La movilidad en la ciudad de Puebla es cada vez más complicada. El crecimiento del parque vehicular, las deficiencias en el transporte público, la mala semaforización y la escueta cultura vial nos genera estrés diariamente.
Ejemplos varios: Micros compitiendo con micros, particulares discutiendo con microbuseros, semáforos en avenidas principales que duran a penas lo necesario para desahogar el tráfico vehicular, peatones sin usar puentes, baches que dañan autopartes, ciclistas agredidos o agresivos, dobles filas, conductores (as) impacientes y, lo peor, borrachos o borrachas imprudentes.
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En los últimos meses hemos visto accidentes dramáticos en la ciudad de Puebla y zona conurbada; lamentablemente el exceso de velocidad y el alcohol -que son dinamita pura- han arrebatado la vida de terceras personas; lo que comprueba que quienes manejan bajo esas condiciones les importa un comino los programas de alcoholímetro, conductor (a) designado (a), foto multa, etc...
El problema no es que un hombre o una mujer alcoholizados desvaloricen su vida, deshagan el auto contra un muro de contención y obliguen a sus familias a vivir la pena de un "funeral adelantado" sino que se vuelvan en asesinos (as) potenciales. ¿Qué culpa tienen los demás de un acto imprudencial?
Al año en México se registran más de 24 mil muertes, según datos de la Organización Panamericana de la Salud, colocando al país en el séptimo lugar mundial en muertes por percances automovilísticos. De cada 10 víctimas, ocho son hombres y dos mujeres. De cada 100 personas muertas, 65 son conductores, conductoras, pasajeros y pasajeras; 30 son peatones, cuatro motociclistas y una persona es ciclista. Según la Asociación Civil de Víctimas de Violencia Vial, accidentes de tránsito son causa principal de muertes en niños y niñas de 5 a 14 años y la segunda en edades de 15 a 24 años.
Es cierto que nadie escapa a un accidente porque es multifactorial -una falla mecánica, un problema de salud, una distracción, un semáforo descompuesto, etc... -pero manejar ebrios (as) es una falta de conciencia que comienza en casa cuando padres y madres de familia toleran el quebranto de las reglas internas.
Lamentablemente es más fácil romper que cumplir los horarios de fiesta y el buen comportamiento durante una noche de diversión. Prohibir no siempre da buenos resultados, así que es mejor prevenir sobre los riesgos de ingerir alcohol irracionalmente. Yo diría explicar, argumentar y no imponer, mucho menos con regaños, gritos o golpes.
Sobra decir que la madurez no se adquiere dentro de un antro y si bien las etapas de adolescencia y juventud han sido ligadas a "pasarla bien" éstas se han traducido en desobediencia, libertinaje, excesos. Por eso vemos lo que vemos.
Mamás y papás necesitan sembrar conciencia en sus hijos e hijas... La vida es tan frágil que puede acabar a la menor provocación. Un percance vial puede dejar secuelas permanentes. No hay necesidad de llegar al filo de la navaja para dejar conductas irresponsables. Lo mismo deberían pensar los dueños y personal de antros, bares y restaurantes cuando el o la clienta impertinentes piden tragos, tragos y más tragos ¡No todo es dinero en esta vida!
Por su parte, las instituciones de gobierno podrían ser más rigurosas en la entrega de las licencias de conducir. No hay exámenes prácticos ni psicológicos que reduzcan los riesgos de accidentes vehiculares. Sacar una licencia es tan fácil como comprar chocolates en la tienda de la esquina. Disminuir accidentes no sólo abarca aumento a restricciones y/o sanciones contra los automovilistas, falta mayor sensibilización sobre el respeto a la vida y mantener las campañas publicitarias de que manejar en estado de embriaguez es como jugar la ruleta rusa.
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