El pasado 24 de junio, día en que se conmemora a san Juan Bautista según el santoral tradicional establecido por la Iglesia de Roma, la comunidad de antiguos alumnos de la “Compañía de Jesús” en la Ciudad de Puebla se congregó para homenajear a Pedro Ángel Palou, maestro de historia de innumerables generaciones de estudiantes.
Presentes el ex gobernador de la entidad, Melquiades Morales Flores, y el otrora alcalde de la Angelópolis, Marco Antonio Rojas Flores, y hombres de negocios prominentes de la talla de Emilio Maurer o de nuestro apreciado amigo Ricardo Menéndez Haces; en tanto que José Antonio Fernández Carvajal “El Diablo”, prominente capitán de industria en la vida empresarial del país, envío por escrito sus felicitaciones al homenajeado.
Más artículos del autor
Padre del novelista del mismo nombre, y amigo de mocedades de “quien esto prosa”, como dijera el poeta Cesar Vallejo, don Pedro ha sembrado pasión en sus alumnos por el estudio de nuestra historia a lo largo de los muchos años que ha dedicado a la enseñanza.
Pasión que, a su vez, le habría animado a forjar las conciencias de generaciones enteras de mexicanos, tal y como lo recordara en su alocución de homenaje Felipe Flores, quien por su parte recordaría asimismo a otro forjador de conciencias, y estrecho amigo de don Pedro como lo fuera su padre, el teniente coronel Felipe Flores Narro, figura fundamental en una etapa por demás álgida de la historia reciente de una importante región de nuestro país.
Don Pedro, en respuesta a los panegíricos recibidos y que encabezaría en primer lugar su amigo y colega Enrique Montero Ponce, contestaría en las palabras finales del acto llevado a cabo en su honor, que él no era en definitiva: “más que un golpeador de teclas, aprendiz de todo y oficial de nada”, peculiar oficio, éste de “golpeador de teclas” de más está decir, en la que el homenajeado ha servido de faro a alguno que otro de sus discípulos de mucho menor relevancia y prestancia que otros de los que han sido referidos en las presentes líneas, motivo por el cual se habría hecho acreedor a través del tiempo a gratitudes acaso silenciosas pero no por ello menos sinceras.