El estado de derecho ─ o lo quedaba de él─ está hecho trizas por la falta de valor del presidente de la república, Enrique Peña Nieto, para aplicar la ley a los profesores que desde hace tres años perjudican a centenas de millares de alumnos de educación básica al suspender ilegalmente la impartición de clases y, además, dañan la economía nacional con los bloqueos de carreteras y vías de ferrocarril que realizan diariamente con la finalidad de obligar al gobierno federal a derogar la reforma educativa.
Setenta y un días, transcurridos entre el 15 de mayo (día en que la CNTE reanudó y multiplicó sus bloqueos de carreteras en Oaxaca, Chiapas, Michoacán y Guerrero) y el 25 de julio, fueron suficientes para que el presidente de la república volviera a exhibir públicamente, por enésima vez, su temor para ordenar la inmediata apertura de todas las vías federales de comunicación que los delincuentes de la CNTE bloquean a su capricho.
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Con esta nueva muestra de debilidad, Peña Nieto acabó con los residuos que quedaban del estado de derecho.
Para normar y dar orden (dentro de los límites y términos que marca la ley) el comportamiento público de todas las personas y de todas las organizaciones sociales, políticas, empresariales y gubernamentales y de cualesquiera otras, es imprescindible la existencia del estado de derecho. Sin éste, jamás se restablecerá el orden en el país.
Una de las definiciones más usuales que se utiliza para explicar el concepto de estado de derecho, refiere que es aquel “que se rige por un sistema de leyes e instituciones” que reglamentan las actividades de la sociedad.
Sin embargo, cuando faltan poco más de dos años para que concluya el mandato constitucional del presidente Enrique Peña Nieto, en los estados de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán, así como en la Ciudad de México, las violaciones a la ley y el quebranto del orden público son cosa de todos los días del mes y de casi todas las horas del día.
Los cierres de carreteras en Michoacán, Guerrero, Oaxaca y Chiapas y el bloqueo de los accesos a los aeropuertos en las capitales de éstos dos últimos estados, se han replicado y multiplicado simultáneamente.
En el antiguo Distrito Federal, la oclusión de calles y avenidas también es el pan de cada día. Los problemas que ocasiona a la población esa actividad ilegal, son enormes.
Hoy, en esa importante franja del país, compuesta por las entidades federativas antes enumeradas, no se percibe la existencia del presidente de la república ni de los cinco gobernantes.
Peña Nieto, Aureoles Conejo, Astudillo Flores, Cué Monteagudo, Velasco Coello y Mancera Espinosa son figuras decorativas que se encuentran apostadas en las zonas geográficas del país, donde convirtieron la ley en letra muerta.
No obstante esto, Aureoles y Mancera tienen la desvergüenza de buscar la candidatura presidencial para 2018. Los dos por el PRD.
Silvano Aureoles lo hace de manera discreta, mientras Miguel Mancera está desbocado como caballo loco. A todo lo que hace, le imprime una finalidad electoral. Casi siempre con actitudes ridículas.
Como el programa social (¿?) que denominó Llegará a tu casa el médico en lancha (sic). Para que nadie dude que ese programa va en serio, Mancera anunció la compra de lanchas.
Desde luego que no es verdad que el bloqueo de carreteras y vías férreas tenga su origen en el interés ─supuesto─ de la CNTE en mejorar la calidad de la educación básica en el país. Si realmente lo tuviera no suspendería las clases y tampoco se opondría a la evaluación de los docentes.
Tras su objeción a la reforma educativa la CNTE oculta su pretensión de recuperar la totalidad de los privilegios y prebendas que le arrebató la reforma educativa. Como el manejo de plazas que le permitía venderlas, heredarlas y cederlas al mejor postor y a sus incondicionales y la comercializar los ascensos escalafonarios y los permisos para cobrar sueldo sin trabajar.
Los bloqueos de las vías de comunicación dejaron de ser manifestaciones de rechazo a la nueva legislación educativa, para convertirse en una estrategia de la CNTE encaminada a desestabilizar al gobierno federal.
Dentro de esa estrategia política, la oclusión de las vías del ferrocarril desempeña un papel de suma importancia, que en determinado momento y en determinadas circunstancias, puede ser decisiva para lograr ese propósito desestabilizador.
Por medio del ferrocarril se transporta la mayor parte de las importaciones y exportaciones del país que inciden en el desarrollo de la economía nacional. Cualquier evento que trastorne su flujo normal, puede repercutir negativamente en la productividad de la industria nacional e impactar el Producto Interno Bruto (PIB).
La semana anterior, la empresa ferroviaria Kansas City Southern (México), que transporta maquinaria industrial y productos automotrices, electrodomésticos, agrícolas, químicos, forestales, petroleros y minerales, junto con otras empresas, demandó la inmediata intervención del presidente de la república, Peña Nieto, para desbloquear las vías del ferrocarril que mantiene cerradas la CNTE.
“Las consecuencias de estos bloqueos son sumamente perjudiciales para el comercio nacional y la competitividad internacional”, afirmó KCSM.
Los bloqueos ferroviarios en cuestión, también afectan a las plantas automotrices japonesas Honda, Mazda Motors y Toyota, a las sudcoreanas Hyundai Glovis y KIA Motors, así como a la norteamericana General Motors y a las empresas nacionales Altos Hornos de México, Cemex, Grupo Villacero, la laminadora internacional Ternium y a la acerera española Arcelor Mittal.
La empresa ferroviaria mexicana Ferrocarril Mexicano (Ferromex), de igual manera, resulta afectada por los desmanes de la CNTE. Razón por lo que se pronunció en el mismo sentido que su homóloga Kansas City Southern, al insistir que ya es necesario que Peña Nieto tome las medidas pertinentes para terminar con los bloqueos ferroviarios promovidos por la disidencia magisterial.
No obstante esos justos reclamos empresariales, el presidente Peña continúa sin escuchar a nadie y sin enterarse de daños que ocasionan a la economía nacional esos bloqueos.
¿Hasta cuándo reaccionará el presidente de la república?
¡Esperemos que lo haga ─sí acaso reacciona─ antes que sea demasiado tarde!