otras culturas y otros países y en donde me sentí orgullosa de mis raíces, de mi cultura e identidad, esa identidad que tiene que ver con la idea de lo que tenemos, quiénes somos y quiénes son los otros.
Las costumbres, tradiciones, fiestas populares, la comida etc., también son muestra de la cultura, la identidad y la memoria, dado que tienen significados ampliamente compartidos por los individuos y relativamente duraderos dentro de un grupo o de una sociedad.
Para que puedan denominarse culturales, los significados deben contar con una relativa estabilidad y no deben entenderse como algo homogéneo. Pueden compartir estabilidad y persistencia con movilidad, además de cambios individuales o de grupo.
Por eso es diferente la manera particular de celebrar estas fiestas, aunque se circunscriban a un festejo colectivo. La cultura es la fuente de la identidad, la identidad sentida, vivida y exteriormente reconocida por los actores sociales que interactúan entre sí en los más diversos campos.
¿Por qué celebramos tanto estas fiestas? Porque efectivamente, a través del tiempo social y familiarmente hemos construido una cultura con significados ampliamente compartidos por buena parte de los mexicanos y que se han acumulado a través del tiempo.
Los marcadores culturales pueden variar con el tiempo y no son la expresión simple de una cultura preexistente heredada en forma intacta de nuestros ancestros, es decir, es con el desarrollo de la memoria que se realiza un verdadero trabajo sobre el pasado, un trabajo de selección, de reconstrucción y, a veces, de transfiguración y hasta de idealización.
Lo que nos distingue entonces, es la cultura que compartimos con los demás a través de nuestras pertenencias sociales, así como el conjunto de rasgos culturales particulares que nos definen como individuos únicos, singulares e irrepetibles. La identidad tiene su origen en la cultura y la memoria como representación social compartida es el principal nutriente de la identidad, resultado de cómo nos vemos y cómo nos ven los demás.
Podemos identificar que nos distinguimos de los demás entre otras cosas por los atributos, el estilo, la red personal de relaciones, por aquellos objetos entrañables que tenemos, pero sobre todo, por nuestra historia de vida.
Así entonces, habrá celebraciones de todo tipo y los colores, los sabores, los símbolos, los sonidos inundarán los espacios tricolores, donde cada mexicano, cada familia, cada agrupación, cada comunidad festejarán estas fiestas, para que, pasando estos dos días, la normalidad cotidiana vuelva a presentarse, con todos su retos y su complejidad.