“No basta arrepentirse del mal que se ha causado, sino también del bien que se ha dejado de hacer” Joseph Sanial-Dubay
La indignación de una sociedad cansada de escuchar promesas electorales y comprobar trayectorias deshonestas presta oídos sordos ante la petición de perdón de cualquier funcionario público , mucho más si este goza de innumerables actos fallidos de actuar con justicia, cautela y prudencia en beneficio a las personas que representa dentro y fuera de su nación, causa descontento el escuchar palabras que resultan del cálculo de repercusión electoral y no de la reparación del daño aplicando justicia.
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Para nadie es sorpresa escuchar a nuestros representantes públicos pedir disculpas por situaciones que la misma sociedad investiga y reclama, por omisiones cometidas, por injusticias,inclusive por falta de interés de solucionar problemas que le competen, normalmente se encuentra una excusa y presuntos culpables, deslindando en todo momento la responsabilidad en terceros; cuando es evidente, argumentada y exigida la falta, sólo entonces, será reconocida, por supuesto después de asesorarse con sus respectivos consejeros y , si se puede, utilizándolo como estandarte de humildad, humanizándo la acción y recordándonos que todos cometemos errores, sólo que éstos errores afectan a una nación.
El pedir perdón no repara el daño, es sólo una expresión cuando ya no se puede eludir la responsabilidad, pedir perdón se expresa a una sociedad sin esperar su respuesta aprobatoria, sólo se expresa y con eso queda establecida la humildad del mandatario, éste perdón no implica arrepentimiento ya que si existiera éste no se volvería a cometer el daño y se buscaría por cualquier medio resarcirlo.
Todos conocemos el “perdón” de nuestro Presidente:
“Pido perdón por la casa blanca, cometí un error. Este error afectó a mi familia, lastimó la investidura Presidencial. Les reitero mi sincera y profunda disculpa por el agravio que les causé.” Enrique Peña Nieto.
Tiempo después conocemos la existencia de una nueva propiedad, su perdón quedó en el aire, la sociedad nunca lo aceptó y por supuesto ahora menos, el perdón es para los amigos, la pareja y la familia, pero no para la política en donde el único perdón sería dimitir. Aun cuando para un político es difícil pedir perdón pues denota debilidad, falta de firmeza, y mala visión para actuar, es lo más conveniente pues lo reconcilia con la sociedad y recupera liderazgo, por supuesto si no se vuelve a equivocar, o vuelve a mentir u omitir.
Nuestro Presidente de México Enrique Peña Nieto se suma a varios personajes que han pedido perdón como Bill Clinton, José María Aznar, el Rey Juan Carlos I, Mariano Rajoy, Jordi Pujol, Tony Blair y Barack Obama.
Los japoneses no soportan traicionar las expectativas de los demás por lo que utilizan diferentes formas de expresar su arrepentimiento:
El esahku con inclinación de 25 grados y significa “perdón, fue error mío”
El keirei un poco más pronunciada la inclinación y sostenida quiere decir “si la he perjudicado, no volverá a pasar”
El saikeirei inclinación de 90 grados “perdón por una falta grave”
El dogueza poniéndose de rodillas en el suelo, inclinando su cuerpo hacia adelante con las manos en el suelo y la cabeza apoyada en las mismas significa “la ley puede castigarme, pero no podrá arreglar lo arrepentido que estoy”
Me pregunto cuál de estas reverencias sería la adecuada para nuestro Presidente.
Los servidores públicos necesitan ser y actuar como dignos representantes de aquellos que los han elegido, pesa sobre ellos la responsabilidad de ser éticos y honestos y en nosotros el exigírselos, movamos conciencias y exigencias, veamos más allá de la petición del perdón y de sus fines políticos.
“El que se humilla, vence” cita un refrán japonés.