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OPINIÓN

¿La educación es gratuita en México?

La educación pública:: ¿gratuidad al estado o derecho humano fundamental?

Oscar Barrera Sánchez

Doctor en Ciencias Sociales y Políticas por la UIA. Comunicador y filósofo por la UNAM y teólogo por la UCLG.

Miércoles, Agosto 17, 2016

El artículo 3º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece en la fracción IV que: “Toda la educación que el Estado imparta será gratuita”. Pero, ¿qué se ha entendido como gratuita? ¿qué implicaría la gratuidad en la educación para el estado? ¿qué implicaría este mismo sentido de gratuidad para las madres y padres de familia? Aunque en el discurso oficial, jurídico y popular se considere que en México se cuenta con una educación “gratis”, esto es incorrecto. La educación pública en México cuesta y está pagada día a día con el trabajo formal e informal, remunerado y no remunerado de hombres y mujeres.

Sin embargo, los grupos políticos en el poder han construido históricamente un sentido de dádiva de quienes ocupan los cargos de elección popular o pertenecen al gabinete del mandatario público como una donación que sale de sus bolsillos para el bienestar de todos. La educación cuesta y es pagada por la clase trabajadora.

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La Real Academia Española (RAE) menciona que la gratuidad es la: “Cualidad de gratuito”, mientras que gratuito significa: “De balde o de gracia”. El origen de esta palabra, mediada por el francés, es la voz latina medieval gratuitas, que es traducida como “favor”. Esto quiere decir que la educación es una gracia o un favor que hace una entidad para otra entidad. Entonces, ¿quién es la entidad que hace un “favor” a la población para su formación o educación? Según lo establecido por la Constitución es el estado. Pero, ¿la impartición de educación es un favor? No, la educación es un derecho y un derecho fundamental, es decir, con el que se nace, no se transfiere ni se pierde y es universal: es un derecho humano.

Sin embargo, la gratuidad como ejercicio de la palabra-concepto donada por el estado implica la gratitud, es decir, el: “Sentimiento que nos obliga a estimar el beneficio o favor que se nos ha hecho o ha querido hacer, y a corresponder a él de alguna manera”. El binomio gratuidad-gratitud ha servido al estado y a la clase dominante para ejercer un tipo de poder simbólico, pero también fáctico sobre las conciencias de los diferentes sujetos implicados directa e indirectamente en el fenómeno educativo. Sin embargo, habíamos establecido que la educación es un derecho y no un favor, por lo tanto, ¿debe darse una correspondencia a ese derecho? Si es así, ¿a quién se debe corresponder? En este sentido, el binomio gratuidad-gratitud adquiere sentidos diferentes según la posición histórica, política, económica y social de los sujetos (individuales y en colectivos o clases) y el compromiso ético con el grupo, la patria, la nación y la humanidad.

Mientras que para la clase dominante la retribución debería ser económica y esto se reflejaría en la especialización del trabajo en favor de los empresarios, para la clase trabajadora implicaría una devolución a la patria, es decir, al desarrollo armónico de “todas las facultades del ser humano y fomentara en él, a la vez, el amor a la patria, el respeto a los derechos humanos y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”, curiosamente, esto es lo establecido en el tercer artículo constitucional.

Para el neoliberalismo el precepto constitucional es inviable, al menos por dos motivos: el primero, la inversión en gasto social es contraria a los fundamentos ideológicos del modelo capitalista neoliberal, y segundo, estado y empresarios deben, además de gastar los menos posible en educación pública, obtener resultados económicos lo antes posible. Esto fue establecido por el premio Nobel de Economía 1979, Theodor Schultz. La teoría del capital humano entraría en la educación como ideología del modelo neoliberal.

Este modelo es el que ha imperado en los últimos años en México y gran parte del orbe. Por lo tanto, el sentido del binomio gratuidad-gratitud ha adquirido en el discurso gubernamental, institucional y mediático un sentido de devolución-deuda-compromiso de los educandos y los padres de familia no con la patria, sino con el estado, lo cual hace que la noción de educación como derecho humano se difumine, ya que el respeto y el goce pleno de estos derechos no necesitan ser agradecidos. Este planteamiento es tan absurdo éticamente, como tener que gratificar al estado por cumplir con sus obligaciones de hacer calles, iluminarlas, dotar de servicios básicos a la ciudadanía.

Pero, ¿qué pasa con la gratuidad educativa? Lo primero que debería pensarse es que la educación impartida por el estado, la cual es obligatoria, no es un favor y, por lo tanto, no debe existir ningún tipo de retribución a los grupos políticos y económicos hegemónicos; no hay por qué aplaudirles el cumplimiento de sus obligaciones. Segundo, la educación “gratuita” está pagada con el trabajo de millones de personas en el país, a los cuales les es retenido como impuesto, como ganancia o plusvalía (sin que los empresarios paguen los impuestos obligatorios por el robo de la plusvalía), además del pago de impuestos (también de los retenidos) por la adquisición de mercancías y usos de servicios. Tercero, identificar que la educación no sólo es asistir a “tomar clase” en el aula, en una escuela.

El fenómeno educativo implica gastos de alimentación, transporte, material, libros, cuadernos, herramientas didácticas, así como capacitación docente, salarios dignos, respeto a derechos laborales e infraestructura escolar con el nivel de calidad requerido para logros cualitativos. Sólo hay que pensar en los gastos exorbitantes que devengan las listas de útiles escolares y que deberían ser cubiertas obligatoriamente por el estado y no como programas sociales usufructuantes política, económica e ideológicamente por los gobiernos y los empresarios.

La educación en México no es gratuita, cuesta y cuesta mucho. Por lo tanto, la exigencia del derecho pleno a la educación no es algo que se deba agradecer a un gobierno o a un grupo empresarial. El derecho a la educación no se ha cubierto de manera plena en el país, con ningún partido político en el poder, lo han violado sistemáticamente. No hay nada que agradecerle al estado, la educación es un derecho humano que se debe ejercer y no sentir deuda con nadie.

Picaporte

Quizá sea un poco más importante reflexionar sobre lo que pasa en el país y cómo éste está envuelto en un camino sin rumbo para la mayoría pobre, que pensar en que la delegación olímpica no gane medallas, a final de cuentas es parte de la misma situación.

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