Justo cuando el presidente Enrique Peña Nieto cuestionó a aquellos que ‘‘nos inundan o nos quieren inundar con malas noticias, sin tomar en cuenta los avances alcanzados’’, se muestra una realidad que es como una ciclón que está acabando con vidas, derechos y esperanzas de ver un país en paz y libre de violencia, corrupción e improvisación en el arte de gobernar.
Y a unos días de que concluyan los juegos olímpicos de Rio 2016, México se encuentra en el lugar número setenta y uno del medallero olímpico, con sólo una medalla de bronce, obtenida por el boxeador originario del estado de Chihuahua, Misael Rodríguez, deportista que por la falta de apoyo de las autoridades deportivas tuvo que botear para poder hacer el viaje a Brasil.
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Esta adversidad deportiva no es de los deportistas que nos representaron en Rio de Janeiro, para ellos, todo el reconocimiento por su disciplina, esfuerzo y preparación por competir en un certamen global del deporte, donde se dan cita los mejores del mundo. El fracaso es del actual gobierno federal y del sistema político que prevalece en el país, donde la visión neoliberal ha deteriorado el derecho al desarrollo, considerado como derecho humano, y el deporte es parte integrante de esta serie de derechos.
Tal vez una de las razones fundamentales que explican este fracaso deportivo sea el que, en nuestro país, nuestros gobernantes no reconocen al deporte, la educación física y la recreación como políticas de prioridad nacional. Y ahí están los resultados negativos de Rio de Janeiro, por no hacer realidad que la educación física y el deporte, sean parte integrante y elemento esencial del derecho a la educación y del proceso de educación permanente. Además hay que recordar que la educación física y el deporte constituye un derecho humano fundamental y un factor esencial del desarrollo humano, y por lo tanto los gobiernos deben tomar medidas concretas para aplicar, entre otras cosas, la Carta Internacional de la Educación Física y el Deporte de la UNESCO, situación que está muy lejos de aplicarse en el México de las malas noticias y de los contrastes sociales.
El deporte en la actualidad es una herramienta de comunicación masiva de aptitudes, valores y logros con grandes repercusiones sociales, culturales y hasta políticas y económicas. Sin embargo el espectáculo deportivo instaura unos ideales que se introducen en el tiempo de ocio de las personas posibilitando que puedan olvidarse de su cotidianidad. Este hecho se convierte en una forma de alienación social y en un medio de opresión que controla a las masas y las entretiene, procurando abstraerlos de los problemas sociales, regulando y orientando las capacidades críticas.
De esta forma se erige un poder que tiene el deporte como espectáculo competitivo y como estructura autoritaria avalada por la relevancia política, económica y social que se le otorga por parte de quienes han comercializado esta actividad física. Nos encontramos pues, ante una sociedad fragmentada, que concibe el deporte como un sistema utilitarista sin otros valores morales que no sean el poder, la posesión y la dominación en la civilización del dinero; lo deportivo se desmoraliza como ideal humanista atendiendo al individualismo como factor de movilidad del sujeto-persona.
Por otro lado vivimos en un mundo muy mediatizado por las modas y los convencionalismos, es decir, imitamos lo que vemos sin trascender en las consecuencias o más bien en los efectos de nuestros comportamientos y como ocurre con todo en la vida: “Si no piensas, pensarán por ti”. Así que reconocer las malas noticias, es dar la razón a esa realidad que reclama un cambio de rumbo en la conducción del país, donde lo deportivo también sucumbe al igual que otros derechos sociales.