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Viernes, 15 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El debate obligado sobre el Modelo Educativo

En las discusiones del modelo educativo, hay que escuchar a los maestros y pensar en los jóvenes

María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Sábado, Agosto 13, 2016

“El modelo educativo centralista de México

donde todo se decide desde un mismo escritorio,

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 ya se agotó. Centralismo y democracia no se

mezclan. Forzarlo es simularlo o estatizarlo”

Eduardo Andere

Los maestros están ya en las escuelas, bajo diversas circunstancias y con actividades diferenciadas que muchas veces dependen de las decisiones de los supervisores y directores escolares.

Pensé que en este tiempo antecedente a la puesta en marcha del ciclo escolar 2016-2017, se ocuparía para socializar la “Carta sobre los fines de la educación en el siglo XXI”, el “Modelo educativo 2016” y la “Propuesta curricular” dado que requieren de un análisis cuidadoso de parte de los profesores, porque son el fundamento de lo que se realizará en las aulas y en las escuelas de nuestro país.

Las escuelas y sus maestros tienen ante sí una sobrecarga de tareas que actualmente demanda el trabajo escolar: atención a alumnos, (preparación de clase, de materiales, planeaciones, proyectos, llenado de formatos etc.), participación en el consejo técnico escolar, atención a padres de familia, y la cantidad de actividades que se realizan cotidianamente y durante el ciclo escolar, por lo que, si no efectúan el análisis de estos documentos en este tiempo ya con el avance del periodo escolar, ese análisis necesario, se convertirá en una acción secundaria.

Se han venido realizando foros académicos con una mirada crítica de este modelo por investigadores educativos, así como diversas publicaciones relacionadas con el mismo.

En términos generales, se presenta una visión centrada en la escuela, en el alumno y en el aprendizaje con un enfoque para la vida, se utiliza lo que se planteó a finales de los noventas: el “aprender a aprender” y el reconocer que en el siglo XXI en la escuela no se puede enseñar todo aquello que se puede aprender. Una escuela abierta a la vida con un aprendizaje activo de los estudiantes.

Insisto en que es necesaria la revisión a fondo de estas propuestas en la que los planteamientos de los profesores son sumamente importantes porque según estos incluye una mejor selección de contenidos, siete ámbitos de aprendizaje (lenguaje y comunicación, pensamiento crítico, valores, desarrollo físico y emocional, México y el mundo, arte y cultura, y medio ambiente) con un nuevo énfasis en el desarrollo de valores y de habilidades socioemocionales; propone una pedagogía que favorece la autonomía del alumno mediante el desarrollo de la comprensión, el pensamiento crítico y las habilidades de investigación dando cierta autonomía curricular a las escuelas y articulando todos los niveles de la educación obligatoria.

Ya hay críticas importantes de diversos investigadores, como la de Roberto Rodríguez que argumenta “inconsistencias en el tratamiento de conceptos claves como “aprender a aprender” y “aprender a conocer”, así como el manejo desorientado de las competencias separadas de sus elementos constitutivos: los conocimientos, las habilidades, las actitudes y valores”. Afirma que: “Modelo Educativo 2016” parece más una respuesta a las críticas sobre el carácter político y laboral de la reforma educativa, que una apuesta suficiente y objetivamente fundamentada en favor del desarrollo del sistema educativo del país. Alejandro Canales por su parte escribe que: “precisamente, la forma de operar y el Sistema Profesional Docente son su principal impedimento. El dilema es si ahora retrocederá para avanzar o el modelo seguirá marchando a ninguna parte. Debiera rectificar y la consulta está abierta”. Por su parte, Pedro Flores Crespo, en cuanto a la participación social, plantea que: “El Modelo pretende formar niños y jóvenes que conozcan las reglas de convivencia, que aporten sus habilidades para el trabajo colectivo, que actúen con apego a los valores democráticos y que dialoguen para solucionar conflictos, pero ni los niños ni jóvenes están considerados como sujetos actuantes y con voz dentro de los Consejos Escolares de Participación Social”. Hugo Casanova afirma que: “Se encuentran grandes deficiencias en términos de contenido pedagógico, sin ideas claras, objetivos opacos y sin propósitos bien definidos”. En fin, estos y otros planteamientos se pueden consultar en las redes sociales.

Lo que yo pretendo destacar es que en este modelo los maestros: “son agentes capaces de discernir sobre la aplicación del currículo”, por lo que opino que sus voces deben de ser escuchadas, ya que se convierten en actores principales para su implementación.

Hace poco, leí un escrito (Butler) que llamaba a los maestros “custodios de la llama”, afirmando que cada ser humano nace con una preciada llama dentro de sí, referida al asombro y el potencial para comenzar y que extendida hacia adelante fomenta la curiosidad y reaviva la pasión. En la vida hay momentos en que esta llama es desafiada, tanto en el interior como en el exterior y que puede flaquear bajo presión o ser ahogada por inseguridades personales. Si bien los alumnos pueden llegar a tropezar, nunca estarán perdidos porque es ahí, en ese momento, en donde los maestros estarán protegiendo esas llamas como sus custodios a cualquier costo, junto con una familia atenta y cariñosa; compartiendo esa llama del aprendizaje que brilla fuerte desde adentro. Estos maestros conocen el corazón de sus estudiantes porque valoran todo tipo de inteligencia, los ayudan a escalar, más alto, más lejos y a lo largo del tiempo. Se adueñan de los desafíos a lo largo de su  misión aprendiendo y viviendo lo que hacen mejor. Los maestros por tanto, celebran los triunfos, protegen de las tormentas y mantienen esa llama brillante, encendida y cálida.

Así entonces, es hora de participar, maestros “custodios de la llama”, que con pasión (sostengo que la docencia tiene una buena dosis de ella), utilizan sus conocimientos, investigación, ciencia y arte para guiar las mentes y los corazones de los alumnos, adolescentes y jóvenes mexicanos. Si hay manera de mejorar los aprendizajes en las escuelas, una de las estrategias obligadas es escuchar la voz de los maestros, esas voces tan diversas que protegerán la llama interior de cada alumno, con el don de saber que pueden mantener cada espíritu brillando fuerte.

Escuchemos a nuestros maestros en la hora de imaginar y diseñar para que cada estudiante brille, atendiendo las emociones básicas de cada uno con curiosidad e interés por lo que siente y por lo que vive, tomando en cuenta las emociones que experimentan.

Si no los tomamos en cuenta, cualquier modelo, cualquier reforma no podrá concretarse. Por eso, maestros, hay que participar, para que sus experiencias y capacidades sean tomadas en cuenta dentro del debate obligado que nuestra educación requiere.

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