Mi padre, después de tres intentos de cruzar el Río Bravo, en el año de 1986 por fin logró cruzarlo por la frontera de Laredo; un año después, por el lado de Tijuana, lo hizo uno de mis hermanos. En el estado de Puebla, cada familia mixteca tiene al menos un familiar migrante en los países del norte, y de acuerdo con las estadísticas, más de un millón de poblanos viven en Estados Unidos, siendo el estado de Nueva York en donde viven más poblanos, es decir, más de 600 mil paisanos. De igual forma, le siguen en orden de importancia Los Angeles, New Jersey, Chicago, Filadelfia, Dallas, entre otros destinos.
Lo anterior lo menciono debido a que la migración ha sido, desde la década de los 40’s, una de las más importantes opciones para miles de poblanos que, al no encontrar condiciones para sobrevivir en nuestro estado, en nuestro país, eligieron dejar sus pueblos y familias en busca de mejores oportunidades. Mi abuelo, Evodio Merino Gil, así lo hizo varios meses al año durante varios años.
Más artículos del autor
La migración es un fenómeno que, en la actualidad, registra un mayor desplazamiento a nivel mundial. Y esto se debe a algunas condiciones sociales como la economía, la inseguridad, el cambio climático, entre otras.
En la época prehispánica, la falta de agua fue una de las causas de la desaparición de algunas culturas como la Teotihuacana, ubicada en el centro de México, o la de los Mayas, en la Península de Yucatán, y esto es un claro ejemplo de cómo los factores climáticos modifican la estancia o supervivencia de la población en ciertas zonas o regiones mundiales. Actualmente, los cambios climáticos amenazan a aproximadamente 400 millones de personas en el mundo.
Este tipo de condiciones, como la disponibilidad de agua, está asociada muy fuertemente a la migración. Al no contar con el vital líquido para satisfacer las necesidades básicas, ni para la producción de alimentos o la obtención de ingresos, la gente busca en otros destinos las oportunidades que no encuentran en sus comunidades.
Sin embargo, las condiciones como inmigrantes no son fáciles. Nuestros paisanos se enfrentan a trabajos pesados en condiciones limitadas y horarios excesivos (desde el amanecer hasta el anochecer) y, si bien ganan comparativamente mejor, también los gastos son altos. Sus viviendas son modestas y con gran hacinamiento, aunado a ello, una parte importante de su ingreso lo envían para sus familias en México.
Puebla, el quinto estado a nivel nacional en cuanto a la captación de remesas, recibe un poco más de 2 mil millones de dólares de los casi 23 mil millones que recibe nuestro país cada año. Estos ingresos se destinan en un 85 por ciento a la compra de consumibles como alimentos básicos, una décima parte a construcción e inversiones fijas y, sólo un 5 por ciento, a inversiones que multipliquen los recursos. Estos datos nos demuestran que no hay educación financiera entre nuestra población y, por lo tanto, tampoco la tienen nuestros migrantes, con excepción de unos cuantos.
Sumado a todo esto, hace unas semanas nos enteramos del rechazo de la reforma migratoria por parte de los legisladores norteamericanos a iniciativa de su presidente Barack Obama. Este rechazo significa, entre otras cosas, el incremento del riesgo de deportación de nuestros connacionales.
Sin embargo, poco se ha hecho en nuestro país en caso de darse una eventual deportación masiva de nuestros paisanos, principalmente en lo referente a oportunidades laborales, mismas que se agravan en México por las condiciones económicas propias y globales.
Por ello, hace ya más de 15 años hemos venido proponiendo acciones productivas para que los que viven aquí no se vayan y los que están allá puedan regresar, si así lo deciden, en plazos no mayores a 5 años.
En el documento “Oportunidades de Inversión para Migrantes Poblanos”, el cual realicé en el tiempo que me correspondió ser Secretario de Desarrollo Rural del Gobierno del Estado de Puebla y Delegado de la Secretaría de Agricultura del Gobierno de la República, están relacionadas más de 50 opciones de proyectos exitosos de posible impacto económico regional.
En este texto no omito decir que se requiere invertir en infraestructura para la conservación y aprovechamiento del agua, carreteras y caminos, maquinaria agrícola, instalaciones para conjuntar volúmenes y procesar los productos, capacitación y asesoría técnica sobre prácticas productivas, sanitarias y de inocuidad y, obviamente, financiamiento y acompañamiento técnico para la comercialización.
Propongo criar peces, cultivar frutas finas como la manzana, el higo, la frambuesa, la zarzamora, las pitahayas, el lichi, las pitayas, más de 30 especies de diversas hortalizas, ganadería diversificada, cultivos especiales como la chía, el amaranto, la jamaica, la quinóa y el cultivo de maguey mezcalero.
Además, señalo que cultivos industriales como el bambú, plantas aromáticas y medicinales y toda la línea de productos orgánicos son ahora opciones que el mercado demanda.
La agricultura de conservación es ya una opción probada que aún está esperando ser parte de las políticas públicas de nuestros gobiernos.
Asimismo, se considera la necesidad de apoyar la tecnificación de la producción de maíz, café, cítricos, plátano, sorgo, cebada, huevo, carne de cerdo, pollo, conejo y ovicaprinos con métodos que permitan elevar su productividad.
No debemos nunca olvidar que la capacitación, la asesoría y el financiamiento son elementos básicos para el desarrollo socioeconómico de nuestras comunidades.
Los migrantes, sus familias y las población en general que están aquí lo necesitan, pero todo indica que no han estado en las prioridades de las políticas públicas de los gobiernos estatales. Atenderlos sólo con proyectos como Casas Puebla, Mi casa es Puebla o Bienvenido Paisano no ha sido ni remotamente suficiente.